En los confines de Europa: La externalización de los controles migratorios

14 marzo, 2012

imagen: En los confines de Europa: La externalizacion de los controles migratorios

Un informe consagrado a la violencia de los controles migratorios no puede ignorar, en 2011, las situaciones dramáticas vividas en el Mediterráneo, con varios millares de exiliados ahogados o muertos por agotamiento, a bordo de embarcaciones sobrecargadas y en peligro, que trataban de huir de Libia pero que no podían hacerlo legalmente por la vigilancia de las fronteras marítimas puesta en pie al sur de la Unión Europea.

Aunque el trabajo de campo que es la base de este informe se ha desarrollado básicamente antes de que se desatara la insurrección libia en febrero, Migreurop sigue de cerca esta ilustración trágica del egoísmo occidental frente a los movimientos de refugiados.

Pues las revoluciones árabes, aplaudidas –a veces tardíamente– por los gobiernos europeos, no les han llevado a reconsiderar, con los países del sur del Mediterráneo, la cuestión de los desplazamientos de población proveniente de estos países cercanos. Si lo han abordado en la cumbre de Bruselas en junio de 2011, ha sido para inquietarse por los «movimientos migratorios masivos provocados por los acontecimientos…» y decidir la conclusión de acuerdos con los países vecinos sureños y orientales a fin de «gestionar la movilidad en un entorno seguro para tratar las causas que motivan las migraciones»2.

El mensaje es claro: en materia migratoria la UE mantiene el rumbo fijado hasta el momento. Para ello, se dedicará a prolongar o reactivar con los gobiernos provisionales los acuerdos concluidos con los regímenes autoritarios que han sido derribados, o a negociarlos de nuevo, en la misma dirección.

El Consejo nacional de transición libio lo ha comprendido bien, uno de cuyos responsables afirmaba, tan sólo un mes después del comienzo de la insurrección en Libia, la voluntad de su movimiento de combatir la inmigración ilegal en caso de llegar al poder, respetando especialmente el «tratado de amistad » firmado en 2008 entre Silvio Berlusconi y Mouammar Kadhfi 3. Lejos de escuchar la demanda de cambio expresada por las revueltas árabes, Europa busca ante todo perpetuar el sistema de alejamiento de los migrantes que ha instaurado de finales de los noventa.

Un sistema generador de múltiples violaciones de derechos humanos, de los que Migreurop se hace eco regularmente. Este informe 2010-2011 vuelve sobre dos pilares de la política migratoria europea descritos repetidamente por Migreurop: la subcontratación de los controles y el confinamiento de migrantes y demandantes de asilo, en este caso estudiados en su dimensión marítima y oriental. La investigación desarrollada por una parte en varios puertos europeos, y por otra en la frontera oriental de Turquía aportan nueva luz sobre estos dispositivos poco documentados en la actualidad.

Subcontratación y transferencia de los controles migratorios La externalización de los controles migratorios reviste formas muy diversas: el despliegue de la agencia Frontex a lo largo de Túnez y Libia, decidido por la UE en el inicio de la revolución tunecina para disuadir a las poblaciones liberadas del yugo de la dictadura de acercarse a Europa, es un ejemplo de la deslocalización de las fronteras, materializadas aquí por radares, drones y otros sofisticados equipamientos en el mar.

Más característico aún de la estrategia europea de alejamiento de los migrantes, en este caso por medio de «zonas- ampón», la subcontratación de controles a terceros países denunciada por Migreurop se ilustra de manera ejemplar por el modelo turco. Mientras se edifica un muro al oeste de Turquía para impedir los pasos fronterizos hacia Grecia, la propia Turquía colabora activamente con la política de la UE bloqueando al este su propia frontera con Irán, y organizando, como se documenta en este informe, una auténtica caza al refugiado.

La externalización pasa también por la privatización de los controles. Adoptada desde 2001, una directiva europea prevé sanciones para los transportistas que lleven extranjeros desprovistos de los documentos necesarios para entrar en el territorio de un Estado miembro de la UE.

Esta transferencia a agentes privados de competencias oficiales no es nueva. Desde comienzos de los noventa, es la norma en la marina mercante en el trato a los polizones que embarcan en navíos comerciales con la intención de alcanzar Europa. En este sector, son los armadores y las aseguradoras en quienes se ha delegado las tareas policiales. El informe ofrece una descripción y un análisis de estos procesos a  partir de testimonios recogidos en puertos de Alemania, Italia, España, Países Bajos, Francia y Bulgaria. Como en la mayor parte de casos de subcontratación, esta transferencia de competencias favorece aún más las violaciones del derecho y de las leyes que, al ocurrir en esas zonas oscuras, son poco conocidas, cuando no ignoradas. El desarrollo de prácticas de confinamiento es uno de los ejemplos más flagrantes.

Confinamientos

En el comentario de su primer mapa de «campos de extranjeros en Europa», en 2003, Migreurop evocaba ya la diversidad de dispositivos administrativos destinados a reagrupar a los migrantes, invitando a «ir más allá de la mera referencia al confinamiento y a considerar como campos el conjunto de lugares de alejamiento de los extranjeros»4. La variedad de formas que puede adoptar hoy el confinamiento con fines de control migratorio no ha hecho sino extenderse desde esa fecha, yendo del gran centro de detención rodeado de muros y de alambradas a la multitud de lugares improvisados, a veces pequeños, que forman una malla en las zonas de llegada o de tránsito de los exilados en ruta hacia el norte de Europa.

La inhumanidad de los primeros ha salido a la luz en varias ocasiones a lo largo de los últimos años, con revueltas de detenidos, suicidios e incendios intencionados en Bélgica, Reino Unido y en varios grandes centros de retención en Italia, que remarcan su carácter de campos de concentración.

La adaptabilidad es la característica de los segundos: nos referimos a los centros «de acogida e identificación» puestos en pie en pocos días por las autoridades italianas ante la llegada de 20.000 tunecinos en el invierno de 2011, o a los campos instalados por las autoridades turcas, un poco más tarde, para acantonar a los refugiados sirios que huían. Otros, situados en los rincones del paisaje urbano, rural o marítimo, son apenas visibles: es el caso de un local de retención administrativa en una comisaría en Francia, de un puesto de policía en la frontera entre Turquía e Irán, o incluso el camarote de un barco de la marina mercante en el que se consigna un polizón.

Presentados como provisionales por las autoridades, estos lugares no ofrecen, en general, más que condiciones de acogida muy dudosa, a menudo con violación de los derechos de los detenidos. En casos excepcionales, estas violaciones son sancionadas, sobre todo cuando afectan a solicitantes de asilo: en dos ocasiones, en 2009 y en 2010, Turquía ha sido condenada por el Tribunal europeo de Derechos Humanos por la detención de dos iraníes privados del acceso al procedimiento de asilo y corriendo el riesgo de ser deportados a Irán.

La actualidad mediterránea ha producido algunas variantes nuevas de campos. En julio de 2011, un buque español de la OTAN, tras haber socorrido a más de un centenar de boat people de origen subsahariano así como a tunecinos y libios5, se ha convertido en lugar de confinamiento obligado para estos rescatados.

Tras rechazar Malta e Italia su desembarco –despreciando la Convención de Ginebra de 1951 sobre refugiados y el principio de non-refoulement de demandantes de asilo– el Almirante Juan de Borbón ha errado durante seis días por el mar antes de que un barco militar tunecino haya aceptado, finalmente, hacerse cargo de ellos –lejos de Europa a donde querían llegar. Símbolos invertidos del confinamiento, los muros anti-migratorios ganan terreno en Europa. Anunciada en 2010, la construcción del que va a reforzar una parte de la frontera entre Grecia y Turquía ha comenzado en julio de 2011 –12,5 km junto al río Evros.

Concebido sobre el modelo de «alambradas» de Ceuta y Melilla, que aíslan los enclaves españoles en esas dos ciudades del territorio marroquí, el muro greco-turco, de tres metros de altura, tendrá un doble muro por cuyo interior podrán circular las patrullas policiales. Al oeste y al este de Turquía, Europa dibuja líneas de demarcación, que los anglosajones denominan «borderline»: el término designa también «en medicina un ‘caso límite’ (…) o bien un ‘estado límite’, es decir clínicamente identificable, pero operacionalmente situado entre la vida y la muerte, que podría ser la frontera por excelencia, de cuyo paso nadie vuelve»6.

Pero confinar, no es exclusivamente retener a los migrantes en un espacio delimitado. Cada vez con más frecuencia, las situaciones de confinamiento adoptan la forma de una acogida, en centros denominados «abiertos» como el que va a inaugurarse en breve gracias a la financiación de la UE cerca de la ciudad de Van, al este de Turquía, donde ha investigado Migreurop. Confinar, a veces es también, paradójicamente, obligar a la movilidad.

Ante los obstáculos colocados en su camino, privados de acogida, perseguidos por las fuerzas del orden, numerosos exiliados se convierten en esclavos del movimiento al que se les obliga, condenados a errar como única salida. Así los gobiernos europeos saben cómo apartar a los extranjeros sin necesidad de barreras ni muros.

——–
2 Conclusiones del Consejo europeo de 23 y 24 de junio de 2011
3 AFP, 29 de marzo de 2011
4. Ver migreurop.org
5 114 personas, 88 hombres, 20 mujeres –5 de ellas embarazadas– y 6 niños. Fuente: ministerio de Defensa (disponible en internet)
6 Jean-Daniel Chaussier «La frontera ante sus límites. Transgresión y recomposición», en Maïté Lafourcade Actes des journées de la Société internationale d’histoire du droit, Presses universitaires de Bordeaux, p.7.

.

.

Compártenos y Síguenos!!:
  • Bitacoras.com
  • StumbleUpon
  • Google Bookmarks
  • MySpace

Previous post:

Next post: