La precariedad de contar guerras hoy

29 abril, 2013

Imagen-La precariedad de contar guerras hoy

La figura del periodista freelance, aquel que cobra por pieza y carece de una relación contractual fija con la empresa en la que publica, se ha multiplicado en los últimos años.

La ola de despidos masivos en los medios propicia que algunos de los hasta ahora asalariados den el paso hacia la ocupación por cuenta propia. Según cifras de la Asociación de Trabajadores Autónomos, entre 2008 y 2012 se registraron en España más de 2.000 nuevos periodistas free­lance. Aun así, estos apenas representan un quinto de los casi diez mil puestos de trabajo que, según el Observatorio de la FAPE, han sido destruidos en el sector desde 2008.

Muchos de estos nuevos freelance trabajan en el periodismo internacional. Según José Manuel Martín Medem, “la información internacional es la más cara y las empresas han recortado sus gastos en corresponsalías y enviados especiales”. Esta circunstancia “obliga a los periodistas a arriesgarse, desplazándose por su cuenta para conseguir información que luego intentan vender a los medios”, argumenta el que fuera corresponsal de RTVE en Latinoamérica.

“La información internacional es la más cara y las empresas han recortado sus gastos en corresponsalías”

“En Siria, dando una patada a una piedra salen 25 freelance españoles”. Así de gráficamente explica Diego Represa la proliferación de periodistas que acuden al conflicto sirio sin tener el respaldo de un medio. Represa, que viajó dos veces al país árabe en 2012, tuvo allí su primera experiencia como reportero de guerra. “Aposté por ir, pensando que se trataba de una historia que debía ser contada. El problema es que los medios españoles no lo consideran así, no quieren pagar por crónicas”.Las quejas de los freelance ante el trato de los medios nacionales son muy frecuentes. “La mayoría de las veces no te responden ni a un simple email”, declara Antonio Pampliega, informador autónomo que cubre Siria desde 2011. “Y cuando te responden es para decirte que no pueden­ pagarte”, denuncia este reportero que asegura tener una remuneración digna sólo desde que trabaja con la agencia francesa AFP.

No obstante, existen opiniones distintas. Laura Villadiego lleva tres años y medio en el sudeste asiático tratando de salir adelante como periodista independiente. “No comparto la mala visión sobre los medios españoles. Ni estos son tan malos ni los extranjeros tan buenos”, señala. “El problema principal es que, a diferencia del mundo anglosajón, hay poca cultura de periodismo internacional, no hay mercado”.

Si hay una ventaja que todos los freelance coinciden en destacar es la libertad que les otorga la ausencia de las jerarquías típicas de una redacción. “Yo decido el destino y la du­ración de mis viajes, incluso el ­enfoque que doy a mis reportajes”, afirma Maysun, fotoperiodista con dilatada experiencia en Oriente Medio.

Sin embargo, en la idiosincrasia del trabajo autónomo se halla la falta de garantías económicas. Según la experiencia de José Naranjo, freelance especializado en África, “hay algunos meses que ganas bastante dinero y otros que no ganas nada”. En su desplazamiento de enero a Mali, el reportero ha conseguido recuperar su inversión. “Fui allí sabiendo que podía obtener una rentabilidad económica porque la intervención francesa atrajo mucha atención mediática”. Durante los 35 días que permaneció en el turbulento país africano, Naranjo publicó su trabajo principalmente en medios nacionales e internacionales. En cualquier caso, su aventura entrañó riesgos. “Es cierto que los freelance vamos muy desprotegidos”, reconoce.

Esa falta de protección se está dejando notar en Siria, una de las guerras más sangrientas para los reporteros de los últimos años. Según el Comité de Protección de Periodistas, 28 informadores murieron allí en 2012. La peligrosidad del conflicto es la razón que han esgrimido algunas empresas para negarse a trabajar con freelance. Argumentan que comprar sus historias fomentaría que nuevos reporteros sin contrato tomaran riesgos innecesarios en Siria.

“Es una excusa. Lo que no quieren es arriesgarse a que nos pase algo y después tener que correr con los gastos”, contesta Maysun, recién llegada de territorio sirio. “Como empresas, sólo les importa el dinero”.

Tratando de paliar la falta de apoyos, organizaciones como Repor­teros Sin Fronteras ofrecen material básico de seguridad. Los informadores independientes que acuden a un conflicto armado pueden recurrir a ella para obtener seguros de vida a precio asequible o tomar prestados chalecos antibalas y cascos.

La solidaridad entre periodistas es otro de los soportes que contribuye a cubrir el hueco dejado por las empresas. “Cuando estuve en Tombuctú no había cobertura de teléfono ni electricidad. Era necesario un teléfono vía satélite, pero yo no tenía.

Gracias a la ayuda de compañeros que sí contaban con medios técnicos, muchos freelance pudimos mandar las crónicas”, narra Naranjo.Aun así, también existe competencia entre periodistas autónomos. “Te enseñaban la puerta, pero eras tú el que la tenías que abrir”, asegura Represa, en referencia a la actitud de otros freelance durante su periplo sirio. “Te tienes que buscar la vida, pero tampoco hay una filosofía del pisotón”, confiesa el joven reportero.

La persistencia de la crisis y sus efectos en el sector informativo no hacen prever un cambio de tendencia a corto plazo. Según Martín Medem, el fenómeno freelance se mantendrá en el tiempo, ligado al proceso de “externalización de la información internacional”. “Cada vez habrá más oferta de este tipo de trabajo informativo y menos oportunidades para venderlo por el cierre de medios y la escasez de recursos económicos”.

Hace unas semanas, Ramón Lobo, histórico periodista que fue despedido de El País en el último ERE, anunciaba en su blog su “primer viaje como freelance”. Un síntoma del cambio de era que vive el periodismo. Nadie está a salvo, ni siquiera insignes firmas con varias guerras a sus espaldas, de la precarización del sector. La esencia periodística, en cualquier caso, no ha cambiado. Free­lance o asalariado, Lobo dejó claro el principal objetivo de su trabajo: “Lograr un texto que ayude a entender la vida de personas que lo pasan mal, a las que no les alcanza la justicia”.

La alternativa está en el crowdfunding

Ante las crecientes dificultades económicas para subsistir, los periodistas freelance recurren cada vez más a una alternativa que proporciona internet: el crowdfunding o financiación directa del público. “Público gratis en internet a cambio de un dinero que no llega por los medios tradicionales”, asegura Jordi Pérez Colomé, fundador del blog Obamaworld. “Pido dinero a mis lectores para hacer viajes y escribir reportajes sobre los países a los que voy”, explica este ‘autofreelance’ que ha ideado un modelo alternativo de negocio periodístico.

Fuente: diagonalperiodico.net

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