Barcelona: Un aletazo de avestruz en el Prast por Arturo Prado Lima

19 marzo, 2013

Imagen-Barcelona: Un aletazo de avestruz en el Prast por Arturo Prado Lima

Por Arturo Prado Lima

Vivía en Barcelona. Llegó hace 10 años procedente de Ambato, Ecuador, huyendo del fuego que le iba a achicharronar el alma: Rodrigo, su marido, llegó un domingo chumado, empacó sus cosas en un costal y se fue a vivir con otra. Y tanto que lo había querido, dado dos estupendas hijas y trabajado parejo para salir adelante. En Barcelona ella vivía bien.

Limpiaba pisos y los domingos vendía choclo, encebollado y fritanga en los partidos de fútbol que organizaban sus compatriotas. El recuerdo de su amado traidor siempre estaba presente. De su trabajo sin tregua salía el dinero que enviaba para sus hijas, y del cual vivía también Rodrigo y su nueva pareja. Se enteró, por una de sus hijas, que la otra había fallecido víctima de un derrame cerebral. Le dijo su hija por teléfono que su padre se iba a cocinar el alma en el caldo de los recuerdos, no por la otra, “sino por “vusté mamita”. La conmovió, no tanto la situación de Rodrigo, sino el tono en que se lo dijo su hija.

Lo pensó. Primero mandó por sus hijas, y después por él. Un domingo de ramos, Rodrigo desembarcó en el Prats de Barcelona. Pero antes de que se encontrara con ella, un aletazo de avestruz en el corazón se lo llevó de este mundo.

Ella llegó a casa con el cadáver, para alivio de Juanjo, que, despechado para siempre, estaba a punto de volverse a Ecuador porque ella, intempestivamente, había llegado al piso donde vivían, había empacado en un costal sus cosas y le había anunciado que era casada y que se iba a vivir con su marido.

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