Colombia: Ciudado con las coordinadas del sitio de liberacion del General Alzate

24 noviembre, 2014

Imagen-Ciudado con las coordinadas del sitio de liberacion del General Alzate

Juan Manuel Santos Calderón - Presidente de Colombia

Por Arturo Prado Lima

“La mejor estrategia es la que consigue, por medio de diplomacia y negociaciones, abortar el conflicto, hacerlo innecesario”. Es la sentencia de Sun Tzu, el victorioso general chino del siglo VI a.C.

Ahora, ya que esta máxima es imposible aplicarla en un conflicto tan degradado como el de Colombia, al menos el presidente Juan Manuel Santos debería procurar mantener el monopolio de sus propias fuerzas armas, sus fuerzas de inteligencia y su personal de seguridad, pues esta función, garantía de soberanía democrática, hace aguas desde hace muchas décadas y es fuente inagotable de violencia que, junto a las desigualdades económicas y sociales produce el combustible de nuestra larga y sangrienta guerra nacional.

Todo el mundo sabe que hay varios huecos abiertos por donde meten mano los Señores de la Guerra y sacan información reservada para utilizarla como les viene en gana.

Al perecer, y ya no hablo del control de las armas y el territorio nacional, sino de las Fuerzas Armadas Colombinas, escapan ya al control del propio gobierno. No se puede explicar de otra manera que haya centros de espionaje dentro de las filas castrenses de cuya existencia es ajeno el gobierno del presidente Santos y que en varias ocasiones son utilizadas para hacer abortar el Proceso de Paz que las FARC llevan a cabo en La Habana. ¿Cómo explicar sino que un senador de la República tenga información privilegiada de los movimientos de la Fuerza Pública, de la guerrilla, de las Conversaciones de Paz y datos confidenciales sensibles y aptos para ser utilizados en contra de posibles acuerdos de paz?

¿Es que dentro de las Fuerzas Armadas Colombinas están surgiendo verdaderos kamikazes dispuestos a inmolarse por seguir el camino de la guerra, el oscurantismo, la dependencia económica y la sumisión a las transnacionales?

Porque, ¿qué estrategia de guerra es esa en la que un general del Ejército se desarma, se viste de civil y llega, como si nada, al área de operaciones de la guerrilla? ¿Provocación? ¿Valentía? ¿Zancadilla al proceso de paz? ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Acaso aquel personaje de siempre que según RCN divulgó la noticia del secuestro del general Alzate y sus detalles antes de ser confirmada por Ministerio de Defensa?

¿Tanto le temen a la paz que están dispuestos a sacrificarse porque la inhumana guerra siga vivita y coleando? ¿Es a esa corriente que se plega el presidente para no pactar un alto bilateral del fuego que permita que los diálogos se oigan más fuertes sin el ruido de los fusiles y la fetidez de la sangre? Creo sinceramente que las oscuras fuerzas de la guerra terminarán imponiéndose si no hay un cese al fuego. Los cadáveres sobre la Mesa de Diálogo no ayudan a la reconciliación. Oscurecen la vista. No permiten ver el rostro verdadero del enemigo. Engendra dolor y venganzas.

Es imperativo en este momento, mantener en máximo secreto las coordenadas del sitio en que se va a liberar al General “¿?” y sus acompañantes. Ya Álvaro Uribe utilizó información reservada de este tipo para hacer fracasar el traslado de un negociador de la guerrilla a La Habana. Es probable que Álvaro Uribe ya tenga las coordenadas del sitio de de liberación del general y tenga planes al respecto. Una intervención militar en esa zona daría al traste con los diálogos aunque el presidente, incoherente como siempre, haya prometido que las conversaciones en La Habana se llevarían a cabo como si no hubiera guerra en Colombia y la guerra en Colombia como si no hubiera conversaciones de paz en la Habana. En el primer escollo suspendió el diálogo. Eso desorienta, no da seguridad a nadie.

Y de ello se van aprovechar los amantes de la guerra. Es necesario impulsar movimientos como los “Roseando el diálogo”, y hacer popular una realidad tangible: la verdadera llave del diálogo debería tenerla el pueblo con su mandato en las urnas de las últimas elecciones y no un senador o un general que con su irresponsabilidad temeraria colocan al país al borde del abismo, es decir, al padecimiento de otro medio siglo de guerra.

Hay que reconstruir a Colombia como país. Con el fin del conflicto y una nueva Constituyente que ponga las bases del nuevo país, se debe recuperar el monopolio de las armas, el control del territorio nacional, la vigencia de una Constitución moderna y ágil que garantice los Derechos y Deberes de los ciudadanos que componen o pertenecen a este Estado.

Paro las cosas aun no están claras a estas alturas de la vida. El dominio del territorio nacional lo ejercen los terratenientes, incluido el subsuelo, sobre cuya riqueza minera se lanzan como buitres las multinacionales y los grandes industriales locales. El monopolio de las Fuerzas Armadas es una ilusión. Las FARC-EP y el ELN se han erigido como Estados Paralelos, con dominio de territorio, unas leyes embrionarias de Estado, unas fuerzas armadas y vastos territorios bajo su control. A menor escala, las bandas criminales y los narcotraficantes reproducen esta suerte de micro estados aquí y allá, protegiendo diversos e intrincados intereses y utilizando diversas formas de violencia que tienen sumido al país en un estado permanente de guerra.

No señores de la guerra, no es tiempo de kamikazes al estilo árabe, esos hombres que se inmolan porque no les queda otro recurso para luchar por la libertad haciéndose explotar como bambas humanas contra el enemigo. Con enorme diferencia, claro, allá se inmolan por la paz, acá por mantener un estado de guerra permanente. Ahora es tiempo de buscar fórmulas adecuadas para construir país, construir legitimidad, construir democracia, construir conciencia nacional, construir justicia social, es decir, construir un nuevo país, grande y soberano.

Estamos en un momento delicado. Si pasamos esta fase, la de la reparación de las víctimas de todos los bandos políticos armados poniendo en marcha una justicia transicional justa y equitativa, el proceso de paz en Colombia es irreversible. De allí el pánico de los señores de la guerra. Y el gobierno debe reaccionar. Con una tregua bilateral y observadores internacionales y el pueblo rodeando el sueño de paz y espantando a los kamikazes, saldremos adelante.

@arturopradolima

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