Los emigrantes y las redes sociales

10 marzo, 2012

Imagen Los emigrantes y las redes sociales

Los medios sociales han cambiado enormemente la vida de los emigrantes. La patria se ha vuelto mucho más cercana, y para los que permanecieron en ella, aquellos que la dejaron no están tan “ausentes” como solían.

Antes, un emigrante era alguien que quemaba las naves y comenzaba una nueva vida alejada de sus raíces. No se sabía si alguna vez volvería a ver su patria. Después de abrazar por última vez a los que dejaba atrás, comenzaban a distanciarse más y más de los seres queridos. Y éstos se terminaban acostumbrando a una vida sin el ausente. Triste, pero así era.

Mi padre fue uno de esos emigrantes. Cuando su padre –mi abuelo- murió, él no se enteró. Mi padre vivía en España y mi abuelo en la antigua Checoslovaquia, y la comunicación en la desgarrada Europa de los años treinta era prácticamente imposible. Mi padre ni siquiera supo que su padre estaba enfermo. Sólo años después lo supo, y nunca pudo visitar su tumba.

Por mi parte, más tarde compartí mi vida en Ámsterdam con un inmigrante. También se enteró -a comienzos de los años noventa- semanas después a través de una carta manuscrita, que su abuelo había muerto. El contacto con la familia de mi compañero en Latinoamérica se limitaba en esa época a una carta de vez en cuando (que solía perderse en el correo) y alguna todavía más infrecuente llamada telefónica.

Facebook
Entretanto todo eso ha cambiado. Mi familia sabe hasta el último detalle el devenir de la vida de la familia en la patria lejana. Y ellos lo saben todo de nosotros, y de muchos otros parientes y amigos a lo largo de todo el mundo.
En Facebook veo fotos de bebés recién nacidos, de fiestas, pero también presencié el acto de esparcir las cenizas de una de mis tías. ¿Alguien aprobó un examen? ¿A alguien le enyesaron un brazo? ¿Se busca un arrendatario para un piso? A través de Facebook te puedes enterar enseguida, aunque vivas al otro lado del mundo.

Skype
Skype es la garantía para conversaciones telefónicas frecuentes y largas (son gratuitas), a menudo con imágenes de video. La calidad es a veces tan mala como las comunicaciones telefónicas analógicas de tiempos pasados pero, bueno, en ese caso lo intentamos de nuevo. O bien podemos chatear. A través del celular, se puede hacer desde cualquier sitio.
En suma, la distancia física con el país de origen no ha disminuido, los pasajes de los aviones no son precisamente más baratos que antes, pero el que se va a vivir a otro país no rompe tan radicalmente los lazos con la vida de los que deja atrás.

Paradoja
A esta conclusión también llegó la geógrafa Christien Klaufus, quien realizó una investigación de inmigrantes y retornados de Ecuador y Perú. Ella sostiene que los inmigrantes tienen más contactos pero que eso no es solamente positivo. A veces el contacto no es más que una apariencia.
Durante su investigación, Klaufus encontró frecuentemente la siguiente paradoja: hombres que, por ejemplo, salieron a EE.UU. a trabajar hablan regularmente con su país a través de Skype. Con ello continúan manteniendo, tanto para el inmigrante como para su mujer en la patria, la tranquila sensación de siempre de estar unidos y de conocerse bien, a pesar de la distancia física. A veces el hombre se atreve, justamente por eso, a permanecer lejos más tiempo de lo que lo haría en otras circunstancias. Y cuando por fin regresa después de un largo tiempo, la pareja da la impresión de haberse distanciado mucho más de lo que parecía, y llegan hasta la separación.

Más equilibrio
Sin embargo, en general, Klaufus sostiene que el contacto a través de los medios sociales es bueno tanto para los inmigrantes como para los que se quedan. Con medios sociales, los exiliados mantienen fácilmente contacto con sus familias y con la sociedad de la que provienen. “Con ello consiguen un mayor equilibrio,” opina la investigadora. También para los emigrantes se ha hecho más fácil apoyar financieramente a sus familias lejanas, con lo que permanecen bien informados de las necesidades y con lo que el envío de dinero pasó a transformarse en un acto mucho menos abstracto.

Fuente: rnw.nl

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