El Revolucionario que terminó en la guillotina.

6 septiembre, 2012

Desde el andamio de un migrante
Por:Ricardo Pico Mora

Maximilien Robespierre, era un joven brillante, lleno de buenas intenciones y poseedor de una oratoria extraordinaria, que, tenía el sueño de ver algún día a su país convertido en una nación donde reinase la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Era entonces su patria la Francia de 1789 dominada por el absolutismo monárquico y ademas castigada por un terrible mal ocasionado por la maldad humana: el hambre, que era tal que los ciudadanos de esa nación se mataban literalmente por una hogaza de pan, dejando palpable éste hecho, la terrible desigualdad que existía en aquella sociedad feudal.

Cuando Robespierre se presenta para la Asamblea Nacional y logra un escaño por el Tercer Estado (la plebe) su discurso era mágico e hipnotizador, hablaba ya de una revolución que permitiera llevar el bienestar a la gente convirtiendo a todos los hombres en iguales, hablaba incluso de la necesidad de que sean los ciudadanos los auténticos dueños del Estado, Robespierre, dibujaba en sus discursos una nación casi idílica, y, muy pronto esa elocuencia lo llevaría a presidir la Asamblea Nacional y convertirse así en el más poderoso personaje de la Revolución Francesa, llegando a regir los destinos de Francia entre 1793 a 1794 en un régimen que los historiadores y los propios franceses de la época bautizarían como el Reino del Terror, etapa durante la cual, aquel mismo joven que un día ofreció a los franceses una nación llena de libertad y de justicia, se dedicó por el contrario a perseguir a todo el que osaba criticar la autocracia con que éste gobernaba, sembrando con ello el dolor y la vergüenza a través de enjuiciamientos injustos por traición, sedición, o conspiración; en juicios que siempre terminaban en condenas a la guillotina de sus adversarios políticos o de simples ciudadanos que no compartían su forma de gobernar.

Seguramente los franceses también se preguntaron en su día tal cual lo hacemos hoy los ecuatorianos cómo puede ser posible que alguien de tan grandes cualidades y tan grandes convicciones, una vez que ostenta el cargo cambie de tal manera que olvide sus propios principios con tal de mantenerse o eternizarse en el poder.

Cómo puede ser posible que quien ofreció libertad, hoy tenga sometido a todo un pueblo por medio del miedo, del fraude y de la impunidad que brinda el ser dueño del poder absoluto.
Cómo puede ser posible que quien ofreció igualdad y fraternidad, hoy siembre el odio entre hermanos levantando una barrera peligrosa entre ricos y pobres.

El trágico final de Maximilien Robespierre y su circulo, lo conocemos: la gente un día venció el miedo e hizo con todos ellos lo que éstos habían hecho a su pueblo.

Los ciudadanos debemos despertar y levantarnos ya, porque no es posible que, quien nos ofreció un país para todos, hoy haya construido un Ecuador para unos pocos privilegiados y siga tan campante. No permitamos que, un puente o una carretera por necesaria que ésta parezca, sea el pago que se nos dé por robarnos la libertad, la justicia y la fraternidad.

Nosotros somos un pueblo libérrimo y jamás debemos someternos al miedo que quieren sembrar en nuestras mentes los corruptos de siempre, quienes envueltos en un disfraz de revolucionarios pretenden mantenernos sometidos bajo el mismo yugo.

Recordemos siempre que los buenos y decentes somos la mayoría y a lo largo de la historia ésta nos ha dejado testimonios inequívocos de que son los pueblos quienes escriben o reescriben de ser el caso su propio destino.

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