Cine: La nueva Sicilia

27 julio, 2012

Imagen-La nueva Sicilia

Cuando naces ya no puedes esconderte, afirmaba el italiano Marco Tullio Giordana en aquella película del año 2005, que abrazaba su mensaje ya desde su título, respecto de temas como la inmigración.

Cuando naces en Sicilia tampoco puedes esconderte, parece decirnos Emanuele Crialese en Terraferma, su cuarta película como director: hay que decidirse entre los viejos y los nuevos tiempos, entre esa isla agarrada a la tradición, a la pesca y a la ley del mar, y esa otra que parece que empieza a mirar hacia el turismo, hacia otros modos de vida, aunque sea pasando por encima de una cierta moral. Y, en medio de todo ello, las pateras atestadas de seres humanos de la otra orilla, en busca de un paraíso que puede que no sea tal.

Dos potentes imágenes ejercen de ejes de Terraferma: en la primera, unos inmigrantes se lanzan desde su patera a la deriva en alta mar en busca del salvavidas de unos pescadores; en la segunda, decenas de turistas en bañador bailan en una embarcación de recreo al ritmo del chunda-chunda que marca la modernidad y acaban lanzándose al mar, en una imagen especular de la primera, aunque esta vez en busca del deleite.

Un contraste que se configura como lo mejor, y como lo único recordable, de un trabajo al que le sobra estilización en la secuencia más dramática, con esa cámara lenta de los náufragos junto a los bañistas en la playa, y en la que un músico más (y van unos cuantos) se ve imbuido (hasta casi la copia) por el espíritu de las partituras de Gustavo Santaolalla para las películas de González-Inárritu.

Fuente: cultura.elpais.com

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