El gallego que hizo las Américas… en Islandia

30 noviembre, 2012

Imagen-El gallego que hizo las Américas... en Islandia

Poeta Elías Portela

El poeta Elías Portela se ha hecho famoso bajo el sobrenombre de Elías Knörr. Llegó al país nórdico hace una década y se ha convertido en uno de los autores más valorados de la isla.

Elías Portela Fernández viajó con 20 años a Islandia. El joven, estudiante de Filología Románica en Santiago de Compostela, se marchó con una beca Erasmus, pero su affaire en el país nórdico terminó prolongándose durante una década (y subiendo).

Lo que empezó siendo una estancia de unos meses para aprender italiano se convirtió en un fenómeno editorial en el país nórdico. Reykjavík lo atrapó entre consonante y consonante, y Portela se hizo poco a poco con un idioma, el islandés, que hablan poco más de 300.000 personas (la población de Valladolid ciudad).

El gallego llegó a la isla hace once años, pero se instaló allí hace cuatro. Asegura que en realidad no se ha ido de España, y que se dedica a hacer «una labor de puente»: «Sigo con un pie en Galicia y trabajando por su cultura. Ni siquiera estoy registrado en Islandia, entre otras cosas, por las leyes de (anti)inmigración».

«En realidad no me he ido. Sigo con un pie en Galicia y trabajando por su cultura»

El traductor y poeta nacido en Cangas de Morrazo (Pontevedra) decidió publicar sus primeros versos bajo el pseudónimo Knörr para que nadie supiese que era extranjero. Knörr significa «barcaza», y se trata de un nombre de varón en desuso, explica. Al principio, la reducida comunidad islandesa desconfió de un autor desconocido, pero sus amigos y las redes sociales empezaron a difundir su mensaje. El de una mente inquieta a la que el islandés antiguo le sonaba «como si un marinero de Cangas –de la generación de sus abuelos– hablase».

A pesar de estar separados por más de 2.500 kilómetros de Océano Atlántico, Elías cree que ambos pueblos comparten algunos rasgos de su carácter, su forma de vida, las leyendas del mar… El joven escribe también en gallego, castellano, inglés y latín, y ha sido el encargado de traducir al español la última novela de la islandesa Auður Ava Ólafsdóttir, «La mujer es una isla».

Reconocimiento literario

Las primeras críticas de sus poemas fueron buenas. Una editorial le ofreció publicar su trabajo y sus versos cayeron en manos de la primera ministra islandesa, Jóhanna Sigurdardóttir; su esposa, una figura importante de la cultura del pequeño país, se los enseñó. Sigurdardóttir le dio un empujón de popularidad al decir que Knörr se encontraba entre sus poetas preferidos.

Último poemario de Knörr

Cuando en la primavera de 2010 la UK Poetry Society le dio su bendición, el gallego recibió el título de «poeta más representativo de la lírica actual islandesa» junto a Kári Tulinius y Sjón (compositor de Björk). La reseña de esta prestigiosa publicación literario hacía referencia al último poemario del pontevedrés, Sjóarinn með Morgunhestana undir Kjólnum («El marinero con caballos matutinos bajo el vestido»). Un texto que, por cierto, escribió en un 75% en una cafetería hippy de Reykjavík, «justo antes de que la especulación inmobiliaria acabase con ella».

Su apellido y su historia vieron entonces la luz, y los medios de comunicación (también los españoles) dirigieron sus miradas hacia él. Nada que ver con la primera vez que sus poemas fueron recitados en público: lo hizo una activista en su nombre y con una barba postiza. Elías reconoce que lograr unas buenas ventas en un país tan pequeño es un éxito relativo, pero sus poemas en castellano, por ejemplo, han tenido una buena acogida en México: «¡Una pena no saber nada de nahuatl!», lamenta.

Intereses y proceso creativo

La poesía de Elías –por momentos es posible confundir a Portela con Knörr– se basa «en la fuerza de la imagen poética y en la búsqueda de una inspiración externa al autor». «Si tengo que abstraer y decir concretamente sobre qué escribo, la respuesta son “categorías difusas”», explica. «Escojo ideas, conceptos, personajes que por algún motivo no se adaptan a una clasificación fija, que no encajan con lo esperado. Suelen ser categorías desechadas, pero por ello son más interesantes y nos ayudan a criticar la lógica y los límites de nuestro razonamiento. Además, para el arte no existe el concepto de basura, todo se puede aprovechar».

La «tarea de escribir» es una de las obsesiones del poeta y traductor

En Sjóarinn með morguñestana undir kjólnum, el colapso cultural y el sexismo «definieron» su respuesta poética. También se ocupa a menudo de la tarea de escribir. Un ejercicio de metapoesía, «una pequeña obsesión» que pasa más desapercibida que sus imágenes sobre el erotismo lésbico. No descubre América cuando asegura que los versos «que suenan más provocadores» son los que atraen la atención de los lectores, pero aporta una conclusión cuando menos curiosa: «El amor en la cultura occidental proviene del lesbianismo, concretamente de la poesía de Safo […]. Prácticamente todo lo que un hombre enamorado tenga que decir a día de hoy no es nada que no haya dicho antes una mujer (a otra mujer) hace 2.500 años».

Reflexiona también sobre el ego del poeta y el mito creativo: «En la cultura en la que vivimos tenemos un concepto demasiado romántico de la inspiración y de la genialidad. Una concepción que no deja de ser demasiado egocéntrica, insana y, a la larga, muy pobre, ya que por muy grande que sea la imaginación y la creatividad de un artista, el mundo exterior siempre será mucho mayor e infinitamente más lleno de ideas innovadoras que lo que uno pueda tener dentro de su cabeza».

Portela desvela que tiene «una clara tendencia a la hiperactividad nocturna», que trabaja con un viejo portátil sin batería –Folda Koltrýna Knarrartölva dice que se llama– y que cuando está buscando material o escribiendo «una jarra alemana con medio litro de té bien negro y cargado siempre se agradece». «Para trabajar con música suelo ser especialillo, pero por lo general no le hago ascos a nada», explica después de reconocer que escucha desde música medieval hasta «un logradísimo remix de las t.A.T.u». «Lo bueno da igual de dónde venga, no hay que guiarse por prejuicios. El esnobismo no provoca más que carencias».

Dos preguntas sobre España

¿Cuál es el «estatus» del arte y la cultura en nuestro país en comparación con los países nórdicos?

Portela tiene una doble visión: «Los países de cultura protestante, por lo general, tienen una mayor tradición lectora y eso marca una gran diferencia. España hasta prácticamente ayer era franquista y analfabeta, por lo cual hay un retraso considerable en comparación con otros países europeos. [...] Yo criticaría, de todos modos, que los países nórdicos, y más aún la Islandia pre-crisis, muestran un poco esa actitud pretenciosa y hortera que tienen los nuevos ricos con la cultura».

«Tanto en Islandia como en Escandinavia la clase trabajadora tiene su orgullo cultural y sabe valorar tanto el arte popular como el arte más académico o, por así decirlo, intelectual. […] En España tengo la impresión de que a la gente el arte no le atrae mucho en sí. Hay una concepción muy errónea de que es algo demasiado intelectual, profundo, difícil… y el ciudadano de a pie se piensa que no va dirigido a él, incluso que no tiene lugar en su vida. En Islandia rara vez me encuentro con esa actitud».

¿Cómo se ve desde Islandia la situación que está atravesando España?

«La imagen es muy vergonzosa, denigrante, espantosa, no os podéis hacer una idea de lo mal que están quedando el Gobierno y las autoridades. Estos días (principios de otoño), más que la crisis en sí, las imágenes de los telediarios no encajan con la idea de un país occidental, democrático y, por así decirlo, “europeo”. A la gente le sorprende que suceda en España y no en Rusia o en algún régimen totalitarista.

Todos los avances sociales y culturales de las últimas décadas le habían dado una imagen muy positiva en el extranjero, pero ahora todo se está borrando de un plumazo».

Fuente: abc.es

 

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