El inmigrante como indígena

6 enero, 2012

Imagen: El inmigrante como indígena

Este 2011, al menos, debería haber servido para cambiar el estatus jurídico del inmigrante. Los motivos pro forma son muchos, pero Edgar, que tiene una cierta vocación etnográfica, prefiere razonarlo con tres ejemplos concretos.

El primero es el de Leo Rojas Santillán, merecido inaugurador de este capítulo por su melena lacia y negra y de tono perlado como la antracita del Chimborazo, y por haber ganado el permio Das Supertalent 2011 en Alemania, a pesar de (o gracias a) ser tan quichua, tan moreno, tan apegado a sus conchas marinas ancestrales, tan entrañable con sus pulseritas de colores chispeantes y tan extremadamente emotivo en su soplar melódico de la Flauta de Pan, es decir: tan lo contrario del prototipo humanoide que pace en los prados de la Merkel.

Y es que Leo Rojas, el ecuato-germano del año, no solo arrasó en Das Supertalent, sino que además hizo llorar a los miembros del jurado, al público, y hasta a sí mismo, a base de interpretar afectadamente “El cóndor pasa” y de emitir unos gritos viscerales y reverberantes, parecidos al graznido de un cuervo en llamas o al alarido afónico de, si existiera, una orca ecuatorial.

Pincha aquí para vibrar con Leo Rojas.

Pero este acontecimiento superficial ha hecho reflexionar a Edgar sobre temas de cierta trascendencia. ¿Cómo puede un indígena Andino (aunque lleve 20 años instalado en Europa) ganar un concurso que se supondría debería ser la máxima expresión del folclore verdaderamente alemán?
En primer lugar porque Alemania, desde más o menos el 8 de mayo de 1945, no se puede permitir el lujo de evocar su “orgullo nacional”. Y en segundo lugar porque a fin de cuentas, hoy en día, los verdaderos “indígenas”, esto es, los atávicos pobladores que conservan la pureza de la sangre, la economía, la cultura y el territorio son (Edgar lo siente por los posibles nacionalsocialistas que estén leyendo esto): INMIGRANTES.

El segundo ejemplo que a Edgar le gustaría recordar es el de las inquietantes imágenes de unos “indígenas aislados”, con las que nos deleitaron diversos medios de comunicación en enero, tomadas supuestamente en una tierra fronteriza de la amazonia brasileña:

Lo interesante es que si uno observa bien a los indígenas aislados, puede percibir que uno de ellos (bastante pequeño, en el medio, y con peinado perroflauta), sostiene un machete de acero inoxidable, que en principio no es uno de los productos naturales que pende cual fruta salvaje de las lianas de la selva virgen.
Y también interesante es que si se lee algo más sobre estos indígenas aislados, enseguida se revela su verdadera naturaleza: ni siquiera son oriundos de la jungla brasileña, sino que se trata, en definitiva, de inmigrantes peruanos.

Pero el tercer y último ejemplo que Edgar quisiera añadir a su planteamiento es, sin duda, el más sonado y revelador:

Se trata de Omar Chuick, nacido en Mali y emigrado a España hace cuatro años. Fue al principio de este año glorioso para la economía española cuando Omar, harto de vivir en Ceuta y de Zapatero y de la Standard and Poor’s de los (!), decidió deshacer el camino que previamente había hecho en patera, pero esta vez andando, para lo cual debía saltar la valla que separa a Ceuta de Marruecos, y así regresar, pasito a pasito, a su país de origen. Pero poca fortuna tuvo este inmigrante invertido, pionero de los saltos fronterizos al revés.

Fue durante una aciaga madrugada de domingo cuando Omar fue descubierto por la guardia civil, forzado a bajar de la valla (cuando se encontraba colgado en dirección a Marruecos), y detenido, devuelto a la gloria de España, mientras alguno de los guardia civiles probablemente pensaba: “¿Pero dónde vas Omar, querido inmigrante, no te das cuenta de que ahora eres nuestro indígena?”, sin darse cuenta de que por primera y última vez en su vida, ese eficiente guardia civil de Ceuta estaba inaugurando con su elevado pensamiento un nuevo paradigma sociológico y jurídico para prevenir los movimientos migratorios transnacionales: un paradigma en el que todos vosotros, inmigrantes en mayor o menor medida, seréis la única salvación de las aburridas audiencias televisivas, hartas de folclore nacional, para lo cual seréis impunemente re-definidos como nuestros imprescindibles indígenas, los indígenas que debemos proteger, y por ello seréis aún más exotizados, más espectacularizados, y sobre todo usados para mantener y sufrir nuestras economías devastadas.

Puede que como emigrantes el problema fuera entrar en determinados países, pero como indígenas, nuestro problema será salir.

Que escape quien pueda.

Fuente: emigrantesofisticado.blogspot.com

 

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