El sindrome de Ulises

1 octubre, 2012

El sindrome de Ulises

“El que nos aleja no es el trastorno, son tus prejuicios”. Es uno de los mensajes de la nueva campaña de sensibilización de la Federació Catalana d’associacions de familiars i persones amb problemas de salut mental (FECAFAMM). No es la primera vez que abordo el tema de la salud mental en este blog. Lo hago a menudo.

Pero es hablar de estigma y volarme la mente hacia ese chico negro  y trastornado que grita en un semáforo de una calle comercial y al que volví a ver el otro día. Es lo que tiene pasear por la ciudad. Si tienes los ojos abiertos, da mucho de sí. El asunto es que, por primera vez, cruzo la barrera y, en lugar de apartarme, me coloco a su lado. Tengo mis motivos. Él, ni me ve. Sigue en su mundo. Que es una acera, sus trastos y su discurso enloquecido.

Hace ya años que el psiquiatra Joseba Achotegui identificó una variante del estrés conocida como “Síndrome de Ulises”. Una suerte de trastorno que afecta a los inmigrantes. Achotegui, al que entrevisté, hablaba de una situación de estrés límite en la que confluían la soledad por dejar a sus familias, el miedo por estar muchas veces vinculados a mafias, la sensación de fracaso por no tener una oportunidad laboral o el sentimiento de lucha por sobrevivir. Un todo en uno que les hace inmensamente desgraciados.

No sé yo si el chico africano llegó aquí con su trastorno a cuestas o se trastornó cuando las cosas, en la tierra prometida, se torcieron mucho más de lo que nunca pudo imaginar. Quién sabe. El caso es que ahí está. En mitad de una calle por dónde pasan miles de personas apurando sus compras. Ajeno a todo lo que ocurre a su alrededor.

Este cuento viene a cuento de un semáforo de la ciudad y un muchacho negro enloquecido que me parte el alma cuando lo veo porque lleva todas las de perder  y del que el otro día decidí no apartarme. Para ser consecuente con lo que escribo. Porque no quiero convertirme en un bluff.

Aclaración: Yo, lo reconozco, soy pura incongruencia. La cago un día sí y otro también porque jamás estuve en posesión de la verdad. Un día de izquierdas, otro de derechas y, a menudo, en el centro. Uno subo, otro bajo. Uno a favor. Otro en contra. Tirando de topicazos habrá quien piense: “Será por ser gallega”. Quizás sí. Quizás no. Tal vez es sólo que no me gusta tomarme a mí misma demasiado en serio. O porque huyo, porque no me la creo, de la gente que enarbola banderas tipo “yo soy”. Miedito me da. “Yo soy solidario”, “yo soy tolerante”, “yo soy liberal”, “yo soy un tío comprometido”… Hay que tener cuidado con esas cosas. Luego creas expectativas y no siempre estás a la altura de las circunstancias.

Nieves Salinas
Fuente: interviu.es

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