Un año despues, el germen de los disturbios de Londres sigue latente

6 agosto, 2012

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En Londres arde la llama olímpica, símbolo de las competición pacífica y el entendimiento de los pueblos. Pero hace un año, era Londres la que ardía. Miles de personas, en su mayoría jóvenes, se echaron a las calles y se descontrolaron hasta tal punto que primero varias zonas de Londres y luego de gran parte de Inglaterra se convirtieron en terrenos sin ley.

Cinco personas murieron y los daños en edificios, tiendas y vehículos ascendieron a más de 200 millones de libras (253 millones de euros). Las bandas saqueaban pantallas planas y deportivas de los escaparates y jóvenes encapuchados paraban a ciclistas en los parques, despojándoles de lo que llevaran encima.

Se calcula que unas 15.000 personas participaron en los disturbios: 4.000 fueron detenidas y la policía sigue buscando a otras 3.000. Como ya ocurrió en 1985, el punto más conflictivo comenzó en Tottenham, en el norte de Londres, después de una manifestación pacífica por la muerte del joven de 29 años Mark Duggan, que había sido tiroteado por la Policía el 4 de agosto cuando los agentes trataban de arrestarle, al parecer -según las fuerzas del orden- porque portaba un arma de fuego.

Los manifestantes exigían una respuesta de la Policía porque la familia de Duggan, de origen afrocaribeño, no había recibido información suficiente sobre el incidente. El silencio policial provocó un descontento aún mayor que, como efecto dominó, se extendió a otros barrios de Londres.

Así, en pocos días, los disturbios llegaron a Wood Green, Hackney, Brixton, Peckham, Enfield, East Ham, Earling y Croydon, así como la céntrica zona comercial de Oxford Circus. Entre el 8 y el 10 de agosto, los incidentes pasaron las fronteras de la capital para llegar a las principales ciudades de Inglaterra, como Birmingham, Bristol, Liverpool y Manchester. El alcance de la violencia puso a prueba la respuesta de la Policía y del Gobierno del primer ministro, David Cameron, que canceló sus vacaciones en Italia para volver a Londres.

“Una sociedad destrozada”, diagnosticó entones Cameron en una dura sentencia. Políticos y tribunales juzgaron los días que transcurrieron entre los días 6 y el 10 casi exclusivamente desde la óptica jurídica y reaccionaron con dureza. Niños de 11 años fueron puestos entre rejas o se condenó a cuatro años de cárcel por un llamamiento a los disturbios vía facebook, aunque en este caso concreto no sucediera nada.

Y también rodaron cabezas entre la policía, pues durante días los agentes solo contemplaron lo ocurrido, sin actuar. Cuando por fin se desplegaron más fuerzas, Cameron y la ministra del Interior, Theresa May, celebraron el fin de los disturbios. Pero no su germen: los miles de procesos judiciales pusieron de manifiesto que realmente al menos una parte de la sociedad británica estaba “destrozada”, como había dicho su primer ministro.

Muchos, simplemente buscaban el empujón, mientras que otros se plegaron a los líderes de las bandas, a falta de círculos familiares. Además, los sociólogos ven en aquellos disturbios el cáncer de una sociedad de consumo despiadada. “¿Dónde están los padres?”, se preguntaba el diario Daily Telegraph en su análisis de los disturbios. Familias desestructuradas, padres delincuentes tras las rejas, madres que luchan contra el alcohol y las drogas… Según los sociólogos, es ahí donde se cuece el caldo de cultivo para la violencia juvenil.

Durante las vacaciones estivales de 2011, esos jóvenes buscaron una válvula de escape. El Estado ofreció ayuda, pero no logró llegar a los verdades afectados. “Muchos no recibieron nada”, afirma el sociólogo Gus John. Y ahora con las Olimpiadas, la sensación de abandono ha crecido.

DISCRIMINACIÓN

En la capital inglesa, los negros siempre se han sentido discriminados. Son muchas más veces detenidos, expulsados o violentados por la policía que los jóvenes blancos. “El racismo entre la policía debe acabar”, manifestó entonces entre otros el candidato a la alcaldía de los Demócratas Liberales, Brian Paddick.

Pero la mayoría habla de los disturbios como delincuencia pura y dura perpetrada por oportunistas despiadados. Entre los violentos de 2011 había también muchos blancos. Las estadísticas revelaron que una gran parte de los detenidos en los disturbios eran reincidentes y casi la mitad de los que entre tanto fueron puestos en libertad se han visto implicados en otros asuntos punitivos.

Fuente: deia.com

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