Colombia enfrenta nueva ola asiatica de inmigrantes ilegales

26 abril, 2013

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Van casi la mitad de indocumentados de 2012. Se convirtió en una ‘papa caliente’ para autoridades.

Eran poco más de las 10:30 de la mañana y el vuelo de Cali había aterrizado. Por la puerta de salida de los arribos nacionales del Puente Aéreo, en Bogotá, aparecieron tres hombres morenos, dos de ellos robustos, vestidos de yines, camisetas y chaquetas abullonadas, y otro desgarbado, quien encabezaba una fila india que se formó sin querer, escoltada por un hombre de seguridad del aeropuerto de chaleco azul. (Vea la infografía: Claves de la inmigración de ciudadanos de Nepal y Bangladesh).

Allí estaban, a miles de kilómetros de su natal Sri Lanka, Baskaran Amplau, Sritharan Laalasingam y Saitheythas Kankatharan, de entre 30 y 40 años, a punto de ser deportados hacia Ecuador, país desde el que ingresaron en forma ilegal a Colombia. Llevaban encima no solo sus miradas perdidas, sino unas mochilas de colegio, en las que cabía poco más que una muda, lo único suyo en ese viaje de meses en el que, seguro, atravesaron el Atlántico y se internaron en Suramérica. Pero su travesía se truncó en un bus de servicio público que viajaba por la Vía Panamericana, entre Ipiales y Cali, cuando no pudieron evadir las preguntas de las autoridades colombianas, a las 6 de la mañana del día anterior.

A partir de ese momento todo fue confusión. Con un inglés enreversado, el hombre flaco, quien dijo ser estudiante de una carrera relacionada con negocios, explicaba, mientras se pasaba nervioso sus manos por la costura de la chaqueta, que habían viajado en avión de Sri Lanka hasta Bogotá y después se trasladaron a Quito (Ecuador) en avión. Cuando este diario le dijo que no existía tal ruta, olvidó los países en los que había hecho tránsito.

Al lado, uno de los hombres robustos contaba que habían tomado un taxi cerca de la frontera, que le pagaron 500 dólares al conductor para un tour por la zona y, sin saber, resultó en territorio colombiano, donde fue detenido por las autoridades. Cuando terminó de contar, interrumpió porque le sonó el celular. Se alejó, pero se escuchaba que contaba la misma historia. El tercero solo miraba.

Si bien las motivaciones de hacer este largo viaje a Centroamérica o Estados Unidos podría ser económica, o para reunirse con su familia en el otro lado del mundo o huir de las crisis que viven sus países origen, la precaria información que dan no se puede hacer una radiografía, en especial cuando detrás de ellos están las redes de tráfico de personas, las cuales les retiran sus pasaportes y los instruyen para decir nada.

El designado para la seguridad del aeropuerto afirmaba que todas las semanas podía acompañar hasta las salas de espera del aeropuerto más de tres grupos de inmigrantes ilegales que llegaban a Bogotá, especialmente del Valle y Antioquia, para ser deportados al país por el que aseguraban haber ingresado a territorio colombiano.

Brasil, el comienzo de la travesía en Suramérica

Cuando se revisaron las cifras de Migración Colombia se encontró que el fenómeno de la inmigración ilegal está disparado, especialmente de asiáticos, y que Colombia se consolida como un país de tránsito para estos ciudadanos, quienes se han convertido en un verdadero dolor de cabeza para las autoridades.

Solo en el primer trimestre de este año se han encontrado 309 inmigrantes ilegales en el país, cuando en todo el año pasado la cifra ascendió a 700. Las cifras son engrosadas por cubanos (163), pero de unos meses para acá ya se puede hablar de una oleada de nacionales asiáticos, de sitios tan remotos como Bangladesh y Nepal, quienes están superando a los chinos. Incluso, se han encontrado sirios, iraníes y hasta un ciudadano de Tanzania, en Nariño, un caso que no se presentaba hace por lo menos un lustro.

Este año se han encontrado 27 nepalíes y 19 ciudadanos de Bangladesh en territorio colombiano, cuando en todo el 2012 fueron 49 y 30, respectivamente; siempre en una ruta que se dirige hacia el norte con la intención de hacer una travesía de epopeya: cruzar el Darién hacia Centroamérica.

Solo para recordar casos recientes: el Miércoles Santo fueron encontrados por el Ejército 21 ciudadanos, de los cuales 15 eran de Nepal y otros seis de Bangladesh, en Acandí (Chocó). Estaban acompañados por un hombre que llevaba un arma, por lo que fue procesado por porte ilegal de armas.

Pocos días después, en Apartadó (Antioquia) fueron encontrados cuatro ciudadanos de Bangladesh; por los mismos días, fueron hallados ocho nepalíes también sin papeles, sin dinero y cada uno con pocas pertenencias -como suele suceder en esos casos-, quienes pidieron refugio, por lo que el Estado, como lo establecen las convenciones internacionales firmadas por el país, debe darles un salvoconducto por 90 días mientras se resuelve si se estudian los casos.

Ante este auge, las investigaciones de las autoridades han llegado a algunas conclusiones sobre las rutas utilizadas para la migración ilegal de estos ciudadanos asiáticos. Viajan desde Asia o Europa hacia Brasil, país que no les exige visado. De allí, empiezan a viajar una travesía hasta Ecuador o Venezuela para ingresar a Colombia por Ipiales o La Guajira.

En todo caso, debido a las dificultades no solo del idioma, sino del adiestramiento que hacen los llamados ‘coyotes’, no se ha determinado cuánto pueden pagar estar personas para llegar a Centroamérica o Estados Unidos. Sin embargo, hay algunos cálculos: una red puede cobrar entre 20 mil y 40 mil dólares para viajar de Quito a Maracaibo, para adentrarse al desierto guajiro. También, se tiene evidencia de que cada país tiene sus organizaciones, que están entrelazadas para llevar a estos ciudadanos a Estados Unidos.

Los cuellos de botella

Cuando se le preguntó sobre el resultado de estas deportaciones, encontró que el sistema tiene cuellos de botella de un marco legal internacional garantista pero que, en algunos casos, es utilizado por las mismas redes para esquivar la acción de las autoridades.

Un ejemplo de esto es que del grupo de ocho nepalíes que se detectó este mes en Apartadó y que pidió refugio, seis eran reincidentes. De otra parte, cuando este diario consultó en dónde estaban, tanto Migración Colombia como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) coincidieron en que su paradero era desconocido. Las autoridades en las zonas no descartan que retomen la ruta hacia el norte.

Otra de las situaciones que se están viviendo es que, como es costumbre en el mundo en este tipo de casos, los inmigrantes se deportan al país por el que entraron. En el caso de los asiáticos habitualmente han sido Ecuador y Venezuela. Sin embargo, en los últimos meses y, en algunos casos, estos países no los reciben hasta tanto no se demuestre que hicieron tránsito por ese país.

Una deportación no soluciona el problema: Acnur

Sobre esta situación, voceros del Acnur afirmaron que su papel en el país es orientar a estos ciudadanos sobre sus derechos, velar porque los estados cumplan las convenciones e identificar cuáles están en riesgo al volver a sus países. Sin embargo, no tienen bajo protección a estos ciudadanos y es la Cancillería la que decide si otorga o no el refugio.

Agregaron que la devolución a la frontera no soluciona el problema, debido a que pueden caer de nuevo en la red y es común, tanto en Colombia como en otros países, que después de que las personas son identificadas no se vuelva a saber de ellas.

“Una devolución a la frontera anterior no soluciona el problema. Esto está ligado más a las políticas migratorias y fronterizas de todos los estados. Nos preocupa. Ese es un punto inmanejable para los estados porque no hay una forma de restringir la movilidad. Lo que hay que es estar fortaleciendo con Migración Colombia y la Cancillería de la atención a estas personas”, afirmaron.

Por su parte, Sergio Bueno, director de Migración Colombia, que se creó en enero del 2012, aseguró que la entidad siempre ha trabajado en el marco de las normas internacionales que ha firmado Colombia, como de resolver la situación de un indocumentado en 36 horas y proporcionarle información.

Así mismo, afirmó que se han expedido varias directivas en las que se les imparten órdenes a sus funcionarios sobre cómo actuar en estos casos para que se preserven sus derechos, así como la puesta en marcha de salas de tránsito para estos ciudadanos.

También anunció que a mitad de año estará listo un grupo de policía judicial con el fin de apoyar la investigación de redes de trata y tráfico de inmigrantes, que tiene una pena de hasta 12 años.

Mientras tanto, Baskaran Amplau, Sritharan Laalasingam y Saitheythas Kankatharan estaban en Ipiales, con sus mochilas a las que les cabe poco más de una muda, un celular y, quizás, con la idea de volver a intentarlo. ANDRÉS GARIBELLO.

Fuente: eltiempo.com

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