Ahora a desminar las conciencias

9 marzo, 2015

Por Arturo Prado Lima.

Hacía dos semanas, si mal no recuerdo, que las FARC habían tomado el puente principal de la vía Mocoa – Pitalito. La comandancia del ejército nos hizo llegar la noticia de que se disponía a recuperar el control del puente y restablecer el transito vehicular entre el Huila y el Putumayo. Yo me dispuse, con mi equipo, a cubrir la noticia. A las 6 de la mañana, después de 12 horas de viaje por una carretera imposible, tomábamos por fin la carretera Mocoa – Pitalito. Un reten militar nos retuvo e impidió el paso: la carretera está completamente minada, dijo. Y nos explicaron que las minas “sombrero”, diseñadas para explotar contra vehículos en marcha eran las más peligrosas. Yo insistí, y bajo mi responsabilidad seguimos la marcha.

Una campesina que escuchaba la discusión desde la puerta de su rancho, sacó una sábana blanca y me sugirió que la izara en el todo terreno. Así lo hicimos. Avanzábamos despacio. En los sitios donde había ramas o piedras en la mitad del viaducto parábamos e inspeccionábamos con mucho cuidado buscando los hilos invisibles que templados de una orilla a otra activaban las minas sombrero. Fue una marcha lenta y llena de zozobra, aunque sabíamos que el ejército, que había empezado su ofensiva el día anterior, había desminado lo potencialmente más peligroso para poner en marcha sus tanques cascabel hacia su objetivo. El problema de las minas se había resuelto para nosotros. Fue la primera vez que tuve conciencian del peligro que representaba una Colombia minada, especialmente en los sitios donde el conflicto armado era más virulento. Más 10.000 víctimas de estos artefactos, entre muertos y mutilados se han contabilizados en los últimos años y se cree que hay más de 100.000 minal antipersonales activas en todo el país.

La noticia del acuerdo de desminado firmado por las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos en La Habana es una de las mejores noticias que se haya escuchado después de dos años de diálogos por la paz de Colombia, conjuntamente con el anuncio de los rebeldes de declarar un alto el fuego indefinido y unilateral. En el plano de la movilidad personal, de la seguridad en los campos, de la protección de las regiones y de la humanización de la vida es algo que debemos celebrar los colombianos y el mundo, especialmente la región latinoamericana.

Una vez iniciado el proceso de desminado material con la ayuda de Noruega y los expertos del ejército y las FARC, y la participación activa de las sociedades afectadas por estos artefactos de guerra, debemos prestar atención y entrar de lleno a desminar la conciencia de muchos colombianos para que esto no vuelva a ocurrir. Hoy en día, las fracciones que se oponen a la paz, encabezadas por la ultraderecha conservadora y sus seguidores acérrimos, están armadas de minas, trincheras y tanques psíquicos que pueden dar al traste con la idea de un país fuerte y democrático sin en fantasma de la guerra.

Desminar la conciencia de estos guerreristas no es una tarea fácil. Llevan años sembrando minas en el corazón de la gente. Llevan años enseñándoles a fabricarlas, a explotarlas, a utilizarlas con una táctica y una estrategia propia de expertos militares.
Estas armas psíquicas son más peligrosas que las sembradas por los actores armados. Están hechas para manipular a la gente, para utilizarlas sin remordimientos, con descaro y con crueldad. Estas minas se llaman resentimiento, venganza, odio, sed de sangre, afán de poder, delirios mesiánicos, poseedores de la verdad absoluta, en una palabra, dominación política, económica y militar.

Hemos dado un paso grande en La Habana. Eso ayuda a desescalonar el conflicto. ¡Bravo! Estamos dando la talla. Lo de desminar las conciencias que aun siguen fabricando bombas psíquicas contra la paz es una tarea que, una vez logrado el cese el fuego bilateral y firmada la paz, se debe poner en marcha un plan inmediato para que el posconflicto esté desminado tanto material como mentalmente para que la paz llegue a buen puerto.

Lejos quedará en la memoria esas aventuras periodistas en que, para cubrir un hecho, los corresponsales de las regiones de Colombia teníamos que acudir a sábanas blancas como banderas de paz y vencer el miedo del cuerpo y el alma para llegar al sitio de los acontecimientos y salir ilesos de allí. Sabemos que la medida de desminado la ha aplaudido el mundo entero. Hagamos que próximamente también nos aplaudan el desarme de la conciencia y la puesta en marcha de un plan para crear legitimidad, democracia plena, justicia social y bienestar económico. ¿Es mucho pedir? No. No lo creo. Cuando hay optimismo todo es posible.

Compártenos y Síguenos!!:
  • Bitacoras.com
  • StumbleUpon
  • Google Bookmarks
  • MySpace

Previous post:

Next post: