USA: Rompen sueños a jovenes indocumentados

5 agosto, 2012

Imagen-USA: El alivio migratorio beneficiara a mas de 50000 sonadores en Carolina del Norte

Estudiantes que han vivido en EU casi toda su vida y carecen de papeles temen ser expulsados. En los últimos tres años, 200 mil han sido deportados.

América se llamaba la coyote que introdujo a los Alemán, provenientes de San Luis Potosí, a territorio estadounidense. La familia estaba compuesta por el papá, la mamá y dos varoncitos: Saúl, de tres años y José, de 2. Hoy, Saúl tiene 19 y aún tiene una pesadilla recurrente: ser deportado a México.

No es para menos. Son 16 años de vivir en Estados Unidos, primero en Texas, después en Florida. “Me defino como un americano con mucha pasión hacia EU, y también hacia el país donde nací, pero crecí aquí, hablé primero inglés que español. Tengo a mi familia en México pero, si me deportaran, no sabría cómo manejarme”, dice Saúl, quien reside en Homestead, un suburbio al sur del condado Miami-Dade con un componente rural muy fuerte y gran número de indocumentados.

Cursa sus estudios superiores en el Miami-Dade College de esa misma ciudad. No paga nada, porque obtuvo una beca privada, gracias a su excelente desempeño académico durante el bachillerato. Si no hubiera sido por ese reconocimiento, no habría podido entrar a cursar biología y matemáticas, porque, además, en EU los estudiantes indocumentados pueden ingresar a la universidad, pero deben pagar tres veces más por la colegiatura. Por eso, muchos, a pesar de sus deseos y sueños, no llegan a la educación superior.

Saúl vive con miedo. En cualquier momento, un oficial lo puede detener y remitir a inmigración, por no tener papeles. Sería la pesadilla de siempre convertida en cruda realidad.

El sueño truncado de un “dreamer”, como llaman aquí a todos estos muchachos que serían cobijados por la Dream Act, una iniciativa de ley que lleva 12 años tratando de abrirse campo en el Congreso y que ofrecería a los estudiantes “ilegales” que han crecido aquí y son tan estadounidenses como cualquier raizal, un camino cierto hacia la residencia y la ciudadanía.

En los últimos tres años, 1.5 millones de personas han sido expulsadas de territorio estadounidense por no tener legalizada su situación en el país. De ellas, 400 mil eran jóvenes entre los 14 y 25 años. La mitad de ellos son dreamers, es decir, ya habían terminado la secundaria, estaban en la universidad y, de repente, en cuestión de días, les cambió la vida.

Es el caso de Moisés Zarco. Él ahora está en la Ciudad de México, pero vivió ocho años en EU; aquí terminó la secundaria y los cuatro años de universidad. Quería después estudiar biología, pero en agosto de 2011, de regreso a Georgia, donde residía, lo interceptó la policía y lo envió a un centro de detención. Ahí estuvo dos meses, hasta que fue deportado bajo el sofisma de la “salida voluntaria”.

Él, al igual que otros que ahora residen en el D.F. y que vivieron durante muchos años en EU, están en el limbo total: no les valen sus estudios ni de preparatoria ni universitarios, no tienen un trabajo fijo, (en el mejor de los casos, aterrizan en un call center, donde les pagan un salario irrisorio), quieren seguir estudiando pero no pueden, se sienten desterrados y con las alas rotas. Desean con gran intensidad regresar a lo que consideran su patria de corazón, pero ese día aún está lejos.

“Es una situación muy grave”, afirma en México Itzel Polo Mendieta, coordinadora de la Asamblea Popular de Familias Migrantes. “No hay programas de reinserción, no existe un espacio laboral, ni moral, ni emocional para ellos. A qué gobierno hacer responsable, porque si Estados Unidos los saca, México no los recibe. Por ningún lado encuentran apoyo”, explica Polo.
La lucha continúa

A pesar del llamado “Memo Morton”, (el documento expedido por John Morton, director de la Agencia de Migración y Aduanas, o ICE, por sus siglas en inglés), sacado a la luz pública en marzo de 2011, que señaló que se le daría prioridad en la aplicación de las normas migratorias a quienes hubieran cometido delitos, representaran un peligro para la seguridad nacional o estuvieran escapando de las autoridades de inmigración, las deportaciones de los “soñadores” continúan.

Daniela Peláez, nacida en Colombia, pero residente de EU desde que tiene cuatro años, lo sabe bien. Se acaba de graduar con honores de una escuela del sur de Florida. No sólo fue la mejor de su promoción, sino que ya fue aceptada, con una beca completa, en la Universidad de Darmouth, una institución del mismo nivel académico y prestigio de Harvard.

Pero en marzo, un juez de inmigración ordenó su deportación. Lo más complicado es que, según su abogada, Nera Sheffer, “el Departamento de Seguridad Nacional radicó un memorando oponiéndose a la apelación de Daniela e indic ando al Tribunal Superior que la orden del juez de inmigración debe mantenerse en pie”.

Su caso llegó a Washington y ha dividido al Partido Republicano, que en los últimos meses, por influencia de los conservadores radicales del Tea Party, ha tomado las posiciones más xenófobas de su historia. Incluso el virtual candidato republicano a la presidencia, Mitt Romney, ha dicho que de llegar a la Casa Blanca vetaría la Dream Act en caso de que fuera aprobada por el Congreso.

“El presidente Obama anunció en agosto de 2011 que 300 mil casos con orden de deportación serían revisados, uno por uno, y que, si eran de prioridad baja, se les daría la oportunidad de quedarse en Estados Unidos. Nosotros pensamos que era una buena idea, pero luego nos dimos cuenta de que ese anuncio no estaba funcionando”, afirma Julio Calderón, un hondureño de 23 años, activista de Estudiantes en Lucha por Iguales Derechos (SWER, por sus siglas en inglés). Vive aquí desde los 16 y, como Saúl o Daniela, dedica días y noches a presionar, por todos los medios posibles, para destrabar un proyecto que se ha estrellado ya dos veces, en 2007 y 2010, contra el muro de los intereses partidistas del Congreso.

La más reciente iniciativa, de origen parlamentario, la acaba de radicar David Rivera, representante republicano por Florida. Se llama Stars Act y fue inspirada por el caso de Daniela. En su presentación, Rivera dijo: “Este proyecto de ley puede hacer realidad el sueño americano para jóvenes como Daniela, a quienes sin tener culpa de nada, se les está impidiendo desarrollar sus potencialidades en esta tierra de oportunidades”.

Florida se ha convertido en el epicentro de la lucha estudiantil por una reforma migratoria justa y amplia. En 2010, con el nombre “El Camino de los Sueños”, cuatro jóvenes indocumentados caminaron desde ese estado hasta Washington D.C, es decir, mil 770 kilómetros, para hacer visible su situación y reclamar de los partidos un compromiso serio con el tema migratorio. “Eso marcó una nueva era en nuestra lucha y maduró el movimiento”, explica María Rodríguez, presidenta de la Florida Immigrant Coalition (Coalición Inmigrante de la Florida).

¿Por qué ahora?

El 15 de junio, el presidente Obama expidió una orden ejecutiva que se hará efectiva el 15 de agosto y que difiere por dos años la acción legal contra jóvenes indocumentados entre los 16 y los 30 años. Y mientras tanto, pueden obtener un permiso de trabajo. Eso ha levantado una explosión de expectativas… y de críticas.

Para Rodríguez, “la política de Obama será de enorme impacto. Les abre a estos muchachos una cantidad de puertas y de libertad que nunca habían podido probar. Y a los padres, les da una sensación de alivio”.

Pero para Jennifer Korn, directora ejecutiva de la Hispanic Leadership Network (Red de Liderazgo Hispano), “esa orden ejecutiva es muy sospechosa, porque Obama tuvo dos años para plantear la reforma migratoria, que incluía la Dream Act, y no hizo nada. Ahora, a cuatro meses de la elección, decide expedir una orden ejecutiva. Si el tema migratorio era tan importante para él, ¿por qué no presionó para que siguiera este tema después de la reforma sanitaria?”.

David Kaulkett, vicepresidente de Floridians for Immigration Enforcement (Floridianos por el Respeto a las leyes de Inmigración), es más radical: “Obama está actuando como un dictador porque (la orden) no es un ajuste menor. Él está en contra del deseo de los ciudadanos de EU y del Congreso. La Dream Act es una amnistía”.

Gaby Pacheco, que caminó con sus otros tres compañeros hasta Washington, cree que EU no puede seguir tratando a sus inmigrantes como en los últimos 20 años. Para ella, “así como los años 60 fueron la lucha de los derechos civiles de los afroestadounidenses, la lucha de los derechos civiles de los inmigrantes es la de este tiempo. Los jóvenes se están dando cuenta del poder de sus historias y con sus padres están saliendo, juntos, a luchar por sus derechos”.

Fuente: eluniversal.com.mx

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