Reto a la muerte: El regreso del migrante

21 agosto, 2012

Imagen-Reto a la muerte: El regreso del migrante

Pese a los peligros al que se enfrenta y a haber sido deportado ya una vez, el hondureño Erlin Caballero intentará nuevamente ingresar al territorio estadounidense.

Saltillo, Coahuila.- Además de lo que trae puesto, a Erlin Caballero le quedan unos tenis y un pantalón. Los mismos con los que lo deportaron hace tiempo de Los Ángeles, donde trabajaba, y también con los que piensa entrar de nuevo, porque allá están su esposa e hijos. Con sólo eso en la mano, y el recuerdo de su amada Honduras, ayer se despidió de la Casa del Migrante de Saltillo.

Pero dice que la historia viene complicada desde que decide salirse del país. Ni siquiera en Centroamérica respetan el tratado de libre tránsito, siempre y cuando uno porte su cédula: te extorsionan y en vez de eso te la roban. No hay tiempo para detenerse y denunciar, tampoco para la justicia por la propia mano; no es esa la meta, sino avanzar.

Uno tiene seguir escondido, y a pesar de los rumores, cuenta, los militares son quienes más los ayudan al explicarles que sólo migración los puede detener, y que no se permitan sobornar por alguna otra autoridad.

Desde que les registran las mochilas para que no pasen droga, son 14 horas a pie hasta Tenosique, Tabasco. En ese trayecto las carreteras se convierten en terracería, luego montañas, y así hasta que uno encuentra las vías; es la intención de todo migrante: subirse a “la bestia” y no soltarse de su lomo.

Sólo ahí uno entiende lo que es la sed que seca la garganta, porque aunque uno traiga dinero, no se puede bajar a comprar un agua, sino que debe esperar a que pare la máquina y buscar rápido un riachuelo. El hambre también sorprende. Erlin narra que en una ocasión apenas vieron un árbol de mangos, corrieron por instinto a devorarlo, pero lo que lo impresionó fue lo siguiente:

Cerca de ahí, en otro poblado, logró ver cómo 300 personas perseguían un mono para intentar cazarlo. “Lo iban a hacer botana, como dicen aquí”. Pero el animal logró subir a un árbol y escapar. Aquí la vida y la muerte son dos hermanas celosas, que pelean cada cual por lo suyo.

“Si uno no se amarra a algún fierro con la faja (el cinto), dice con la voz cantadita mientras señala el que trae puesto, se cae”, advierte.

Hace como un mes, cuando estaba dormitando, un joven como de 23 años venía frente a él. Tras un parpadeo escuchó un grito que apenas duró. Cuando abrió os ojos el chico no estaba, y al asomarse a las ruedas, las encontró llenas de sangre.

El riesgo persiste aún en tierra, más que nada por los secuestros y los robos. Luego de haber vivido el rechazo en Lecherías, donde la gente les decía con pancartas que se fueran, le robaron una mochila. Se fue una foto familiar, su identificación, y los anteojos que hoy le hacen falta para leer. “Ojalá les haya servido de algo”, suelta.

A sabiendas de lo que le espera, hoy va con la promesa de arreglar su situación migratoria, y demostrarle al mundo y a quien sea, que Erlin E. Caballero Caballero es un hombre honesto, y que como muchos, sólo busca una vida más digna, menos cruel.

El regreso del migrante

¡Claro que sí puede!

La Casa del Migrante registra un lleno total en estos días.

A diario tiene que dar de comer a más de 300 personas a las que da a asilo.

En “temporada” baja, da alojo a 120 personas diarias.

Para alimentar a este número de migrantes, se debe invertir 5 millones de pesos anuales.

Por los servicios de agua y luz de pagan 20 mil pesos al mes.

Usted puede hacer donativos en especie como frijol, arroz, tortillas o pan.

También hacen falta medicamentos, principalmente para la gripa, o para la irritación de los ojos.

Asimismo, se recibe ropa en buenas condiciones.

Fuente: vanguardia.com.mx

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