Poderosos se rinden ante inmigrante

24 marzo, 2012

Imagen - Poderosos se rinden ante inmigrante

Edwin Pérez Uberhuaga l aquilatinos.info

En medio de tantas historias tristes en la historia de la migración, concluye un capítulo de lucha y victoria de un migrante.

Luego de una ardua lucha, el Estado panameño reconoció este marzo la sentencia impuesta en su contra por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por torturas infligidas en 2002 al ecuatoriano Jesús Vélez Loor, que tuvo que hacer una larga huelga de hambre, y ahora le pagará 27.500 dólares como indemnización.

Este es un caso histórico porque se reconoce que se ha violado sus derechos humanos y el debido proceso a un inmigrante que viajaba a Estados Unidos. Vélez Loor, de 45 años, reside en Bolivia, y para exigir el pago de su indemnización inició el 16 de enero una huelga de hambre a las puertas de la Embajada panameña en La Paz. En esta edición publicamos su testimonio.

Los medios de comunicación de todo el mundo recogieron su denuncia de lo que le pasó cuando fue detenido en noviembre de 2002 en Panamá, por orden de autoridades de migración del país, que le acusaron de ser guerrillero y ser peligroso para el orden y la seguridad pública panameña.

“Yo era un simple migrante y fui detenido y torturado como si fuera un criminal”, dijo a la prensa hace poco.

El ecuatoriano fue liberado en 2003 y enviado a Ecuador, pero en 2006 viajó a Bolivia, con estatus de refugiado, por no haber conseguido apoyo del gobierno de su país.

En agosto de 2010, la CorteIDH de la Organización de Estados Americanos (OEA) escuchó el testimonio del ecuatoriano y, cuatro meses después, falló a su favor condenando a Panamá por tratos crueles e inhumanos.

En diciembre se cumplió un primer plazo para que Panamá termine de indemnizar a Vélez, pero como ello no ocurrió, el ecuatoriano inició su huelga de hambre en La Paz.

Vélez Loor declaró que estaba dispuesto a morir para lograr que Panamá cumpla con la sentencia internacional.

En AQUÍ LATINOS creemos que esta es una lección para que los poderosos que usan la violencia policial o institucional contra los migrantes, lo piensen dos veces, porque la voz del migrante puede llegar a ser escucha- da en otros niveles y alcanzar justicia.

Estados Unidos o Europa y los países “en tránsito” no pueden seguir con una actitud negativa frente a los extranjeros que como siempre demostramos en esta revista, son un valioso aporte moral ético, cultural y laboral para enfrentar la crisis. La migración no es un delito, es un derecho inalienable.

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