Mendicidad militar colombiana contra America Latina

5 junio, 2013

Imagen-Mendicidad militar colombiana contra America Latina

Los dirigentes colombianos siguen considerando al pueblo como un minusválido, que no puede valerse por sí solo y que hay que recurrir a la tutela de los imperios militares.

El caso de solicitar ingreso de Colombia a la OTAN es una muestra de ello. Cuando Ecuador, en un acto de soberanía indiscutible, echo a la base Militar estadounidense de Manta, Álvaro Uribe Vélez, presidente en ese entonces, no dudo en ofrecer nuestro territorio como asiento de esos ejércitos intervencionista y les brindo siete bases estratégicas, en un acto de permisibilidad de ocupación territorial por tropas extranjeras.

Esta solicitud tiene graves repercusiones a nivel interno y externo. En lo doméstico, se ve claramente un intento de intimidación hacia el pueblo y una zancadilla más para abortar el proceso de paz si los negociadores de las FARC en La Habana no aceptan sus condiciones de vencidos. En lo político, demuestra que estos gobiernos de mentalidad esclavista no podrán legitimar sus gobiernos a través de las urnas y tienden a protegerse con tropas extranjeras con la intención de prolongar en el tiempo la débil democracia inconclusa que representan. Y en el plano psicológico, pretenden que el pueblo se crea el argumento que solos no podremos crear una identidad de país que nos enorgullezca a todos. En el plano económico, la intención velada es proteger el campo minero y las inversiones del capital transnacional y consolidar el poder de las élites financieras, agroindustriales y políticas por tiempo indefinido.

No hay que olvidar que en Colombia solo vota el 40% de la población. Y en una eventual democratización del país, ese 60% inactivo políticamente, como ha ocurrido en los países del área, puede arrancarles el poder y jubilar a las viejas castas politiqueras a nivel nacional, que son las que controlan todo con la ayuda de inteligencia, recursos y orientaciones del capital internacional.

En clave externa las cosas son aun peores. Es ni más menos una agresión abierta a los países que empiezan a dar los primeros pasos como países soberanos, después de desechar toda ingerencia extranjera en sus territorios. Ecuador, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Uruguay, Brasil y Argentina, abogan incansablemente por la unidad política, geográfica e incluso militar de la región. Esa determinación los llevó a fundar el Banco del Sur, en contrapeso del Fondo Monetario Internacional y El Banco Mundial.

Crearon UNASUR para resolver los problemas políticos sin ingerencia de la  OEA. Contra viento y marea, tratan de sacar adelante bloques económicos independientes como MERCOSUR, EL ALBA y otros. Incluso, el comandante Chávez había ideado un organismo militar multilateral para oponerlo a la OTAN, no sin antes soñar con un conteniente de fronteras abiertas y con una moneda única.

Pero no. Tenían que ser los arrodillados dirigentes colombianos los que intenten sabotear todos estos vientos liberadores de la región. Con ello lograrían la división de los países del área. Incentivarían una carrera armamentista inédita en Sur América y el Caribe para contrarrestar el poder militar de la OTAN asentada en Colombia. Los pueblos democráticos  de la zona descuidarían sus programas de avanzar en la búsqueda de su soberanía energética, soberanía alimentaria, soberanía económica y política para enfrentar la nueva amenaza continental auspiciada por Colombia, en detrimento de los planes de crecimiento que se habían impuesto.

Cuando leí el titular del pedido de Juan Manuel Santos en la prensa colombiana, no lo podía creer. No se deja de sentir una vergüenza ajena, una impotencia momentánea y una repulsa hacia quienes quieren perpetuar el colonialismo por encima de todo. Estos actos representan un atrevido irrespeto a los países que luchan por su soberanía. Este acto de fatalismo propio de dirigentes políticos que ejercen la mendicidad para procurarse las cadenas para el pueblo, en plena negociación de un proceso de paz, son los que impiden la creatividad y el avance hacia nuevas formas de vida o pensamiento distinto al de la  tutela internacional para existir como tales.

Pero Colombia es un país inmenso, grande, con vocación libertaria, auque esa vocación haya sido masacrada por estos vende patrias de siempre.  La conciencia despertará como despertó en los países vecinos.

Todos los días pienso en nuestra Colombia y confío en que nadie de los negociadores se levante de la Mesa de La Habana hasta que se alcance un acuerdo para la construcción de la paz. Y ojala así sea. Lamentaría mucho que las negociaciones se rompieran, pues con ellas se romperían las ilusiones de toda un país. Pero si las amenazas de la OTAN, esa organización militar que humilla a los pueblos de Asia y a quienes contradigan sus postulados, ya no lo lamentaría demasiado. Un copamiento de Colombia por la OTAN representa otro siglo, cuando menos, de dependencia colonial.

Por: Arturo Prado Lima
@arturopradolima

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