Los pobres abortan más

15 octubre, 2012

elmundo.es. Cuando el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, viaja fuera de Washington, sus escoltas buscan iglesias en las que pueda ir a misa el domingo con discreción (y en la que no le nieguen la comunión por su apoyo al aborto). Biden quiso ser cura de joven , pero su madre le dijo que primero esperara a salir con algunas chicas, y ya hemos visto cómo acabó: de senador, de aspirante a la presidencia (dos veces ) y de vicepresidente.

Paul Ryan, el candidato republicano a la vicepresdiencia, también es católico practicante. Pero, al contrario que Biden, se opone al aborto. Los dos representan a la que ya es la mayor iglesia de EEUU, un país en el que los protestantes no hacen más que perder poder.

En el debate del jueves pasado, a los dos—previsiblemente—les preguntaron sobre el aborto, que en EEUU es un tema siempre candente. Cada uno ha dicho lo previsible. Resumiendo: Biden es católico, pero apoya el aborto; Ryan es católico, se opone al aborto y no va a hacer nada para prohibirlo. Los republicanos ya han tenido mayorías en el Congreso y en el Supremo, y han controlado la presidencia y nunca lo han intentado. Ahora, en un nuevo giro, Romney ha pasado de oponerse al aborto a defenderlo.

La gran cuestión es: ¿quién aborta? Por de pronto, los católicos, más que los demás. El 31,3% de los abortos son llevados a cabo por católicas, a pesar de que esa confesión supone alrededor del 24% de la población de EEUU.

¿Es que los católicos son más hipócritas? No, probablemente la clave es que entre ellos haya más pobres. En promedio, los católicos suponen la media perfecta de ingreso per capita en EEUU. Pero un tercio de ellos son inmigrantes de Latinoamérica. Los inmigrantes son más pobres. Y, en EEUU al menos, pobreza es igual a aborto.

Alrededor del 13,7% de las mujeres de EEUU tenían en 2008 unos ingresos que las califican oficialmente como pobres. Ellas acumulaban ese año el 42% de los abortos, según este estudio. Eso no excluye otros factores, pero la correlación es demasiado grande como para rechazarla. La líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, llegó a decir una imbecilidad de la talla que el Estado federal debería dar ayudas a los estados para que éstos extendieran el apoyo a los programas de contracepción porque así hay menos pobres. O, en sus palabras, “se reduce el coste para los estados y para el Gobiernos federal”.

La cuestión es: si Paul Ryan fuera capaz de poner en práctica su plan de ajuste del gasto, que aniquila las ayudas públicas a la gente de menos ingresos (el Medicaid), el número de pobres aumentaría. Al mismo tiempo, Ryan eliminaría el aborto en EEUU (aunque su jefe, Mitt Romney, dice que no). Eso implica menos abortos, porque también hay una relación directa entre estos y la actitud del Gobierno de cada estado de EEUU a esta práctica.

De nuevo, sin embargo, es política-ficción: ninguno va a hacer nada.

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