Soros: Una Europa de la solidaridad y no solo de la disciplina

30 octubre, 2012

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Originalmente, la Unión Europea era lo que los psicólogos llaman un “objeto fantasmático”, un objetivo deseable que inspira la imaginación de las personas. Yo la consideré la encarnación de una sociedad abierta: una asociación de Estados-nación que cedieron parte de su soberanía por el bien común y constituyeron una unión que no estaba dominada por una nación o nacionalidad.

Sin embargo, la crisis del euro ha convertido la Unión Europea en algo radicalmente diferente. Ahora los países miembros están divididos en dos clases –acreedores y deudores– y los primeros son los que mandan. Alemania, como el país mayor y más solvente que es, ocupa una posición dominante. Los países deudores pagan primas de riesgo cuantiosas para financiar su deuda, lo que se refleja en los elevados costos de endeudamiento de su economía en general. Así han acabado entrando en una barrena deflacionaria y padecen una grave –y potencialmente permanente– desventaja competitiva respecto de los países acreedores.

Ese resultado no refleja un plan deliberado, sino una serie de errores de las políticas aplicadas. Alemania no pretendía ocupar una posición dominante en Europa y se muestra reacia a aceptar las obligaciones y responsabilidades que dicha posición entraña. Podemos llamarlo la tragedia de la Unión Europea.

La evolución reciente de los acontecimientos parece ofrecer razones para el optimismo. Las autoridades están adoptando medidas para corregir sus errores, en particular la decisión de constituir una unión bancaria y el programa de transacciones monetarias directas, que permitiría una intervención ilimitada del Banco Central Europeo en el mercado de bonos soberanos. Se ha asegurado a los mercados financieros que el euro no va a desparecer. Podría ser un punto de inflexión, siempre y cuando se lo refuerce suficientemente con medidas complementarias encaminadas a la consecución de una integración mayor.

Lamentablemente, es muy propio de la tragedia que está desarrollándose en la UE que se alimente de semejantes vislumbres de optimismo. Alemania sigue dispuesta a hacer lo mínimo –y nada más– para impedir la desintegración del euro y las recientes medidas adoptadas por la UE sólo han servido para reforzar la resistencia de Alemania a hacer más concesiones, lo que perpetuará la división entre países acreedores y deudores.

Un desfase cada vez mayor en materia de resultados económicos y predominio político es una perspectiva tan sombría para la UE, que no se debe permitir que llegue a ser permanente. Ha de haber una forma de impedirlo: al fin y al cabo, la historia no es algo predeterminado. La UE, originalmente concebida como instrumento de solidaridad, se mantiene unida actualmente por una necesidad desalentadora, lo que no puede propiciar una asociación armoniosa. La única forma de invertir esa tendencia es la de recuperar el espíritu de solidaridad que animó el proyecto europeo desde el comienzo.

Para ello, recientemente he creado una Iniciativa de la Sociedad Abierta para Europa (OSIFE, conforme a sus siglas en inglés). Al hacerlo, reconocí que el mejor lugar para comenzar sería allí donde las políticas actuales han provocado el mayor sufrimiento humano: Grecia. Las personas que están sufriendo no son las que abusaron del sistema y causaron la crisis. La suerte de los muchos migrantes y solicitantes de asilo atrapados en Grecia es particularmente desgarradora, pero no se puede separar su aprieto del de los propios griegos. Una iniciativa limitada a los migrantes sólo conseguiría reforzar la xenofobia y el extremismo que van en aumento en Grecia.

No podía imaginar cómo abordar ese problema aparentemente insoluble hasta que recientemente visité Estocolmo para conmemorar el centenario del nacimiento de Raoul Wallenberg. Se me despertaron de nuevo los recuerdos de la segunda guerra mundial: la calamidad que con el tiempo dio a luz a la UE.

Wallenberg fue un héroe que salvó la vida a muchos judíos en mi ciudad natal de Budapest creando casas seguras suecas. Durante la ocupación alemana, mi padre fue también una figura heroica. Ayudó a salvar a su familia y amigos y a muchos otros. Me enseñó a afrontar la dura realidad en lugar de someterme a ella pasivamente. Eso fue lo que me dio la idea.

Podríamos crear casas de solidaridad en Grecia, que sirvieran de centros comunitarios para la población local y también facilitar comida y abrigo a los migrantes. Ya hay muchos comedores populares e iniciativas de la sociedad civil para ayudar a los migrantes, pero no pueden abordar toda la magnitud del problema. Lo que me propongo es reforzarlas.

La política de asilo de la UE se ha desmoronado. Los refugiados deben registrarse en el país miembro en el que entren, pero el Gobierno de Grecia no puede tramitar esos casos. Unos 60.000 refugiados que pretendían registrarse han sido ingresados en centros de internamiento, en los que las condiciones son infrahumanas. Los migrantes que no se registran y viven en la calle son atacados por los vándalos del partido neofascista Amanecer Dorado.

Suecia ha concedido carácter prioritario a la política de migración y asilo, mientras que Noruega está preocupada por la suerte de los migrantes en Grecia. Así, pues, esos dos países serían los candidatos primordiales para mantener las casas de solidaridad y otros países más acomodados podrían unírseles. La OSIFE está preparada para prestar apoyo a esa iniciativa y espero que otras fundaciones se apresuren a hacerlo, pero debe ser un proyecto europeo, que en su momento ha de llegar a formar parte del presupuesto europeo.

Actualmente, Amanecer Dorado está abriéndose paso políticamente mediante la prestación de servicios sociales a los griegos, al tiempo que ataca a los migrantes. La iniciativa que propongo ofrecería una positiva opción substitutiva, basada en la solidaridad: la solidaridad de los europeos con los griegos y de los griegos con los migrantes. Ofrecería una demostración práctica del espíritu que debería permear a toda la UE.

Voy a enviar a Grecia lo antes posible un equipo de la OSIFE encargado de la evaluación de necesidades para que se ponga en contacto con las autoridades –y las personas y organizaciones que ya están ayudando a los necesitados– a fin de que formule un plan para el cual podamos obtener apoyo público. Mi objetivo es el de resucitar la idea de la UE como instrumento de solidaridad y no sólo de disciplina.

Fuente: project-syndicate.org

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