La gesta del 9 de octubre premisa indiscutible de unidad nacional

15 noviembre, 2011

Imagen La gesta del 9 de octubre premisa indiscutible de unidad nacional
La gesta libertaria del Nueve de Octubre de 1820 sacude nuevamente a los ecuatorianos por la trascendencia que adquiere cada día. Las grandes razones históricas que llevan a los pueblos a sacudirse de sus opresores no han sido superadas y las revoluciones independentistas como ésta no dejan de proporcionarnos enseñanzas. Algunos pueblos siguen luchando por su independencia.

Afortunadamente los hechos que llevaron a los guayaquileños a desalojar a los españoles han sido recogidos por la historia escrita lo cual nos ayuda enormemente a interpretar la historia desde el frío escalpelo de la ciencia.

Vamos a ver. En lo albores de 1800 todo el continente americano estaba en armas. Los guayaquileños habían aprendido a conspirar mejor que los de Quito, a decir del historiador Roberto Andrade.

El Libertador Simón Bolívar venía de triunfar en Carabobo, con lo que había conseguido la libertad de Venezuela; y con la victoria en Nueva Granada, la futura Colombia estaba también fuera de la égida de los españoles. Preocupado como estaba de que en el sur, especialmente en el Perú, las fuerzas realistas mantuvieran su dominio.

“Los antiguos hijos del Sol, los bravos quiteños, nos esperan con ansia mortal. Yo marcharé hacia aquellas regiones favorecidas del cielo, volando pasaré el Ecuador, y bien pronto saludaré a los libertadores del Perú” decía el Bolívar empeñado en extender la ola independentista a lo que es hoy el Ecuador, Perú y las demás naciones del sur.

Pero también vislumbra con sus palabras la posibilidad de hacer unidad con los otros libertadores y con esas palabras no hace sino referirse al general San Martín, quien estaba ya al comando de las tropas que derrotarían a los españoles en Argentina, Chile y Perú.

Una primera gran enseñanza: en el esfuerzo sobrehumano para liberar un pueblo, se unían los patriotas de otros países. Venezolanos, colombianos, argentinos, peruanos, unos en mayor número que otros; a ellos se unieron quiteños, cuencanos, lojanos y especialmente ciudadanos valientes de los alrededores de Guayaquil, todos en la gran campaña que daría como resultado la instauración de una pequeña región que mientras se dilucidase los recelos entre colombianos y peruanos, entre Bolívar y San Martín, permaneciese como independiente.

Y he aquí la segunda gran lección: antes que ser presa de los apetitos de comerciantes y hombres de negocios que querían Guayaquil para sí, los dirigentes de la insurgencia, después de esperar prudencialmente lo necesario resolvieron la anexión al Departamento del Sur de la Gran Colombia. Es decir, escogieron la creación de una patria que tenía antecedentes humanos y materiales que le daban identidad y le permitían alzarse con la impronta de la soberanía y la independencia.

Antes y después de la gesta del 9 de Octubre, no solamente intervinieron heroicos revolucionarios como Febres Cordero, Letamendi, Olmedo, Villamil, Antepara, Garaicoa, García, Urdaneta, Escobedo, sino muchos más, procedentes de toda la Presidencia de Quito, de los países vecinos y hasta de Europa, con lo que queda comprobado que en el sacrificio sublime de la libertad no importa donde se nace, sino donde se lucha, como diría un cura contestatario colombiano ciento cincuenta años más tarde.

Ahora todos los ecuatorianos hacemos nuestra la independencia de Guayaquil. Asumimos de manera inteligente la intensidad y los avatares de la gesta. Es decir lo que aquellos hombres debieron decidir y obrar en medio de la vorágine de los aventureros, de los colonizadores, y fatalmente, de los divisionistas que hicieron mucho daño al sembrar la cizaña del regionalismo, cuya espesa manta sacude de cuando en vez la política y hasta el deporte del Ecuador.

La primera y fundamental misión es trabajar por la unidad de la patria y eso quiere decir luchar por los grandes objetivos comunes de la libertad, la justicia, la soberanía, porque ahora que tenemos los modernos lagartos del neoliberalismo y la globalización nos corresponde estudiar nuestra historia, leer a nuestros historiadores, esforzarnos por usar la ciencia para entender el pasado y preparar el futuro.

 Por: Dr. Marco Villarruel Acosta

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