Espana: La criminalizacion del movimiento migratorio

19 noviembre, 2014

Imagen-Espana: La criminalizacion del movimiento migratorio

Ministro de Interior de España - Jorge Fernández Díaz

El pasado día 6 de este mes, el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se reunía en París con el nuevo comisario de Migración y Asuntos de Interior de la Unión Europea, Dimitris Avramopoulos, y declaraba tras la reunión aquel jueves: “Es evidente que entre esas avalanchas de inmigrantes irregulares se cuelan también terroristas yihadistas, vamos a decirlo claramente”, en referencia a quienes tratan de entrar en España a través de Ceuta y Melilla.

Las declaraciones, que no dejaron a nadie indiferente, se hicieron eco en las noticias rápidamente, ya que además de la gravedad de la acusación, el ministro no aportaba la mas mínima prueba al respecto.

No tardaron en llegar las reacciones y, al ser preguntado al respecto, el presidente de Coalición por Melilla (CpM) y líder de la oposición en la ciudad autónoma, Mustafa Aberchan, ha dicho no creer que los terroristas yihadistas “se suban a la alambrada para llegar a Melilla”, ya que a su juicio utilizan “otros sitios” para pasar a la ciudad autónoma “con más garantías”. Como culpar a los pobres no es políticamente correcto, pues hay que mentir

Las palabras del político melillense sonaban lógicas ya que, desde un punto de vista táctico, cuesta imaginarse a un hipotético yihadista entrando en un país para atentar de una manera tan visible, y sobre todo tan arriesgada. Pero ¿por qué iba entonces el ministro a decir tal cosa públicamente? Una acusación de tal nivel sobre los migrantes que saltan la valla no puede ser gratuita, y está claro que no lo es. Veamos.

Esta reunión era muy esperada después de que la anterior comisara de Interior, Cecilia Malmström, hubiese dado un toque de atención a España respecto de la violencia en la valla de Melilla antes de dejar su cargo. Por entonces, el Gobierno reaccionó diciendo que iba a esperar a que el nuevo comisario tomara posesión del cargo para responder. Un aspecto a destacar, si tenemos en cuenta que el nuevo comisario europeo de Migración y Asuntos Internos es griego y pertenece al partido derechista Nueva Democracia, que en los últimos años se ha destacado por desplegar una política claramente xenófoba en su carrera electoral con intención de robar votantes al partido neonazi Amanecer Dorado, que ya es la tercera fuerza en intención de voto en el país heleno.

El nuevo Parlamento Europeo, de claro corte derechista y xenófobo, y el ejecutivo resultante del mismo, parece tener muy claro qué clase de Europa pretende construir. Y el PP se muestra en plena consonancia con tales ideas, ya que van en la línea del gobierno, que en los últimos años ha venido diseñando una estrategia propagandística de criminalización del proceso migratorio.

En Melilla este tipo de declaraciones no suenan extrañas a nadie. A principios de mes la Asociación de Sin Papeles de Madrid lanzaba una campaña para que la fiscalía impute al diario El Faro de Melilla por “incitación al odio” contra los inmigrantes en una de sus portadas. El listón esta alto en la ciudad autónoma.

El pasado 25 de octubre el presidente de la ciudad, Juan José Imbroda, alertó del “riesgo que conlleva” la inmigración ilegal, advirtiendo del auge del yihadismo y del fundamentalismo en una zona no lejana como el Sahel y relacionándola con la supuesta violencia con la que los inmigrantes intentan cruzar la alambrada.”Nosotros no sabemos quiénes son los que vienen, no sabemos quiénes son los que están saltando la valla, no lo sabemos”, dijo.

Otro de los grandes puntales de esta estrategia, además del yihadismo, son las “mafias”, ya muy recurrentes. Hace un mes, el presidente de Melilla seguía señalándolas como principal causante del “drama de la inmigración” y las acusaba de convencer a los subsaharianos de atravesar países y saltar la valla, aprovechándose de la miseria ajena. Hace un año, Rajoy las utilizaba para justificar la colocación de concertinas en la valla. Rajoy utilizaba la existencia de mafias para justificar la colocación de concertinas en la valla

El pasado 4 de marzo, tras el intento de 1.500 subsaharianos de cruzar la valla de Ceuta, el ministro Fernández Díaz aseguraba: “Es evidente que las mafias criminales que trafican con seres humanos están detrás de todo este movimiento”. Días después recalcó: “Las mafias se están alimentando de los debates generados en España para organizar futuros asaltos masivos a las fronteras”.

Curiosamente ese mismo mes el jefe de Brigadas de Estranjería y Fronteras de Ceuta era destituido de su cargo tras decir en una entrevista que los intentos de entrada en grupo son “un movimiento impulsivo de los inmigrantes” y no de las mafias, conocedor de la situación sobre el terreno. Conscientemente o no, se había desviado del discurso oficial.

Tras el salto del 15 de octubre, que se hizo famoso por la violencia empleada por las fuerzas de seguridad contra los subsaharianos con el vídeo publicado por Prodein, el delegado del gobierno en Melilla denunciaba que “la inmigracion no debería estar en manos de las mafias”.

Los ejemplos son muchos y parecen responder a una estrategia clara de difamación, con el objetivo de despersonalizar al sujeto migrante y privarlo de derechos, negando su existencia como ente autónomo, ligándolo a supuestas redes criminales y al terrorismo. No en vano, el portavoz de la Comisión para Migrantes Trabajadores de la ONU ha alertado a principios de este mes del aumento de la criminalización de los inmigrantes. La amenaza es seria.

Pero si uno visita de primera mano la situación en la Frontera Sur, se dará cuenta de que la realidad es otra. El movimiento migratorio es muy complejo, pero ni de lejos esta orquestado por las mafias. La migración es un fenómeno natural que ha acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos y tiene muchas causas y explicaciones, pero desde luego no es parte del malvado plan de ninguna mafia. Otra cosa muy diferente es que haya grupos de personas que ofrecen servicios –fuera de la ley– a los migrantes en su viaje, y que haya también grupos criminales que secuestran y roban a los migrantes, y que, por cierto, poco interés tienen en que estos lleguen o no a Europa. Eso es otra historia.

Más del 75% de personas que entran en territorio español lo hacen por mar, según el último informe de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. De ellos, una gran parte entra en patera, de las cuales algunas están ayudadas por redes clandestinas y otras son completamente auto gestionadas por los migrantes; y al menos el 27% son balsas hinchables de juguete que los propios migrantes compran para cruzar el Estrecho, sin ayuda de nadie.

Luego están las entradas por la vallas de los perímetros fronterizos de Ceuta y, sobre todo, Melilla, que representan sobre la migración total solamente un 15%. Dado su reducido volumen, resulta obvio que su presencia en los medios está sobredimensionada, y parece claro que su ‘espectacularidad’ es utilizada por el gobierno como arma arrojadiza contra la migración en general.

Si uno va al campamento del Gurugú, al lado de Melilla, verá que allí no actúan mafias, que todos los migrantes que saltan la valla llegan por su voluntad (o más bien por la necesidad) y una vez allí se auto gestionan. Deben organizarse para sobrevivir a las constantes redadas de los militares marroquíes y conseguir su objetivo de saltar la valla. Normalmente se trata, además, de aquellos más desfavorecidos que no tienen dinero para comprar una balsa o una patera y se tienen que enfrentar a la violencia que supone saltar la valla y las fatales consecuencias que ello puede representar a su integridad física.

El gobierno sabe todo esto, pero cuando se trata de la migración irregular a alguien hay que culpar, y como culpar a los pobres no es políticamente correcto, pues hay que mentir. La maquinaria propagandística se pone en marcha, conscientes de que “una mentira repetida hasta la saciedad se acaba convirtiendo en verdad”, como dijo el maestro de la propaganda Goebbels. Las redes clandestinas son producto de los flujos migratorios y no al revés

Incluso en aquellos casos en los que la migración pasa por redes clandestinas, éstas son simplemente un producto de los intensos flujos migratorios estabilizados tras años, y no al revés. De la necesidad surge la oferta. Si un migrante necesita atravesar kilómetros por territorio desconocido para llegar a Europa, no nos puede sorprender que haya gente que vea negocio en ofertar transportarlos y sacar tajada del hecho. Además de que en este negocio los funcionarios de muchos países son cómplices. No es más que la oferta y la demanda, un principio básico del sistema capitalista, sistema que luego abanderan todos los países europeos que cierran sus fronteras a la entrada de migrantes. Los negocios son válidos en tanto en cuanto no molesten a los que manejan el juego. Y eso, señoras y señores, sí que es el comportamiento propio de la mafia.

No hay que olvidar que ‘mafia’ es un concepto europeo, y es que en ningún otro lugar que Europa podía haber nacido. Son muchas las ONG que llevan años ya denunciando que la inmigración es el centro de un gran engranaje de negociaciones, extorsiones, amenazas y tratos en el ámbito geoestratégico entre los países. Como dijo José Palazón –presidente de la ONG melillense Prodein– en su comparecencia en el Parlamento Europeo: “Los gobiernos de España y Marruecos son la mayor mafia de traficantes de personas del mundo. Están pasando ilegalmente personas por fronteras y lo saben, pero tienen sus acuerdos económicos y políticos y realizan este tráfico con violencia”.

Los inmigrantes no parten de sus casas convencidos por ninguna mafia, sino por voluntad propia, al igual que la mayor parte de las personas de este mundo. Pero, a diferencia de ellas, los africanos tienen grandes dificultades para viajar. La UE concede un número muy limitado de visados a los países africanos, infinitamente menos que al resto de países, y los requisitos para conseguir uno son muy exigentes. Por no hablar de las dificultades de tramitarlo en países con fuerte corrupción y despotismo gubernamental. El ciudadano africano medio se desespera y se entierra en un mar de burocracia e impotencia para obtener legalmente algo muy simple: el derecho a la movilidad.

Muchos viven en una sociedad ahogada por la violencia, la carestía de los alimentos, los bajos salarios o la corrupción de sus gobiernos, y cuando deciden probar suerte en otro país, se encuentran con las puertas cerradas por provenir de un continente pobre. Se trata de una situación de discriminación y racismo institucional por parte del mundo occidental sin el más mínimo disimulo.

Y por supuesto de un ejercicio de hipocresía brutal, pues esos mismos países que niegan su entrada a los africanos son los mismos que llevan doscientos años saqueando sus recursos naturales y siguen hoy en día poniendo y sacando dictadores, desplegando tropas (de pacificación les llaman) y jugando con sus economías. Tenemos los ejemplos del eterno conflicto congoleño o la reciente intervención francesa en Mali.

Según la ONU, la especulación con los alimentos que realizan los mercados financieros en las principales Bolsas del Mundo es una de las principales causas del hambre en África. La economía de países como Costa de Marfil o Burundi depende de la exportación del café, pero el precio del mismo en el mercado mundial se decide a miles de kilómetros, en lugares como Londres. Si queremos hablar de mafia, hablemos de tratados comerciales desiguales impuestos por Europa a los países africanos tras sus independencias (Convenciones de Youndé de 1963 y 1969 o las convenciones de Lomé I, II, III, IV entre 1975 y 1989) y hoy en día (los Acuerdos de Asociación Económica).

Y no hay nada que hacer. Cuando la mayor parte de los Estados africanos nacieron, las reglas del juego estaban ya hechas, y su capacidad de movimiento era ya nula. Los occidentales habían creado el FMI, el Banco Mundial o la OMC para decidir en que tablero se jugaría, y clarísimamente a los africanos les había tocado estar en la bancada de los perdedores.

El tema va, una vez más, de ricos y pobres. De los que lo tienen todo contra los que no tienen nada.

Está claro que no se trata de mafias, ni mucho menos de yihadistas que saltan la valla, se trata de criminalizar a los migrantes para desposeerlos de derechos y así tener licencia para actuar más allá de lo que las –ya de por sí laxas– leyes permiten. Cada vez más, las normativas de derechos humanos son un atranco para las políticas de una Europa Fortaleza que renuncia a perder sus privilegios.

Las línea parece ser la mismas diseñada por la administración Bush a principio de siglo para excusar sus políticas intervencionistas: el fantasma del terrorismo y la seguridad. Se trata de incidir en el imaginario colectivo, ya que, como decía David Hume: “El control de la opinión es la base de todo gobierno”.

Fuente: diagonalperiodico.net

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