USA: Son muchas las personas que se oponen a la pena capital. Llevara tiempo, pero se acabara aboliendo”

21 diciembre, 2012

Imagen-USA: Son muchas las personas que se oponen a la pena capital. Llevara tiempo, pero se acabara aboliendo"

Bill Richardson - ex gobernador de Nuevo México en Estados Unidos

“En Estados Unidos son muchas las personas que se oponen a la pena capital. Llevará tiempo, pero se acabará aboliendo”

Bill Richardson es el ex gobernador de Nuevo México en Estados Unidos. Durante su mandato derogó la pena de muerte y permitió que Nuevo México se convirtiera en el decimoquinto estado del país en no aplicarla. Como miembro actual de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte, se siente orgulloso de su decisión, pero reconoce que fue la más difícil de toda su carrera política.

¿Puede un Estado, puede un gobernador, decidir quién vive y quién muere…?

Aunque hay una tendencia mundial a dejar de aplicar la pena de muerte, esta no está prohibida y el derecho internacional permite a los Estados imponerla por los “más graves delitos”. Los Estados que retienen la pena capital deben respetar ciertas restricciones y salvaguardias. Por otra parte, toda persona condenada a muerte tiene derecho a “solicitar el indulto o la conmutación de la pena de muerte”. Tengo la esperanza de que, más pronto que tarde, todos los Estados acaben dando la espalda a la pena capital, de modo que los tribunales y los políticos elegidos no tengan que tomar decisiones sobre su imposición.

¿Estas decisiones convierten a un Estado, a un gobernador, en asesinos en caso de ejecutar a una persona inocente?

En los Estados en donde la pena de muerte forma parte del derecho penal, existe siempre el riesgo de que se ejecute a una persona inocente. Éste es uno de los argumentos más sólidos a favor de la abolición de la pena capital. Por supuesto, toda autoridad que participe en decisiones relativas a ejecuciones debe hacer cuanto esté en su mano para evitar un error judicial. Pero no hay una garantía absoluta, lo cual, en mi caso, fue una de las principales razones por las que decidí abolir la pena de muerte en Nuevo México.

¿Es cierto que esta ha sido una de las decisiones más difíciles de su carrera política?

Por lo general, un político cuyo puesto es resultado de una votación desea ser reelegido, de modo que no toma a la ligera decisiones sabiendo que no son populares entre el electorado. En Estados Unidos y en muchos otros países, la pena de muerte suele contar con el apoyo de la población. A menudo, la gente la considera un castigo adecuado para el asesinato, un castigo que disuadirá a otros de cometer actos similares. En este sentido, Nuevo México no era una excepción. Sin embargo, existía un grupo de presión comprometido y persuasivo contra la pena de muerte, que incluía a destacadas voces de la iglesia católica. Tras reflexionar cuidadosamente sobre los argumentos, decidí que era el momento oportuno para que Nuevo México se sumase a la abolición de la pena capital.

Sin embargo, usted había sido un firme defensor de la pena capital. Votó en contra de su abolición como congresista en 1994 y en 2002, ya cuando era gobernador electo. ¿Qué fue lo que le hizo exactamente cambiar de idea?

Cuando me eligieron gobernador de Nuevo México, defendía la pena de muerte. Pensaba que era un castigo justo para el asesinato. También creía que era necesario disuadir a otros de cometer tales delitos graves. Pero mi conciencia se vio cuestionada por los errores judiciales y por el riesgo tan real de que se ejecute a inocentes. En mi opinión, no está bien mantener la pena de muerte dado el peligro inherente de que se cometa un error judicial grave. Que una persona inocente sea ejecutada resulta simplemente inaceptable.

Al hilo de su respuesta, tras derogar la pena capital, usted declaró: “Si el Estado va a asumir esta enorme responsabilidad, el sistema que imponga la pena de muerte debe ser perfecto y no puede equivocarse nunca”. Y agregó: “Pero la realidad es que el sistema no es perfecto”. Por ello, ¿por qué se sigue aplicando?

La tendencia hacia la abolición es muy clara. Los llamamientos a favor de suprimir la pena capital ya no son la preocupación de unos pocos. Hoy en día existe un movimiento mundial que pide la abolición. Según la ONU, actualmente más de 150 países han abolido la pena de muerte en la ley o ya no la aplican.

Tanto en Estados Unidos como en otros países, sigue habiendo gente a la que todavía es necesario convencer de que la pena de muerte está mal y no es un elemento disuasorio eficaz contra la comisión de delitos graves. Incumbe a todos los que trabajan por la abolición educar y explicar por qué la pena de muerte es un error. Las organizaciones como Amnistía Internacional tienen una función muy importante que desempeñar a la hora de convencer a quienes apoyan la pena de muerte para que cambien de opinión.

Otro elemento importante es que la relación entre el uso de la pena de muerte y los índices de criminalidad demuestran que la pena capital no la reduce. En un estudio reciente realizado por presidentes y expresidentes de las sociedades académicas de criminología de Estados Unidos, el 88 por ciento de los expertos rechazaron la pena de muerte como elemento disuasorio a la hora de cometer un asesinato. Es más, el reportaje del Crimen Uniforme del FBI recoge que el sur de los Estados Unidos tiene la proporción más alta de asesinatos y, sin embargo, es el responsable del 80 por ciento de las ejecuciones. Aun así, el 60 por ciento de la población estadounidense la apoya. ¿Cuál es el motivo?

Sabemos racionalmente que la pena de muerte no es un elemento disuasorio. Sin embargo, algunos crímenes parecen exigir la pena de muerte, por ejemplo, los asesinatos en serie, los asesinatos de niños o las muertes causadas por actos terroristas. Y cuando ocurren cosas horribles, no siempre ponderamos los hechos ni tenemos en cuenta todos los argumentos. Como individuos, también reaccionamos emocionalmente y queremos establecer lazos de empatía con la familia y los amigos de la víctima. En tales circunstancias, es necesario reconocer lo que está ocurriendo, reconocer el sufrimiento de las familias de las personas asesinadas. Es importante que, al oponernos a la pena de muerte, no se perciba que toleramos los delitos por los que fueron condenados sus autores. El desafío radica en lograr un sistema de justicia penal que castigue a los culpables y reforme su conducta eficazmente, un sistema de justicia que proteja a la ciudadanía frente a la delincuencia, pero que esté libre de la brutalidad y la crueldad de la pena de muerte.

Al menos se puede hablar de una tendencia a la baja en el porcentaje de personas que apoyan la pena capital en Estados Unidos. En 1994 se trataba del 80 por ciento de la población y hoy en día ha descendido hasta el 60 por ciento…

Creo que Estados Unidos está dejando de depender de la pena de muerte, pues con frecuencia se aplica la cadena perpetua como alternativa a la pena capital. Año tras año disminuye el número de ejecuciones y condenas a muerte en el país.

En los últimos cinco años, Connecticut, Illinois, Nueva Jersey, Nuevo México y Nueva York han abolido la pena de muerte. El estado de Oregón ha decretado una moratoria de las ejecuciones y recientemente el electorado de California ha votado una propuesta para derogar la pena capital. En dicha votación, el 47 por ciento apoyó la abolición y el 53 por ciento votó en contra. Este apoyo a la abolición contrasta drásticamente con la década de 1970, en la que más del 70 por ciento del electorado de California respaldaba la pena de muerte.

En Estados Unidos son muchas las personas que se oponen a la pena capital. Llevará tiempo pero creo que, en un futuro, se acabará aboliendo.

Desde 1973, 140 personas han sido liberadas del corredor de la muerte tras probarse su inocencia, entre ellos el español Joaquín José…

Todos los sistemas de justicia penal son diseñados y administrados por personas. Los seres humanos cometen errores, por lo que ningún sistema de justicia será nunca perfecto.

Siempre habrá un riesgo de error judicial. En el caso de los Estados que mantienen la pena de muerte, esto significa que una persona puede ser ejecutada por un delito que no ha cometido.

Hay quien aduce que es escasa la probabilidad de que se ejecute a inocentes, pero incluso en sistemas judiciales muy desarrollados se encuentran pruebas de personas condenadas por delitos que no cometieron.

Estados Unidos cuenta con un sistema judicial muy avanzado, que prevé diversas salvaguardias para quienes se enfrentan a la pena de muerte. Sin embargo, desde principios de la década de 1970, más de 140 personas han sido liberadas del corredor de la muerte. No se trata de personas cuyas condenas o declaraciones de culpabilidad se anulasen por un tecnicismo judicial, sino que estaban en espera de ejecución por un delito que no habían cometido.

Ahora forma parte de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte que propuso crear el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. La comisión se creó para apoyar una moratoria universal de la pena de muerte para 2015 como paso previo a la abolición total. ¿Qué avances se están produciendo?

Desde su creación en 2010, la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte ha llevado a cabo muchas actividades que han complementado el trabajo desempeñado por otras entidades comprometidas con la abolición de la pena capital. Los miembros de la Comisión han hecho visitas a California, Japón, Tayikistán y Túnez. También se han organizado reuniones importantes, como la Mesa Redonda sobre la Situación de la Pena de Muerte (8 de octubre de 2012) y la Reunión sobre la Pena de Muerte en el Gran Caribe (17-19 de octubre de 2011). Asimismo, el presidente de la Comisión ha emitido varias declaraciones, llamamientos y cartas sobre la pena de muerte, en particular sobre personas en peligro inminente de ejecución. Hay mucho por hacer, pero creo que la Comisión seguirá desempeñando una función relevante en la campaña por un mundo sin pena de muerte.

Fuente: amnesty.org

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