Ecuador: Los migrantes vuelven de España por vacaciones y para quedarse

19 mayo, 2012

Imagen Ecuador: Los migrantes vuelven de Espana por vacaciones y para quedarse

Oyacoto es una aldea campesina de apenas 500 habitantes, rodeada de montes pardos y secos. Situada a 20 minutos al oriente de Quito, pertenece a la parroquia Calderón. Unos metros antes del peaje de Calderón, en la ensanchada Pana Norte, hay un camino maltrecho, de polvo y piedra, que lleva a Oyacoto. El paisaje es lunar: agreste y desértico, salpicado de rocas.

Sin embargo, cerca de las casas dispersas de adobe y teja asoman chacras verdes y frescas: de maíz, árboles de guaba, chirimoya y aguacate; zapallos y arvejas.

Los cultivos muestran la vocación agrícola de la aldea. Allí consumen los productos o los venden en la feria de Calderón.

El otro destino del pueblo: su alma errante, pues alrededor de 40 familias emigraron a España a trabajar en diversos oficios.

Eso cuenta Freddy Samueza, quien vivió en Madrid entre 1999 y el 2009, y ahora, orgulloso por haber construido una casa de dos plantas, se considera un próspero avicultor.

El polvo del camino se esfuma al llegar al atractivo parque de Oyacoto, adoquinado; con juegos infantiles y jardines de cucardas.

La monotonía y el silencio se rompen por el bullicio de los 235 chicos del Centro Educativo de Educación Básica Atahualpa.

A dos cuadras del parque se levanta la casa de Samueza. Él, arrimado a un muro de cemento, dice que emigró a los 19 años. Hoy, a los 31, sostiene que ahorró, durante 3 años, USD 20 000 para levantar su elegante casa, de cinco salones en el primer piso, que se yergue, como otras, en medio del desierto. Atrás, hizo cuatro galpones de cemento para 4 000 pollos. Vende en USD 1, 25 la libra de pollo criollo, a un centro comercial quiteño.

Vivió en Madrid con su esposa, Verónica Quilumbe, y sus tres hijos. Trabajó de chofer en Renault, firma en la que se quedó laborando su hermano Israel mecánico, de 26 años. Patricia, su otra hermana, sigue en Madrid, en una empresa de limpieza.

“La gente vuelve -dice- porque allá no hay trabajo, miles de ecuatorianos sufren mucho, yo estoy feliz aquí, en mi tierra”.

A cinco cuadras de la casa de Samueza vive la familia Farinango-Chusig, en una modesta villa de adobe. En el patio, David, uno de los nueve hijos de Manuel Farinango y de Rosario Chusig, suelda cubreventanas de hierro para las casas que se construyen en el pueblo. El padre distribuye gas.

“Mi hija, Adriana, volvió hace un mes para quedarse, trabajó duro en Madrid cuidando y arreglando viviendas, durante 12 años; aquí, a la vueltita, hizo una linda casa, vaya a ver”.

Doña Rosario confiesa que la mayoría de su familia trabaja en Madrid. Verónica, otra de sus hijas, ya lleva más de 12 años allá, empleada en un asilo. “La extraño, ojalá ya vuelva”, exclama.

Sus hermanos, Josefina, Manuel y José, también emigraron, al igual que los sobrinos, María, Miguel, Carlos y Elena Quilumba.
“Dando gracias a Dios aún tienen trabajo, mis hermanos ya son mayorcitos, se acercan a los sesenta, los sobrinos son guambras, todos dijeron que aguantarán hasta cuando haya chance”.

A solo 100 metros asoma la casa de Adriana Farinango, quien no está. La vivienda es de dos pisos, de concreto y de teja vidriada; por la ventana se ven dos grandes banderas, de España y Ecuador, fijadas en una pared de la sala.

También, una bandera del Real Madrid. Rosario Quilumba dijo que la hija envió una foto para que el arquitecto la construyera igual a una que vio en las afueras de la capital española. Adriana salió a Calderón a matricular en una escuela a los dos hijos.

En grandes letras rojas, escritas en la fachada de una vivienda de cemento, se lee: Bodega Marquito. El dueño es Segundo Simbaña, residente en Madrid desde el 2006. Xavier Chasipanta, el sobrino, de 25 años, y la esposa, Mayra Quilumba, administran la bodega de víveres.

Los dos atienden en el negocio a partir de las 07:30 hasta las 20:00. El tío les paga USD 400.

“Redondeo mi sueldo fabricando saunas, turcos y jacuzzis de fibra de vidrio”, reconoce Xavier, alto y moreno. La esposa asiente.

Dice que el tío, comerciante de autos en Madrid, no piensa volver. “Con su trabajo paró está casa e instaló la bodega, él es un ejemplo, pronto venderé los jacuzzis en esta casa”, arguye Xavier.

Sale de la bodega y muestra, con el dedo índice, otra casa de lujo, hecha en una colina: es de una prima que envió dinero de España. Dos cuñados también trabajan en ese país. Ya en la tarde, Oyacoto se queda en silencio.

Día a día, los aviones llenos

Toda la semana reciente, aviones de Iberia y de la compañía Santa Bárbara han transportado a cientos de ecuatorianos que llegaron al aeropuerto Mariscal Sucre de Quito.

A partir de las 17:00 venía Iberia. Más tarde, Santa Bárbara.

En arribo internacional, las familias lloraban de la emoción y reían al abrazarse con los viajeros que vienen por dos motivos: a descansar, 30 ó 40 días, y a quedarse, obligados por la crisis que golpea a España. Sollozando, Germán Heriberto Onofre Paredes, de 58 años, oriundo de Bolívar, Carchi, dijo que volvía a los 17 años y dos meses. No lo hizo porque debía trabajar para educar a los tres hijos y tampoco los papeles estaban en regla. Ya tiene la doble nacionalidad. No dejaba de abrazar a su hijo Sebastián, de 21 años.

“Lo dejé de 4 años, hoy es un hombre, es como un sueño, aquí pasaré un mes y los disfrutaré minuto a minuto; allá soy vigilante de seguridad en la empresa Falcón y en el Metro de Madrid”. La esposa, hijos, y otros familiares exhibían, felices, un cartel de bienvenida.

Cerca de él, Ángel Orbea Suárez, de Latacunga, se quejaba porque le incautaron un televisor plasma que le costó USD 200.

“Me quitaron la alegría, pues me quieren cobrar USD 143 de impuestos, no es justo este maltrato”, denunció. Él conduce un camión Volvo FH 480, que tiene frigorífico para llevar legumbres y tomates a varios países de Europa. También vino por vacaciones.
En cambio José Salazar, quiteño y albañil en Madrid, se quedará.

“Por la crisis de hipotecas, la construcción se frenó, miles de ecuatorianos sufren mucho”, dijo. Francisco Hagó, secretario de la Senami, explicó que en el 2011, 11 000 migrantes retornaron de España a Ecuador por falta de trabajo. El flujo de remesas familiares que ingresó al país durante el 2011 sumó USD 2 672.4 millones, valor superior en 3.1% comparado con el presentado en 2010 (USD 2 591.5 millones).
En el 2007, las remesas llegaron a su máximo, al registrar USD 3 335,4 millones.
Las cifras del éxodo

La Secretaría Nacional del Migrante (Senami) calcula que 212 157 (61,7%) ecuatorianos residentes en España, por el momento, no tienen trabajo. Lo hizo calculando la población activa de compatriotas y las aportaciones a la seguridad social.

En un reciente informe, escrito por Roxana Cazco, corresponsal de este Diario en Madrid, se dice que en la Península residen 343 625 ecuatorianos entre 16 y 65 años -según datos del Ministerio de Trabajo- y cotizan a la seguridad social 131 46.

Apenas 51 487 ecuatorianos cobran prestaciones de desempleo en España, el resto no recibe ninguna ayuda del Estado español y sufre situaciones de vulnerabilidad y riesgos.

Fuente: Diario El Comercio de Ecuador

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