Espana: El drama de los Centros de Internamiento de Extranjeros

24 abril, 2013

Imagen-Espana: El drama de los Centros de Internamiento de Extranjeros

  • Pueblos Unidos denuncia que los CIE internan extranjeros de forma abusiva
  • La ausencia de un reglamento les impide saber cómo ejercer sus derechos
  • La privación de libertad y las malas condiciones generan en los internos un sufrimiento desmedido
  • “Es preferible aplicar una sanción administrativa que echar a un inmigrante de estancia irregular”

Samba Martine vivió sus últimos cuarenta días atrapada tras las rejas del Centro de Internamiento de Extranjeros de la Comunidad de Madrid. En el CETI de Melilla sabían que estaba gravemente enferma porque le realizaron una analítica al llegar.

Le prescribieron, además, un tratamiento adecuado, pero la nula derivación de datos médicos entre el CETI y los CIE hizo que las atenciones sanitarias contratadas por el centro no bastaran para cubrirlas. Correctas, sí, pero insuficientes para conseguir salvarla.

La historia de Samba es una de las que se viven a diario entre las paredes de los Centros de Internamiento de Extranjeros. Lugares que sólo deberían albergar a aquellos inmigrantes cuya situación hace irremediable la exportación forzosa o la repatriación. De ellos, el 90% de los internos son hombres, mientras que, respecto a su país de origen, la mayor parte proceden del África subsahariana o de América Latina.

Sin embargo, según el informe ‘Atrapados tras las rejas’, elaborado por Pueblos Unidos, el internamiento es una práctica que se está extendiendo y normalizando, aplicándose a situaciones donde es innecesaria y en las que se vulnera sin motivo justificado la libertad del hombre.

El barómetro de internos, por las nubes

Los Centros de Internamiento de Extranjeros son el último puerto antes de la exportación forzosa o repatriación. Sin embargo, Daniel Izuzquiza, Director del Centro Pueblos Unidos y uno de los autores del informe, apunta que se da un uso abusivo y generalizado de esta medida.

“Sólo se puede emplear para garantizar la expulsión, como última opción cuando se han agotado las demás”. Se han observado desde casos puntuales de detenciones a extranjeros por no llevar el documento de identidad hasta internamientos masivos de personas que habían iniciado un trámite seguro para regularizar su situación en España. Desde dos noches  hasta más de veinte días con vistas a un cielo atravesado de rejas. Y más de la mitad de las veces, por causas no justificadas.

Las investigaciones de Pueblos Unidos arrojan que el 50-60% de los internos no son expulsados finalmente del país. Son aquellos casos en los que es clarísimo que no debían internarse porque no era posible realizar la expulsión. “El uso abusivo de esta medida está generando un sufrimiento gratuito e innecesario”, reflexiona Izuzquiza.

Sin embargo, el resto del porcentaje no tiene mejor suerte y se someten a una expulsión express. Se aplica el procedimiento preferente recogido en la legislación de forma generalizada e indiscriminada a personas sin agravantes. Un método puntual, que limita la acción de defensa y está pensado para casos de especial gravedad, adquiere en estos Centros el rango de ordinario. La historia de Carlos, que fue expulsado del país tras 72 horas en un CIE dejando atrás a su hijo español de cuatro años, resulta especialmente anecdótica. “No hay tiempo de despedida familiar, no se registran datos oficiales”, puntualiza Izuzquiza. “Eso es lo que reclamamos: una información básica en el Estado de derecho”.

Los menores, desamparados

No hay menores en ningún Centro de Internamiento español. La legislación lo establece claramente. Sin embargo, persisten casos dudosos con los menores no acompañados, o los llamados “menores mayores”. No hay claridad acerca de nada. El chaval dice tener 17 años, pero la autoridad española no reconoce el pasaporte de su lugar de origen y establece que tiene 18. Son casos muy delicados que se deben seguir con lupa. Izuzquiza explica que, durante la elaboración del informe, detectaron seis casos de posibles menores internos, pero no consiguieron una prueba clara.

Carlos fue expulsado del país tras permanecer interno 72 horas dejando a su hijo pequeño atrás

Existe todo un capítulo de casos de internamientos de personas con familiares a su cargo. De 328 internos que visitaron los autores del informe, 56 habían dejado en el exterior a sus hijos desamparados, que han tenido que ser recogidos por familiares u hogares de acogida. 11 de ellos eran españoles cuyos padres fueron privados de libertad sin haber cometido ningún delito. Y posteriormente, fueron expulsados.

Detrás de las rejas

Comentarios racistas, dirigirse a la persona por un número en lugar de por el nombre, episodios de violencia de los guardias al intermediar en un conflicto o durante el traslado a Barajas… El termómetro interno marca un clima de maltrato generalizado que se caldea aún más por las malas condiciones en las que transcurre la estancia de los internos. En una celda han tenido que convivir siete personas con una octava que padece esquizofrenia sin recibir el tratamiento adecuado. El régimen de visitas, aunque varía dependiendo de los CIEs, es muy restringido. Izuzquiza explica que en el Centro de Madrid cada interno sólo puede recibir una visita al día, en el sentido más estricto de la palabra. “Si lo visita su madre no puede verlo el hijo, si lo visita el hijo no puede verlo el vecino… Y el visitante debe tener toda la documentación en regla”.

Izuzquiza: “Los tratos que se aplican a los internos generan un sufrimiento desmedido”

Este clima se justifica desde el punto de vista de seguridad, pero, según Izuzquiza, “los tratos que se aplican a los internos generan un sufrimiento desmedido”. Y también rabia. Mucha rabia. Y sufrimiento por no conocer la situación. “Son personas que tenían una vida normal, llevando a los hijos al colegio y marchándose después al trabajo, y de la noche a la mañana se ven allí, sin explicaciones, sin saber el protocolo jurídico o sin entender al abogado”, explica Izuzguiza.

Estar interno durante dos meses mina la resistencia psicológica, deben compartir la celda con siete personas. Su ritmo de vida ese reduce a celda-comedor-patio, celda-comedor-patio… Así ininterrumpidamente. Es una olla a presión que en cualquier momento puede estallar.

El internamiento, la última medida

El internamiento es una medida que se debe aplicar escrupulosamente, siempre como última opción, y que debe regirse por un reglamento planteado en pro de los internos. No en vano se trata de una medida que coarta la libertad del individuo.

Su elaboración y aprobación lleva más de dos años de retraso, por ello sus derechos se vulneran tan fácilmente: no existe posibilidad real de ejercerlos cotidianamente, pues los internos desconocen cuál es el protocolo jurídico a seguir para enmendar la situación.

Programas de retorno voluntarios o comparecencias periódicas como alternativas

Para remediar esta situación desproporcionada en los CIE, Pueblos Unidos propone el uso de alternativas que no impliquen la pérdida de libertad, especialmente en aquellos casos en los que no existen delitos o antecedentes penales, sino una estancia irregular. Sin embargo, en España es un campo de investigación no trabajado en el que Pueblos Unidos se propone lanzar próximamente una campaña de investigación junto a otras entidades.

La directiva europea señala dos caminos: la expulsión o la regularización de aquellos casos que sean posibles. “Es preferible aplicar una sanción administrativa a alguien que no tenga papeles que expulsarlo”, manifiesta Izuzquiza. Programas de retorno voluntarios de migrantes con órdenes de expulsión, provisión de documentos oficiales de registro, comparecencias periódicas o sistemas de garantía o responsabilidad económica por incumplimiento son alternativas viables que los autores de ‘Atrapados tras las rejas’ proponen para su desarrollo. LORENA MORENO

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.Fuente: zoomnews.es

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