Quito – Ecuador: Nuevo libro del ecuatoriano Oswaldo Páez Barrera

15 mayo, 2012

Imagen-Quito - Ecuador: Nuevo libro del ecuatoriano Oswaldo Paez Barrera

Quito.- El autor, Oswaldo Páez Barrera, es un arquitecto ecuatoriano, escritor, crítico de arte independiente, ejerce su profesión y la docencia en la Universidad Internacional SEK-Quito.

Él es Doctor (PhD) –Sobresaliente Cum Laude– por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) 2010, universidad en la cual obtuvo también su título de Màster en Història. Art, Arquitectura, Ciutat. Su tesis doctoral está publicada por la UPC y este nuevo libro se suma a otros que ha publicado sobre temas de su especialidad.

A continuación reproducimos una entrevista sobre su última obra.

-¿Cuál es la tesis principal de su libro?

-El libro X Bienales, XX momias y XXX dólares es un compendio de textos de crítica de arte sobre las once ediciones de la Bienal Internacional de Arte de Cuenca-Ecuador, 1986-2012. A partir del análisis y seguimiento del evento, el conjunto textual  permite ver el paso del arte moderno al arte contemporáneo en el país, proceso que bajo la dependencia y ahora bajo la globalización, ha tenido características colonialistas a las que no pocos creadores e intelectuales han respondido produciendo obras de arte y discursos críticos.

-¿Al ser un libro tan extenso, hay una clave para su consulta?

-Tiene textos de acceso inicial en la contraportada y solapas. Las Palabras preliminares y el Índice entregan a quien lo tome una idea de las características del texto, de su secuencia y de las condiciones en las que ha sido compuesto. El libro está organizado en once capítulos –uno por bienal– .  Cada capítulo contiene una introducción, una crítica al evento correspondiente, ensayos que fundamentan las posiciones teóricas de dichos análisis y, un ensayo sobre un artista ecuatoriano elaborado desde el contexto conceptual que articula el conjunto del texto, aunque sin estar necesariamente relacionado con la edición de la bienal de la que se ocupa el capítulo.

-¿Cuál considera que es la principal contribución de su libro a la cultura y el arte en nuestro país?

-Es un libro de crítica radical, esto es, problematiza el tema del arte moderno y el contemporáneo tratando de ir  a las raíces causales de estos fenómenos mediante una concepción que relaciona los hechos de arte con los sociales, políticos, económicos de nuestro tiempo. Por otra parte es una especie de historia no oficial de la Bienal, una biografía no autorizada del mayor evento artístico de nuestro país. Se trata entonces de una crítica que, cuando analiza y ejerce el criterio -ese es el sentido de la crítica- afirma otras cosas, explícitas  o no, pero afirmaciones que tienen que ver con otro país, con otra América Latina, libres y auténticos. Espero que esto lo perciba quien lea los diferentes ensayos que se publican y constate que todos ellos confluyen en un cauce que no es otro sino el deseo de una liberación social que traerá un arte y una vida más humanizados.

-¿Por qué no se publicó antes?

-Muchos de los materiales que se han seleccionado para la presente edición sí que lo fueron mientras se desarrollaban los acontecimientos bienales, pero el haberlos reunido en un conjunto, permite mostrar ahora la coherencia y continuidad en el pensamiento que guió la redacción de los mismos en cada momento. Para fortalecer esta idea se incluye en la presente edición un 60% de material inédito.

-¿Considera que su libro es contemporáneo?

-Sí, porque cada texto toma distancia del presente capitalista y su arte. Ese distanciamiento permite juzgar a este último desde las exigencias políticas y estéticas de nuestro tiempo, que debe ser el de la sociedad, o el tiempo de los pueblos. Esto significa reflexionar sobre  lo que ha pasado y pasa en nuestras artes visuales desde el entendimiento crítico de la situación o realidad impuesta por el llamado “mercado”, con lo cual, espero enriquecer los discursos , sensibilidades y prácticas artísticas que se van elaborando desde los espacios y los tiempos contrarios a la globalización neoliberal.

-Su libro es también un homenaje al grupo El Aguafuerte que contestó las pretensiones políticas y estéticas de la Bienal de Cuenca. ¿Piensan volver a actuar como grupo?

-Experiencias como aquellas suelen ser únicas. Nos hemos reunidos después de su autodisolución, no todos ni regularmente, pero ya no para actuar en conjunto pues cada uno ha tomado su camino. Con Edgar Marín y Eduardo Moscoso tenemos el proyecto de abrir un taller-galería, pero aún no lo hemos concretado.

-He visto que en su libro se plantea que el arte moderno en Ecuador fue neocolonial y dependiente, si es como Usted dice, ¿cómo entiende entonces la gran literatura de los años treintas y la gran pintura que también surgió en esos tiempos?

-Pues como eso: como grandes expresiones anticolonialistas y antidependientes. De allí su grandeza, porque si hubieran sido un eco de las corrientes eurocentristas no tendrían mayor significación en los empeños por alcanzar nuestra voz y nuestra mirada. De este modo la modernidad en la que nos inscribimos no la hizo un conjunto de producciones que se identificaron  o se pusieron a tono con los modelos metropolitanos e imperialistas, sino que fueron hechas por esas divergencias  con el pensamiento y las sensibilidad neocolonial y dependiente. Camilo Egas, Guayasamín, Kingman, Andrade Faini, Tábara… no son modernos por clonar en nuestras tierras los ismos metropolitanos, sino por ser andinos y caribeños en tanto sacan a flote o dejan emerger esos valores nuevos que dan rostro y color a los valores inéditos de los mestizajes culturales.

-Pero esta “modernidad divergente” sucedió cuando la modernidad a secas se encumbraba en occidente, entonces más que una “divergencia cultural” sería una variación cultural de lo mismo, ¿no cree?

-No es una variación porque “la modernidad a secas” se identificó con el capitalismo y terminó siendo una modernidad seca, a la cual se le castró aquellos elementos de democracia real, de librepensamiento, universalistas, que en cambio las modernidades divergentes  y críticas, u otras modernidades surgidas en los bordes o fuera de lo instituido, nunca dejaron de lado. No es que estas marginalidades tuvieran la pretensión de llegar a  ser como las modernidades oficiales, sino llegar a no ser como ellas. Es así que nuestra modernidad artística y literaria, lejos de ser emprendimientos perdidos o desperdiciados, fueron y son aún emergencias de mundos que brotan desde la tierra y las sangres de Latinoamérica, y que, dadas las condiciones en que surgieron, parece que estaban condenadas a la búsqueda de alternativas a esa modernidad que el capital frustró. Como usted me comprenderá, estas manifestaciones artístico-culturales fueron y son peligrosas por impredecibles y, por eso, requieren de bienales momificadoras y de dólares, muchos dólares, para tratar de civilizarlas y atraerlas al mundo de lo artísticamente correcto.

-¿Cuál cree que fue en Ecuador  la clave para desencadenar  esta modernidad divergente en las artes y desde la cual su libro elabora muchos de sus argumentos?

-La Revolución Liberal, en donde el cholo, el negro, el indio, el montubio, el chazo, el logo… se levantaron en armas y pusieron su color y sus aspiraciones políticas en la cultura ecuatoriana durante del siglo XX.

-Pero parece que estos coloridos se han desvaído de las artes y la literatura actuales, ¿no será que la globalización acabó con este sueño?

-No fue un sueño, o si lo fue, parecería que hoy esas mayorías siguen soñándolo, pero despiertas. Tan evidente es lo que le digo que a cien años del triunfo montonero radical, hoy, para ser “progre” en Ecuador hay que apoyarse en la memoria y la experiencia bolivariana y alfarista. Por otra parte es verdad que los mejores momentos del arte  moderno en nuestro país pasaron y, actualmente, aquellas actividades, al menos las promovidas desde la institucionalidad, es decir las dominantes, propagan formas globalizadas etiquetadas de “arte contemporáneo”.

-¿Desde cuándo que se produjo este giro?

-Desde cuando los socialcristianos y las fuerzas del llamado “centro político” instauraron el neoliberalismo en lo social y económico.

-¿Y en las artes lo hicieron con la Bienal?

-Sí, con la Bienal, por eso el libro toma este hecho como el punto de partida para señalar el paso del arte moderno institucionalizado al arte de la globalización, pero desarrollando su análisis desde la orilla opuesta y no para describir simplemente dicho cambio, sino para interpretarlo a la luz de los aportes críticos de obras de arte que han creado una tradición diferente así como desde las lecturas críticas de este presente globalizado.

-Este nuevo tiempo artístico ¿ha desmontado aquella “modernidad divergente” de la cual Usted nos ha hablado en esta entrevista?

-Estamos en otro momento histórico en donde el capitalismo se ha modificado sustancialmente, para mal, pues lo ha hecho para apretarle las tuercas a la sociedad. Esto es el neoliberalismo y su globalización. Sin embargo no creo que las ideas que inspiraron esa frase que a Usted le ha llamado la atención (la “modernidad divergente”) hayan sido desmontadas. Todo lo contrario: el veneno neoliberal las ha engordado y hoy son la base sobre la cual las mayorías de nuestro país, de Venezuela, de Bolivia, de Argentina… y también esas mayorías árabes que han reivindicado la democracia, o las masas de indignados españoles y griegos, confían en que les sacarán del laberinto en el que “los mercados”, es decir la multinacionales, les han metido.

-¿Finalmente, cuáles son las conclusiones de su libro?

-Sugiero, en el conjunto de la obra, un abanico de posibilidades interpretativas dentro de la contestación cultural, artística, crítica e histórica al pensamiento único y correcto del imperio neoliberal.

-Muchas gracias por sus respuestas, Las mismas nos ayudan a comprender los contenidos de su nueva publicación. Podemos estar o no de acuerdo con X BIENALES XX MOMIAS y XXX DOLARES, pero lo que no podemos es sustraernos a la curiosidad de leerlo.

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