Colombia: La paz, un proposito nacional

28 mayo, 2013

Imagen-Colombia: La paz, un proposito nacional

Nos llena de ilusión la  realización en Europa de las Mesas de Paz con presencia de la comisión designada por parte de la Cámara de Representantes y Senado del Congreso  para garantizar las propuestas de los colombianos/as en el exterior a La Habana (Cuba).

En Londres, París, Bruselas y Barcelona una vez más se reforzaron los anhelos de paz del pueblo colombiano. Su sociedad está convencida que ni violentos, ni guerreros podrán contra el deseo de los habitantes de nuestra joven república que tantos períodos han sufrido el dolor y la indignidad por la barbarie del conflicto.

Más allá de las fronteras, las Mesas de Paz reconocen a la emigración y el exilio de millones de colombianos/as, así como de quienes quieren formarse más y salen a estudiar.  La calidad y cantidad de propuestas que surgen de estas reflexiones impresionan por la madurez y profundidad. Las conclusiones: los/as colombianos/as en el exterior quieren un país diferente donde no les avergüence la pobreza y miseria ajena.  Una Colombia donde sepamos la verdad y construyamos la memoria histórica que reconozca a todas las víctimas; una historia de reconciliación y justicia que podamos contar a las generaciones venideras. Reconocer que necesitamos  sanar de tantas heridas que un conflicto prolongado ha dejado en los/as colombianas/as… es un buen inicio. Sólo cabe la justicia y la construcción colectiva para poder convivir.

Las reflexiones  vertidas en estos eventos han remarcado con  absoluta convicción que  la negociación… no es la paz. Siendo de vital importancia el acuerdo entre actores de la guerra, la paz es mucho más: un proceso sostenible y duradero que requiere un cambio de cultura, de la estructura de la desigualdad y de la violencia social. Debe alcanzarse por vías democráticas de participación real y representativa con garantías a la oposición.

Entre tantas propuestas, me quedo con la idea fuerza de que esta negociación no puede frustrarse y hace falta que le acompañe una gran sensibilización como la que han transmitido los/as congresistas en su gira.  Hay que conseguir un gran propósito nacional que eleve este proceso a una política de Estado.

Para asegurar la durabilidad y sostenibilidad del proceso  se hace necesario fomentar la cultura de paz. Resulta imprescindible el encuentro entre víctimas y victimarios para conocer la verdad, y restituir a las víctimas  hasta  lograr la reconciliación nacional.

Muchas de las propuestas que salieron de las mesas están en mora de aplicarse, lo debe hacer ahora el gobierno Santos, no  están condicionadas a los acuerdos  de la negociación, ponen de manifiesto la falta de voluntad política del Estado con los/as colombianos/as que residen en el exterior. Me refiero sobre todo las reiteradas a superar el abandono en que se ha dejado a más de cinco millones de personas que están directamente afectadas por la violencia social, económica o política, cuestión en la que hubo gran consenso.  Máxime cuando ya han sido aprobadas leyes que no tienen reglamentación ni presupuesto en materia de retorno, gestión y reconocimiento de las migraciones.

Las conclusiones de las Mesas de Paz son una apuesta firme frente a las voces que priorizan el tiempo y fechas para que se logre el acuerdo y así conseguir réditos electorales. Este siniestro cálculo político: o la paz en un período determinado, o la ofensiva militar… no tiene cabida en Colombia.

La sociedad no se dejará arrebatar  la oportunidad para caminar hacia otro nuevo tiempo, este anhelo crecerá y escalará a todos los rincones del territorio y también fuera de Colombia. Animamos a la comisión de paz del congreso a que continúe con  su campaña de pedagogía política sobre el momento histórico que vivimos porque sesenta años de conflicto y los que pudieran venir con más retaliaciones y odios bien merecen el tiempo del diálogo y debate social sobre el país que reconstruiremos desde la inclusión social, económica y política, con unas bases sólidas de interiorización y consenso.

Por eso, las Mesas Europeas han sido auténticas y deben seguir celebrándose dentro y fuera del país, no podemos en este punto escatimar esfuerzo para darle la continuidad que necesita.  Horas después de terminar con éxito la Mesa en Barcelona, conocimos el acuerdo que bajo el título Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma rural integral. Él mismo recoge la voluntad quienes negocian en La Habana por conseguir “transformaciones radicales de la realidad rural y agraria de Colombia con equidad y democracia”.  Tanto las FARC-EP como el gobierno colombiano han manifestado su voluntad de tender la mano al pequeño productor, mejorar el acceso y distribución de tierras, luchar contra la pobreza, estimular la producción agropecuaria y reactivar la economía del campo.

Siento ahora que vamos en la buena dirección. Sin prisa pero con paso firme y decisión colectiva para el fin del conflicto que nos desangra.

Yolanda Villavicencio M.
Presidenta de AESCO.

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