Elecciones en Brasil: la izquierda, la derecha, la gente marginada y sin esperanzas

24 octubre, 2014

Imagen-Elecciones en Brasil: la izquierda, la derecha, la gente marginada y sin esperanzas

Por Gerard Coffey

No se puede negar la importancia de Brasil en el contexto sudamericano: no solo es la economía más grande de la región, y sexta en el mundo, es también el sine qua non de la unidad del continente.

 De su participación activa dependen proyectos como el UNASUR, el Banco del Sur y una proyectada Corte Penal regional. Es, en breve, el líder político de Sudamérica, a pesar de preferir en muchas ocasiones lucir en el escenario internacional y consolidar su estatus de potencia global.

Puede que tenga sus ojos puestos en otro nivel, pero su liderazgo en la región – algunos lo clasifica de sub imperialismo – es incuestionable. Y desde la subida al poder de Lula da Silva en el 2002, la importancia de Brasil se ha consolidado debido el éxito del modelo instituido por el Partido de los Trabajadores (PT). Ha sido todo un fenómeno. La significativa reducción de la pobreza, la creciente influencia mundial y, hasta hace muy poco, la paz social logradas bajo Lula sirvieron para fortalecer la imagen de una potencia global en ciernes. Orden y progreso. Todo el mundo amaba y quería ser Lula.

Pero el éxito es efímero, y los resultados económicos de los últimos cuatro años han decepcionado, aun cuando resulta un tanto engañoso decir que el país ya entró en una ‘recesión técnica’ debido al crecimiento negativo de los primeros dos trimestres. Según lo previsto el crecimiento del PIB de este año será en el orden de 1.4%. Sin embargo, las consecuencias sociales del menor y más irregular crecimiento están a la vista. Se reflejan no solo en menos oportunidades de empleo, sino también en el nerviosismo de la población y la subida de la derecha, cuyo candidato Aécio Neves ha logrado asestar un fuerte golpe al oficialismo.

 El desgaste del Lulismo

El desgaste del Lulismo es evidente. Los disturbios callejeros en torno a la Copa Mundial (en la que los anfitriones jugaban muy mal; no merecían ganar a Colombia, hay que decirlo) no solo pusieron en manifiesto los vacíos y la falta de inversión en los servicios sociales (educación transporte y salud) sino también subrayaron las crecientes exigencias de una población más acomodada. Por primera vez tambaleó la popularidad y credibilidad de Dilma Rouseff, la sucesora de Lula, y pusieron en entredicho los logros del PT mismo. Como consecuencia ella se encuentra ahora en una carrera muy reñida para mantenerse en el poder.

Puede que al final gane Rousseff – no sería sorpresa si las encuestas han inflado el apoyo a Neves – pero aquí un inconveniente: aun cuando triunfe la representante del PT en los comicios de este domingo 26, Brasil seguirá siendo uno de los países de mayor desigualdad del mundo. Y por desgracia, la reelección de la candidata del PT no ofrece ninguna garantía de un futuro esperanzador para los millones que ‘salieron de la pobreza en la última década , sin hablar de los millones que nunca tuvieron posibilidades de alcanzar al estatus místico de ‘clase media’.

Sería un error, sin embargo, relativizar los esfuerzos y los logros de las administraciones del PT, porque son indiscutibles, y como señala José Arbex Jr., ex editor de Brasil Da Fato y Caros Amigos:

“Los trabajadores brasileños tuvieron mejorías reales del nivel de vida durante el gobierno Lula / Dilma, especialmente los trabajadores ubicados en los patamares salariales más bajos. Esto fue suficiente para subir a unos 30 o 40 millones de brasileños de nivel de la miseria al nivel de la pobreza. Por supuesto, es muy poco, pero teniendo en cuenta que Brasil fue el último país del mundo en abolir la esclavitud (en mi opinión, no fue totalmente abolida hasta hoy), el ‘poco’ significa ‘algo’.”

Este ‘algo’ sí es un dato, pero ahora luce más complicado mantener el mismo ritmo para seguir bajando la desigualdad y mejorando la vida de la gente marginada, y existe el peligro real de que para muchos brasileros el gran salto adelante resulte efímero. La economía nacional está débil y los augurios para la economía global que impulsaba el auge de las exportaciones de soya y hierro son desalentadores: Europa no sale de su malestar y la economía china se ralentiza. Con todo, está claro que los buenos años de la primera década del siglo no regresarán pronto, dejando a los que aún viven en miseria sin esperanzas de que su situación cambie, y a los nuevos de la clase media con el miedo de que su estadía sea breve. Como señala Arbex:

“Bajo el gobierno Lula / Dilma, millones de trabajadores, alentados por una política del gobierno que estimuló el consumo como una forma de mover la economía, incurrieron en deudas que ahora no tienen manera de pagar. Ya hay una situación de desesperación y frustración en una parte de las familias de los trabajadores que ya se han dado cuenta de la situación. ¿Qué pasará con ellos? Creo que ocurra un desastre. Ojalá me equivoque.”

Un salto o un tiro

Con el inesperado colapso de la candidatura de Marina Silva, inicialmente vista como la cara del cambio, el llamado social demócrata Aecio Neves del Partido Social Demócrata de Brasil (PSDB) ha subido a la palestra para retar a Dilma Rousseff y el PT. Si las encuestas son creíbles, los dos van parejo hacia la meta, pero en el país carioca pocos dudan de que una victoria de Neves, nacido en una familia poderosa de Minas Gerais donde su padre apoyaba la dictadura, significaría la llegada de la muy hablada ‘renovación conservadora’. Las señas se acumulan. Por ejemplo, el economista ya designado por Neves como su probable Ministro de Economía, Arminio Fraga, ya habla de su receta para las desgracias del país: Brasil debe someterse a un “choque de gestión”, cuyas medidas incluirían rebajar el salario mínimo.

“Todos sabemos lo que eso significa.” dice Arbex “En pocas palabras, con Neves la situación de los trabajadores brasileños se asemejará a un tipo que está al borde del abismo, y que se enfrenta a dos opciones: o salta, y ora por algo para suavizar su caída, o no salta y toma un tiro en la cabeza. Creo que la elección de Dilma es el salto, mientras que la victoria de Aécio es la bala en la cabeza. Nada de esto es muy alentador.”

Quizás la gente de clase media tiene la opción de saltar, pero gane quien gane la situación de la gente pobre en Brasil es una de tremenda inseguridad. Es la bala o la bala. La derecha está de regreso y ese regreso, aun cuando pierda Neves, conlleva el peligro de que la agenda electoral del PT se acerque a la de sus opositores resurgentes para maximizar la posibilidad de una victoria a futuro. Por ende, en el corto plazo es probable una reducida diferencia entre las políticas económicas de la derecha y la izquierda. Y en Brasil ese nuevo contexto político combinado con un panorama global menos alentador significaría que el horizonte de los pobres, sobre todo los jóvenes y de la gente negra, siga desolado: sin representación real en el espectro político, y condenados a la miseria en una economía inestable donde la violencia es rampante.

Según el Mapa da Violência 2013 del Centro Brasileiro de Estudios Latino-Americanos Brasil es el séptimo país más violento del mundo done un millón de personas fueron asesinadas entre 1998 y 2011. Los homicidios también tienen color: la mayoría de víctimas en el 2011 era gente negra (35.297) casi triplicando el número víctimas no negras (13,895), y eso en una población compuesto en un 52% por afro brasileños. Al mismo tiempo los jóvenes afro brasileros son sumamente vulnerables: de las víctimas de homicidios en ese estrato, el 77% eran negros.

 Brasil y la región en la mira de EE.UU.

A nivel interno las perspectivas de la gente marginada no son buenas, pero los impactos de una victoria de Neves y la derecha brasilera no terminarían allí. Dada la importancia geopolítica de Brasil, es ampliamente conocido que para EE.UU. el país es visto más como competidor que amigo, y por tanto representa uno de los objetivos de las políticas de control regional de Washington.

Con su creciente poder militar y comercial, su peso dentro del MERCOSUR y la posición que este ocupa en el mercado global de los alimentos (representa el 55% de los intercambios mundiales de soja, y casi el 70% de las exportaciones de harina y el 61% del aceite derivado de esta oleaginosa) , además de la importancia de la Amazonía y su agua dulce, Brasil es importante en varios sentidos.

Y quién controla a Brasil tendrá mayor capacidad de influir en una región que, si bien es claramente menos díscola que antes, todavía consta en el menú de la potencia del Norte.

Remata Arbex:

“Desde el punto de vista internacional, la victoria de Aécio tendría un significado peligroso: el imperialismo tendrá las manos mucho más libres para intensificar los ataques contra Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador.”

Amén.

Fuente: lalineadefuego.info

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