Lucro, mérito y sociedad: la protesta por educación pública en Chile

24 diciembre, 2011

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La realidad educacional en Chile ha develado sus grietas, las viejas y las nuevas heridas se han hecho evidentes. La segregación espacial que vivimos en las grandes ciudades chilenas se expresa también en todos los servicios sociales, mercantilizados desde la década de los 80, y encerrados en la lógica del lucro privado y de una competencia desabrida que ha demostrado su ineficiencia en cumplir las promesas de calidad que justificaban la acción de descompromiso estatal, promocionada tan ávidamente por los equipo neoliberales de la dictadura militar (1973-1990).

Una siniestra sociedad anónima Desde los inicios de la República de Chile se ha escuchado la defensa del mérito como energía movilizadora de la sociedad. La escuela se erigió como institución social que  mejor permitía “reconocer” los esfuerzos individuales, y en virtud de ellos generar las recompensas “justas” para cada uno. Sin embargo, en esos comienzos republicanos no estaban considerados indígenas, pobres, mujeres, ni personas con necesidades educativas especiales, entre otras.

La ideología del mérito ha tenido desde su origen una fuerte correlación con la posición económica de las familias, y me atrevo a decir, que hoy eso sigue siendo así.

El hecho que hoy el 56,7% de los/as estudiantes de Chile estén asistiendo a algún tipo de escuela privada –sea o no con subvención estatal–, y que el 100% de los estudiantes de educación superior tenga que pagar cifras altísimas para asistir a instituciones de educación superior –más de 5 mil dólares al año como promedio-, habla de una distorsión que nos separa radicalmente de los países llamados “desarrollados” y de los considerados “en vías de desarrollo”.

En este sentido, coincido con el planteamiento de la OCDE (2009) cuando observa la inexistencia de oferta pública (gratuita) en educación superior en Chile. Las universidades del llamado cruch (Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas- no son públicas debido al esquema de financiamiento que las asfixió, y aparecen hoy entregadas a dinámicas de venta de productos a la empresa privada.

El mismo Estado  chileno, desde su secuestro en la década de los 80, ha preferido transformar el sistema educativo –considerado como una “isla de socialismo” según Milton Friedman- en una serie de entidades atomizadas anti-democráticas que compiten en el mercado.

Escuelas e Instituciones de Educación Superior deben desplegar estrategias de marketing para la atracción de clientes e inversionistas para crecer y aplastar al rival. La consecuencia más evidente ha sido el debilitamiento de lo público. Los gobiernos de la Concertación3 no pudieron (¿ni quisieron?) detener esta oleada privatizadora, convencidos en que mantener un gasto “moderado” en educación era una forma adecuada de sostener una “buena imagen país”.

Siguió pensándose durante los gobiernos democráticos que si las familias podían pagar (endeudarse), entonces no había razón para detener su interés por el pago por el servicio educacional de sus hijos e hijas. estudiantes en las calles en 2006 y miles este 2011, reclamando por un simple hecho: En Chile la Educación se convirtió en una Mercancía. Si los estudiantes avanzan en el sistema educativo según la capacidad de compra y endeudamiento de sus familias, si ellos y ellas quedan amarrados por las altas tasas de crédito. ¿dónde queda entonces el discurso del mérito? El mérito es un discurso seductor para nuestras clases medias, siempre lo ha sido.

Éste promete que nuestros/as hijos/ as tendrán un “buen ambiente” (que no es más que clasismo trasnochado), y que la calidad será buena. aprenderán inglés y tendrán buenos resultados en el SIMCE de lenguaje y matemáticas. Una sociedad no depende de los éxitos de unos pocos que triunfan en base a su mérito adquirido con créditos bancarios –y de su reverso: el fracaso escolar masivo-  sino más bien de la capacidad de conjunto para enriquecer el grupo social como un todo. ¿Sociedad docente o Estado docente? Recientemente el Presidente de Chile ha defendido en varias ocasiones un cambio conceptual para oponerse a la propuesta de recuperación del rol estatal en educación.

Ha propuesto reemplazar la idea de un Estado Docente por el de una Sociedad Docente.

Así como es discutible que Chile tuviese en algún momento de su historia un Estado benefactor, también lo es la idea de un Estado docente. Es innegable que las políticas educacionales del siglo xx avanzaron hacia un mayor protagonismo del Estado.

En este sentido, el logro recién en 1964 de una reforma educacional significativa nos habla también de las graves dificultades políticas para enfrentar las resistencias de los sectores más conservadores para asumir un proyecto de país que se haga cargo de la educación de su pueblo. El proceso de discusión de la Escuela Nacional Unificada – ENU– durante la Unidad Popular (1970-1973), vilipendiado por la derecha política y los medios de comunicación de la época que lo acusaban de querer promover la formación marxista en las escuelas, se proponía un escenario más desafiante en la relación Estado-Sociedad.

Por una parte, buscaba superar la segregación histórica del sistema educacional, que implicaba que el avance en el sistema escolar dependía del origen socio- conómico de las familias; por otra, generar mecanismos de control ciudadano de las escuelas, donde familias, trabajadores, y comunidad en general participara de la gestión de las escuelas, en una clara aspiración democrática; y por último, establecer vías expeditas de comunicación entre las diversas opciones educacionales, lo cual nos habla  de un intento de dar racionalidad y flexibilidad al sistema, enfocándose en el camino de cada estudiante, y no en los privilegios de clase.

La enu, el viejo proyecto perdido en las sombras de la historia, nos hablaba de la posibilidad de acercar Estado y Sociedad en un afán docente, sin perder de vista que el cuerpo pedagógico eran los profesores formados para dar realidad a una aspiración de democracia en todas sus facetas.

El Estado democrático no tiene sentido si no hace referencia a la Sociedad, si no es capaz de encarnar sus anhelos de justicia. Cuando escuchamos intervenciones audaces que nos proponen una nueva utopía, que es el establecimiento de una Sociedad Docente que supere al Estado Docente, ¿qué es lo que nos están diciendo en los subtítulos? Claramente no nos están hablando desde el rechazo marxista al Estado, por ser éste una herramienta de control de las clases dominantes hacia el proletariado, sino que más bien nos habla del lugar marginal que es dado al Estado dentro de la ideología neoliberal, que busca una injerencia mínima de éste sobre los  ontratos sociales (ya no se habla más de un gran Contrato Social).

Entonces cuando las autoridades políticas hablan de “Sociedad Docente” en realidad nos están hablando de un mundo fragmentado de intereses, liberado a las regulaciones  articulares, donde todos somos responsables (y ninguno a la vez), en el marco de la libertad de elección –asociado al mal llamado “poder” de compra– que revela el paradigma empresarial privado predominante. En esta ideología de la  ociedad Docente –entiéndase Mercado Docente- se buscaría la eliminación de aquel profesor/a vinculado/a a un compromiso social estatal.

A salvar el año ¿Y cómo se vislumbra la salida a este conflicto de visiones de mundo? Luego de la nueva campaña del Ministerio de Educación llamada “Salvar el año” –utilizando, dicho sea de paso, fotografías de alumnos sin autorización– se ha anunciado recientemente que más de 70 mil alumnos escolares han perdido el año, tendrán que repetir. Las innumerables presiones del gobierno al movimiento estudiantil son un vivo reflejo de la capacidad de respuesta que ha tenido el estrato político en Chile en relación a las demandas sociales por un Estado activo.

La Carta Constitucional de Chile nos dejó un Congreso que ha tendido a asfixiarse en los mismos aires durante estos 21 años de democracia binominalista 4. Allí sin control ciudadano posible, porque reaccionan diciendo que siendo elegidos popularmente pueden legislar según sus convicciones personales, se han dedicado a apagar focos de incendios sociales por aquí y por allá, defendiendo la finca política que “el sistema” les ha entregado.

Más de cuatro meses ya han pasado de conflicto educacional en Chile y el Ministerio de Educación no es capaz de lanzar una política de mediano plazo. Cuando las grandes mayorías de Chile –aquel 80% que evalúa mal el actuar los partidos políticos, el poder ejecutivo y el Congreso Nacional–,  se plantean a favor de romper con la estructura educacional heredada de la dictadura, y buscar al fin reformas sustanciales que promuevan la reconquista del sistema de educación pública, la visión ministerial apunta apenas a intentar que los alumnos/as no repitan. Energía mal gastada. La mejor forma de salvar el año es salvar la educación.

El Congreso Nacional tuvo la oportunidad histórica de haber legislado a favor de los principios de gratuidad, negación del lucro, derecho a la educación, todo esto entres el 2006 y 2007. Sin embargo, el Consejo Asesor Presidencial terminó quebrado por la defensa privatizadora encabezada por el mismo José Joaquín Brunner, quien participó activamente para transformar aquel progresista primer informe de septiembre de 2006, para proponer un documento decepcionante en diciembre de ese mismo año.

Luego el Ministerio de Educación avanza en cierto modo a establecer una propuesta claramente con vocación pública, sin embargo rápidamente, y como siempre se ha hecho, aparece un proyecto alternativo inconsulto con la ciudadanía por parte de la derecha, que entra a dialogar en igualdad de condiciones con el proyecto de gobierno. Resultado…: consenso de frankisteano.

¿Y de qué sirvió un proceso social de concientización como el de la Revolución Pingüina? 5 Pues no para que el Congreso Nacional representara a las mayorías y generara un proceso legislativo decente, pero sí para que hoy tengamos un movimiento que ya no confía más en la efectividad de los políticos –que siguen siendo en un buen porcentaje los mismos del 2006–, y necesita garantías, no para salvar el año, sino para salvar la educación que es una exigencia ética y popular. Hay muchas salidas posibles, pero la que se tome deberá ser meditada en virtud del largo plazo.

Es decir, el sendero que se debe dibujar es el de la construcción de un proceso consistente de reconquista de la escuela y de la educación superior pública –que es la de responsabilidad del Estado-, entendidas como espacios de excelencia, democráticos, laicos, gratuitos e interculturales.

El Congreso Nacional puede ser un lugar que convoque hoy a los actores escolares y de educación superior a iniciar un diálogo, pero este debe tomar la forma de un debate maduro, responsable con la ciudadanía, vinculante. Estas son características que pueden dar garantías para enfrentar un proceso creíble. Salvar el año o Salvar la educación: That´s the question!

1. Este artículo es una fusión de columnas publicadas en el blog: http://versus21. blogspot.com, edición realizada por el mismo autor para la Revista Virtual de la Red SEPA.

2. Psicólogo Educacional. Integrante del Programa EPE, FACSO Universidad de Chile. Doctorando en Educación de la Universidad Estadual de Campinas, Brasil. Lucro, mérito y sociedad: la protesta por educación pública en Chile1 Jorge Inzunza Higueras2

3. La Concertación de Partidos por la Democracia es el grupo de Partidos Políticos conformados por el Demócrata Cristiano, Por la Democracia, Socialista y Radical/Social Demócrata, y que gobernó el país entre los años 1990 y 2010.

4. Chile posee un sistema electoral “binominal” (dos elegidos por cada distrito electoral), lo que promueve la concentración del poder político en dos bandos principales, bloqueando la posibilidad de elección de personas de otras fuerzas políticas menores.

5. Se llama Revolución Pingüina a las acciones masivas de los estudiantes secundarios que avanzan desde 2006 hasta, por lo menos, 2008.

Revista Intercambio

Jorge Inzunza Higueras 2


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