En tiempos de crisis, trabajo es solo para los britanicos

23 febrero, 2013

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Primer Ministro del Reino Unido

Ya no son amenazas, ahora son hechos. En tiempos de crisis, en el Reino Unido los puestos de trabajo van a parar a manos de los británicos. En la última década, los extranjeros se hicieron con tres cuartas partes de los nuevos empleos.

Pero el año pasado la tendencia cambió radicalmente: casi nueve de cada diez de los nuevos puestos de trabajo creados fueron para ciudadanos nacidos en las islas, según cifras de la Oficina Nacional de Estadística publicadas esta semana. El Ejecutivo de David Cameron ha mostrado su satisfacción y ha recalcado que los datos tan sólo reflejan sus intentos de controlar la inmigración.

Mark Harper, ministro de Inmigración, ha asegurado que, aunque los británicos han sido los mayores beneficiarios, el sistema “sigue permitiendo que los inmigrantes cualificados vengan al Reino Unido”. Y lo de cualificados hay que tomarlo al pie de la letra, ya que el pasado mes de mayo el Gobierno confirmó que se estaba planteando permitir la estancia sólo a los no comunitarios con “formación especial o capital”.

Cameron ha comprobado que los debates sobre la UE no surgen efecto en los sondeos y que la inmigración es la pieza clave para distanciarse del UKIP. Con posiciones radicalmente opuestas a la llegada de inmigrantes, la formación ha ido robando votos a los conservadores en los últimos mesesNo se puede decir que la noticia haya pillado por sorpresa. Londres venía lanzando desde hace tiempo señales de humo anunciando progresivamente medidas para frenar el flujo migratorio. Y los datos publicados esta semana son únicamente el principio de la batalla.

Este fin de semana, Cameron se reunirá con George Osborney otros de sus hombres de confianza en Chequers, su residencia de descanso. La excusa es preparar el Presupuesto que se presentará el próximo 20 de marzo. Pero, en realidad, la cita es para preparar la estrategia tory de cara a los próximos comicios de 2015, donde la inmigración va a convertirse en el plato fuerte de la campaña electoral.

La inmigración, el tema estrella de la campaña

Cameron ha comprobado que los debates filosóficos sobre la Unión Europa, con promesa de referéndum de por medio, no surgen efecto en los sondeos y que la inmigración es la pieza clave para distanciarse del UKIP. La formación de Nigel Farage, con posiciones radicalmente opuestas a la llegada de inmigrantes, ha ido robando votos a los conservadores en los últimos meses, lo que ha acercado peligrosamente a los laboristas a las puertas de Downing Street. Así que el premier, que en los últimos comicios no logró alcanzar la mayoría absoluta, anda con pies de plomo.

Las elecciones europeas de 2014 serán sin duda la prueba de fuego. En las de 2009, el UKIP consiguió 13 asientos y se convirtió en la segunda formación más votada en el Reino Unido, por detrás de los conservadores.

La cita electoral resultará tremendamente interesante, ya que es precisamente en 2014 cuando termina el plazo que limita el acceso de trabajadores de Rumanía y Bulgaria al mercado laboral británico. Ambos países ingresaron en la UE el 1 de enero de 2007. Sus ciudadanos pueden visitar libremente el Reino Unido, pero necesitan un permiso especial para poder trabajar.

La avalancha del Este

Al igual que Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Luxemburgo y Holanda, el Gobierno británico se acogió a estas restricciones para evitar la avalancha de polacos y de otros ciudadanos de países del Este que se vivió 2005. Entonces, se infravaloró el impacto migratorio y, en lugar de 20.000 al año, llegaron cientos de miles.

El Gobierno ha reconocido que no tiene poder para prolongar de forma unilateral las restricciones, pero sí posee las herramientas para expulsar a aquellos que pongan el riesgo el bienestar del país. Este mes ha presentado un proyecto de Ley de Inmigración para garantizar que los extranjeros que cometan delitos graves sean deportados “salvo en circunstancias muy excepcionales”. El Gobierno acusó a los jueces de abusar del artículo 8 de la Convención Europea de Derechos Humanos y permitir que muchos extranjeros que han cometido delitos graves consigan eludir la expulsión alegando que su marcha afectaría a sus familias residentes en el Reino Unido.

Aunque no son sólo los ciudadanos de estos países los que están en el punto de mira. Los que viven en la zona euro también preocupan sobremanera al primer ministro. Cameron sabe que si la moneda única colapsa, la tormenta no les va a dejar al margen. Es más, situaría a Londres en el centro del huracán, ya que las libras con las que los británicos pagan orgullosos su te podrían verse como el mejor salvavidas ante el hundimiento del barco. Y ya se sabe que si el bote salvavidas tiene demasiado peso, tarde o temprano también acaba volcando.

Plan de contingencia contra la zona euro… y España

Por este motivo, el Gobierno británico está estudiando un plan de contingencia con el fin de evitar un aumento de la inmigración proveniente de aquellos países que ya ven cómo el agua entra en su camarote. La medida fue anunciada el pasado mes de mayo por la ministra del Interior, Theresa May, en una entrevista con The Daily Telegraph en la que España estuvo muy presente.

Los últimos informes han revelado que la migración neta en 2010 -la diferencia de los que llegan con los que se van- alcanzó un récord de 252.000, es decir, un aumento del 27% comparado con el año anterior. Según la Oficina Nacional de Estadísticas, la población británica (actualmente de 62 millones) podría llegar a los 77,7 en 2035.

Fuente: elconfidencial.com

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