La emigracion y la baja natalidad dificultan el despegue de Portugal

24 junio, 2013

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La emigración provocada por la crisis, el envejecimiento y una baja natalidad han llevado a Portugal a perder en dos años unos 90.000 habitantes, una “sangría” poblacional que puede dificultar el despegue del país, según los expertos.

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) luso plasman una preocupante tendencia para el futuro de Portugal, que cerró con 10.487.289 residentes en el 2012 tras dos años consecutivos de fuerte caída.

“La demografía causa un efecto negativo que puede suponer una mayor dificultad al país para que se recupere”, resumió a EFE la especialista en demografía Filomena Mendes, quien recordó que una población envejecida es generalmente menos productiva que una joven.

El aumento de jubilados y la disminución de jóvenes como fuerza laboral ponen en jaque el actual sistema de protección social, avisó la investigadora.

“Hay muchos inactivos dependiendo de trabajadores activos, y eso representa un peso enorme. Si seguimos así, el sistema va a colapsarse, será imposible mantener las pensiones y los beneficios sociales”, alertó.

Mendes, quien ocupa el cargo de presidenta de la Asociación Portuguesa de Demografía (APD), identificó tres factores que han impactado negativamente a la demografía lusa: la emigración, que se ha disparado por la crisis; la baja fecundidad -1,28 hijos por mujer de media-; y el paulatino envejecimiento de la población.

Portugal es considerado el sexto país más envejecido del mundo (un 20 % de su población tiene 65 años o más), arroja más fallecimientos que nacimientos (saldo natural negativo de unas 18.000 personas en el 2012) y sufre una ola migratoria que llevó a unos 50.000 portugueses a abandonar el país sólo en 2012.

Todo ello coloca en riesgo la “sustitución” de los portugueses que se jubilan por jóvenes que ingresan en el mercado laboral. Ejemplo de ello es el índice de renovación de la población activa del país, que ha caído en picado.

“Hay que saber qué modificaciones pueden llevar a que las personas sean más productivas durante más tiempo”, expuso Mendes, quien sugirió una disminución de las jubilaciones anticipadas para mantener en activo a los portugueses de entre 55 y 64 años.

Para la profesora de la Universidad de Evora, lo más sorprendente en Portugal es el fuerte aumento de la emigración, pues la baja natalidad y el envejecimiento eran problemas ya conocidos y comunes a otros países desarrollados.

“Los más jóvenes y cualificados salen del país en gran número. Así, disminuye la población activa y baja la productividad. Conlleva también implicaciones serias en la natalidad, pues son las parejas jóvenes las que salen”, arguyó.

Desde finales de los 90 hasta el 2010, Portugal fue un país receptor de inmigración, y prueba de ello es que su población creció en unas 300.000 personas en esta década por la llegada de brasileños, africanos de las antiguas colonias y europeos del este al calor de las grandes inversiones.

Sin embargo, el agravamiento de la crisis que desembocó en el rescate financiero a Portugal -que solicitó la ayuda internacional en abril de 2011 y desde entonces cumple a cambio con un severo programa de austeridad-, ensombreció la perspectivas de sus habitantes, sobre todo los jóvenes, que optaron por dejar su país.

Mendes advirtió de que si el saldo migratorio -diferencia entre emigrantes e inmigrantes- se mantiene en negativo (37.000 en 2012), la caída de la población en Portugal puede ser aún mayor que la pronosticada.

Concretamente, la Asociación Portuguesa de Demografía calculó el pasado año que hasta 2030 el número de habitantes en suelo luso podría caer en un millón, equivalente a un 10 % del total.

Aparte de la emigración permanente, ha aumentado también la temporal, que aglutina a quienes pretenden permanecer en un país extranjero un tiempo inferior a un año. Entre 2011 y 2012, ésta creció cerca de un 20 %, hasta los 69.460 portugueses.

Si la tendencia continúa, señaló la investigadora, los actuales niveles podrán equipararse a las masivas olas de emigración vividas en los años sesenta, cuando el país estaba sumido en una crisis crónica durante la dictadura de Salazar (1926-1974).

Fuente: canarias7.es

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