El otro ojo tuerto

6 marzo, 2015

Por: Manolo Palacios.

Berlín-1998

Berlín es la capital alemana y de Europa, decía un joven de ojos azules, pelo rubio y ropa negra que, con una cerveza de lata en la mano, pedía einbiáchengeld, a la entrada de un U-Bahn.

Se calcula que en Berlín; entre sus paredes, casas, bosques y lagos, existen algo así como 3 millones 500 mil habitantes. Pero la ciudad crece y crece; las cifras oficiales proyectan que para el año 2020, la capital alemana será una ciudad metropolitana y cosmopolita europea de cerca de 8 millones de habitantes.

Caminaba por Alexander Platz, una típica plaza europea, trazada en la división del muro de las dos ciudades berlinesas. Esta plaza es el paso obligado de los migrantes y desempleados. La música latina, dicen, ya no se toca de buena manera, los propios músicos ya no están en Europa o si lo están, trabajan en otras tareas.

Así que en Alexander Platz es fácil ver a grupos de latinos, entre 20 o 30, tocando una pésima música y al compás de un martillo con un tambor.

Pero en los espacios de la Plaza, otras voces se interponen. Una voz y una guitarra cantan la famosa canción de Julio Jaramillo, “Nuestro juramento”. Recordé el mundo de las fantasías y los recuerdos. Inmediatamente me dirigí a ver al cantante. Su canto de típico “guayaco” me impresionó y de mis manos fluyeron 5 marcos que estaban destinados a la compra de una cajetilla de cigarrillos.

Escuche todas aquellas canciones de cantina, que a una sola voz cantaban los cuerdos y los ebrios, oyendo una rocola del bar Patricia de Quito.

Me acerque al ecuatoriano y le di mi mano:

- Hola, ¡qué bueno escuchar esas canciones por estos lares!.¿ Dime tú, eres del Ecuador?, le digo con una sonrisa de oreja a oreja.
- Por supuesto de una ciudad enclavada en medio de montañas, con el cielo lleno de estrellas.
- Quito, metropolitano, cosmopolita y universal. Salió con su acento y los rasgos de su guitarra.

Nos animamos a tomar un café en uno de los tantos locales existentes en Alexander Platz. Sus historias eran parte de un cuentero migrante capaz de no desaprovechar la oportunidad del viejo continente. La conversación giraba sobre el tema de los migrantes. Historias de amor, de coraje, locura, muerte y felicidad, daban la pauta en sus testimonios. No había tiempo para preguntar ni aclarar la conversación; esta fluía con trasparencia.

Tres días había durado su viaje desde Ucrania hasta Berlín, pasando fronteras a pie, sin pago de impuestos, cruzando de vagón en vagón del tren para abaratar su viaje y al fin, en Berlín durmiendo en los parques y buscando una forma de trabajo.

Vine con una beca de estudios y una mensualidad que me deban por 80 dólares, con esto se podía vivir más o menos bien, pero con las transformaciones, la devaluación monetaria y el pago de estudios la situación nuestra es de un horror. Hoy recibo, 25 mil cupones (nueva moneda de Ucrania) que equivale, más o menos, a unos 5 dólares. Con ello tengo que alimentarme, transportarme y estudiar en Ucrania, pero no alcanza ni para las más elementales necesidades humanas.

Javier es el nombre del cantante callejero, un militante de las juventudes comunistas ecuatorianas hasta los años 1985, cuando su nombre figuraba en una de las listas negras de investigación policial. Abandonó su suelo y partió al extranjero, – gracias a la ayuda de los militantes socialistas -, con una beca para estudios de ingeniería mecánica en Ucrania-Europa.

Con la caída de la Unión Soviética, vino la perestroika y la transparencia. Con ello, “se acabó el sueño de miles de incrédulos amanuenses”, decía Javier. Ahora sus estudios sin becas requieren de dineros que por lo general son adquiridos en constante trajinar por las ciudades europeas para ganarse la vida, durante sus periodos vacacionales.

Me parecía un dorado sueño concluir mis estudios universitarios en la Unión Soviética, pero nunca imaginé que la transformación política, social y económica, iban a votar por los suelos la capacitación y perfeccionamiento internacional.

“Yo no sabía tocar guitarra”, dice Javier. En París, en 1992, con unos ecuatorianos de Otavalo vivimos tres meses y tocábamos día y noche, en la calle, en las plazas o en algunos restaurantes. Yo pasaba el sombrero y participaba del soneto.

En medio de las noches de ensayos, cervezas “y otras cosas más”, me decidí aprender un instrumento musical. Entonces aprendí a tocar la guitarra más o menos y eso es lo que hago por aquí. En Berlín ya no hay puestos de trabajo, antes había para la venta de periódicos o de peones en la construcción, como también para la limpieza de restaurantes o cafés, pero ahora ya no hay nada, todos los puestos preferiblemente lo desempeñan los europeos.

La noche caía en Berlín, un frío con nieve intensa nos llevó a acurrucarnos en el bar-café París, en la Bisenbinkel, lugar típico de los alternativos y de mesas separadas.

La conversación era emocionante. Sus historias y cuentos de sus viajes por Europa fluían como un hilo sin final. Parecía que sus diálogos se confundían entre la fantasía y la realidad.

“Un día, mi hermanito, salí de Ucrania, en el mes de julio y me fui a Dinamarca. ¡Qué país, qué mujeres, qué culos!. Impresionante, fantástico. Para mi buena suerte, el día que llegue se presentaba en Copenhague ” Eddy y su suLatin-Jazz”.

Había mucha gente que concurría a la presentación y la entrada, hermanito, no te miento, estaba más o menos a 60 dólares. Y yo, sin guita, de pelabolas, sólo con 30 dólares para cualquier corrida.

- Entonces, ñañito, me fui a dar una vuelta cerca del local y en una esquina, hermano, estaba un mann con un tremendo bareto fumando, todo él bacán, con sombrero y una plena chompa de cuero. Me acerqué de guan y le pedí unas pitadas; el mann, gustoso me dio, pero todo esto era sin palabras, de pronto yo le dije: ! Que buena, que rica!, Y el mann me dice, ¿tu hablas español?. Y buena nota, el mann hablaba inglés, francés y español y ¿adivina quién era? No puedes imaginarte …Eddy, el mann que se iba a presentar esa noche.

- Bueno, para no alargarte las cosas más, el mann me invitó a su concierto, sin pagar un centavo, fue una fiesta muy bacana, la gente se divertía y buscaba olor y calor latino. Después, cuando se acabó el concierto, les ayude a desconectar y llevar los instrumentos musicales. Nos fuimos al hotel de los manes y una tremenda comelona y pago de hotel para esta humilde persona. Tres días por ahí, rumba superchevere, comelona, trago, fume y todo.

- Pero la nota, ñañito era que yo me iba a Copenhague a buscar trabajo y ganarme unos centavos para mis estudios, más o menos unos 400 dólares por tres meses de trabajo. Con esto estoy tranquilo en Ucrania, sino estoy jodido.

- Y a estos manes, super buena nota conmigo, una noche conversando le dije que yo necesitaba plata para mis estudios, porque esa era la plena, para eso era mi viaje. En ese momento el mann, no te miento hermanito, al instante, no te miento, sacó un fajo de billetes en dólares, y me dijo, cuánto quieres.

- Me dio 600 dólares y ya te puedes imaginar mí felicidad; 600 dólares fue una bendición para concluir mis estudios. En tres días trabajé, hermano, como burro, cargando maletas e instrumentos y sobre todo vacilando a toda pelada interesada en la música latina.

Javier cogió su guitarra y comenzó a acordarse de algunas canciones ecuatorianas, nuestra mesa se fue llenado de gente migrante y al poco rato se encendió la fiesta popular y la rumba eterna.

Julio 1998.

Compártenos y Síguenos!!:
  • Bitacoras.com
  • StumbleUpon
  • Google Bookmarks
  • MySpace

{ 1 trackback }

Previous post:

Next post: