Esto es Chinatown: el comercio chino en Espana y sus mitos

25 octubre, 2012

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La inmigración asiática, predominantemente de origen chino, presenta como bloque extranjero la menor tasa de integración y asimilación dentro del Estado español de entre las existentes, tanto para la sociedad nacional, como para las demás etnias extranjeras.

La masiva falta de interacción con las distintas culturas que rodean a esta población inmigrante ha generado un nuevo término socioeconómico, que si bien de nombre populista y con connotaciones negativas que me gustaría que no asumieseis de entrada, tiene que aceptarse como válido: el modelo parasitario chino. Lo que a su vez ha llegado a la existencia de una cantidad francamente absurda de mitos y leyendas sobre la realidad china en nuestro país.

El concepto es sencillo: en una vertiente económica, el modelo de inmigración china se basa en la creación de empresas chinas, empleando a ciudadanos chinos, vendiendo productos chinos fabricados en China, y operando financieramente a través de bancos chinos. Tal inercia económica impulsa su aislamiento hacia una vertiente social: los ciudadanos chinos tienden a relacionarse mayoritariamente solo con ciudadanos chinos; dado que su prosperidad depende de su integración en los fuertes lazos comunitarios que les conectan.

Así, “su medio de vida depende de mantener la lengua materna y el capital social comunitario, y por tanto la asimilación (entendida como la pérdida de la lengua materna y de los vínculos étnicos comunitarios) va en contra de su éxito. Los intereses económicos proporcionan una base ideológica para su no asimilación”.[1]

No creo tener la preparación suficiente como para poder discernir si este modelo de inmigración es beneficioso o no para los estados receptores (aunque mi inclinación natural es opinar que la afluencia de extranjeros a un país,salvados los problemas que ello genera, tiende a ser beneficiosa para el mismo). No dispongo de los datos suficientes para ello.

Pero lo que si se puede afirmar es que esta mezcla de poderío económico, junto a la falta de interacción exterior que presenta, es un caldo de cultivo para la creación de las más variadas teorías conspiranoicas sobre la cultura y éxito chino. Lo que se tiene que evitar a toda costa si se quiere fomentar algún tipo de debate racional al respecto.

Una de las creencias más extendidas en contra de la población china afirma que, por algún motivo dantesco y maquiavélico, los comercios chinos están exentos de pagar impuestos. Existen muchas variantes al respecto, todas pivotando sobre el mismo concepto: los comercios chinos o no pagan, o pagan menos, o pagan con aplazamiento respecto a los demás comercios españoles.

Esto es mentira. De entre los dos impuestos más importantes para la actividad comercial: el IVA (impuesto sobre el valor añadido) y el IRPF (impuesto sobre la renta de las personas físicas), ninguno hace excepciones a la hora de cobrar en función de la procedencia racial: si originas el hecho impositivo, pagas.

Someramente, el IVA es un impuesto indirecto sobre el consumo que ha de soportar cualquier persona que compre en un establecimiento español (el vendedor ha de incrementar el precio final del producto en un porcentaje determinado por el tipo de bien en cuestión y proporcionar esa diferencia al Estado). Es bastante intuitivo porqué la ley impositiva no hace distinciones respecto a quien vende el producto.

Por otro lado, el IRPF grava la renta obtenida en un año natural por las personas físicas residentes en España. En términos generales, se aplicará el impuesto a aquellas personas que tengan su residencia habitual en territorio español.

El ordenamiento considerará este hecho cuando: el sujeto permanezca más de 183 días, durante el año natural, en territorio español; cuando radique en España el núcleo principal o base de sus actividades o intereses económicos de forma directa o indirecta; y cuando resida habitualmente en España su cónyuge no separado legalmente y los hijos menores de edad que dependen de él. Queda claro entonces que es un impuesto que se aplica a todos los ciudadanos de origen chino que residen en nuestro país.

Así pues, el origen del vertiginoso auge del comercio chino en España habrá que buscarlo en otra parte. Y si bien es cierto que un porcentaje importante del éxito de los comercios chinos se basa en infringir la ley o abusar de las lagunas que presente, creando una fuerte competencia desleal, no debemos olvidar que es justamente eso lo que ocurre y no más: que se infringe la ley (no que el ordenamiento lo permita directamente).

Al debate sobre la inmigración le sobra, y mucho, datos inventados que sólo logran distorsionar el tema e impedir un análisis real y coherente de la situación.

Fuente: menjambre.blogspot.com.es

 

 

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