Seamos civilizados como los animales

18 septiembre, 2012

Seamos civilizados como los animales

AQUÍ LATINOS en Congreso de Periodismo Científico de Greenaccord en Trento, Italia.

Hace más de 20 años, el famoso artista brasileño Roberto Carlos cantaba “Yo quisiera ser civilizado como los animales”, en la que mostraba cómo la Humanidad se degradaba a nivel ambiental, ecológico y también social.

La virtual desaparición de Groenlandia, el calentamiento global, la sobre población, tsunamis, de-sastres por doquier y la explotación abusiva de nuestros recursos naturales, demuestran que no hemos escuchado ni esa suave melodía, ni el rugir de los edificios al caer al suelo por un terremoto.

Otra frase que me impactó fue “El hombre es el único animal que mata por placer”. ¿Cómo se puede entender tantos atentados, disparos de francotiradores o el capricho de gobernantes que con un botón hacen desaparecer barrios o ciudades?. No proveer de medicinas es también condenar una forma de condenar a alguien a una muerte lenta…

La ambición y codicia de los hombres hacen que se apliquen políticas económicas que hacen más ricos a los ricos y se reduzcan salarios y derechos fundamentales, bajo la excusa que no hay dinero, mientras que los gastos en armamento siguen siendo superiores a los de la educación y salud.

Alguien dijo “El hombre es el lobo del hombre” y eso se ve cada vez más en medio de la crisis, donde se impone la ley de la selva en la que sólo el más fuerte sobrevive. No sólo se trata de quién trabaja o produce MÁS que otro, sino de quién acepta cobrar MENOS que los demás para lograr o conservar un empleo.

Eso provoca fuertes desequilibrios en Europa, donde latinos y españoles viajan a Suiza y Alemania y, por la necesidad que tienen, ofrecen sus servicios por menores salarios, lo que provoca el rechazo de los residentes “antiguos”. La “hermandad latinoamericana” tan duramente construida podría quedarse sólo en un discurso…

Como el mundo está de cabeza y los valores también, parece cierta la frase “mientras más conozco a los hombres, más me gusta mi perro”…

Gran parte del progreso humano se basa en haber imitado a los animales. El helicóptero es como el colibrí, el radar es como el murciélago, el buzo tiene las patas de rana, el submarino imita a los peces. Ni hablar de las medicinas que obtenemos de plantas y animales. Muchos siguen despreciando la sabiduría indígena.

En estos tiempos de desintegración social, también conviene imitar el enorme esfuerzo de la hormiga, que carga diez veces más su peso, las abejas, que fabrican la miel, las “madres y padres” que nunca abandonan a sus críos ni se separan de la bandada. Todos lo hacen en un esfuerzo comunitario con un sólo fin: la supervivencia, la construcción del bienestar y una vida armoniosa.

Por eso, el mono, desde lo alto del árbol amazónico, la ballena, desde las profundidades árticas, el canguro desde las llanuras australianas o el elefante africano, tienen el mismo derecho de poner la expresión del león marino de Galápagos que publicamos en nuestra portada que parece preguntarnos: ¿Qué están haciendo con el mundo?

Esito sería

Edwin Pérez Uberhuaga-Director de la Revista internacional Aquí Latinos

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