Mujer sin fronteras (Parte 1)

13 marzo, 2015

Maria Peniche, estudiante, trabajadora y luchadora por los derechos de las personas inmigrantes en Estados Unidos, nos contó su historia para lograr estudiar en Boston, ciudad donde ha vivido la mayoría de su vida como inmigrante mexicana indocumentada. Ella es una de las 11.4 millones de personas inmigrantes que viven en Estados Unidos “sin papeles”.

Así, y como resultado de esta situación, se encontró limitada para poder moverse dentro y fuera de Boston, separada de su familia en México y enfrentada a muchos obstáculos para conseguir un empleo estable ya que corría el riesgo de ser arrestada por las Comunidades Seguras de la Policía para luego ser deportada.

Colombia Informa: ¿Cómo llegó a Estados Unidos?

María Peniche: Llegué a los Estados Unidos cuando tenía 10 años. Mis papás tomaron la decisión porque no encontraban trabajo en ningún lugar y ya no teníamos dinero ni siquiera para comer. Vendieron el apartamento que con mucho esfuerzo logró comprar mi abuelita y con ese dinero conseguimos las visas. Pudimos entrar por tres meses con esas visas. Mis papás luego me dijeron la verdad, me contaron que íbamos a vivir en Estados Unidos.

C.I.: ¿Cómo vivió indocumentada en su juventud?

M.P.: Mis papás trabajaban mucho y les agradezco que no dejaron que viera mi realidad. Crecí pensando que era igual a las demás, no sabía que era indocumentada. No supe sino hasta los diecisiete años, pues cuando a mi mamá le dio un coma diabético y mi papá estaba padeciendo el tener que ganar dinero para la familia nos pidieron apoyo a mi hermano y a mí. Empecé a buscar trabajo pero en todo me pedían el “número de social”, por lo cual me tuvieron que conseguir documentos falsos.

C.I.: ¿Cómo logró estudiar siendo indocumentada?

M.P.: Al llegar el último año del colegio ya todo el mundo estaba aplicando para universidades y yo no sabía que estando indocumentada también me iba a afectar. Pensaba que como le había echado tantas ganas y tuve tan buenas calificaciones, ser indocumentada no iba a importar. De alguna manera no importó, la Universidad Marymount Manhattan College, donde quería estudiar, me aceptó, pero en cuanto se dieron cuenta que era indocumentada y no podía pagar, me dijeron que les llamara cuando tuviera 20.000 dólares (cerca de 52 millones de pesos) en la cuenta de banco para el primer semestre. Cuando uno es indocumentado no recibe ninguna ayuda financiera, tiene que pagarlo todo.

En la oficina de ayuda financiera de la Pine Manor College mi papá me pidió que hablara por él para comprometerse y hacer lo que fuera, ir en las noches a lavar baños, lavar loza, limpiar salones, con tal de que me permitieran ir a la universidad. Luego de eso, conseguimos el plan más barato que se podía dar, fue de 800 dólares (2 millones de pesos) al mes. Así empecé a estudiar, trabajando en tres lugares y mi papá trabajando tiempo completo y horas extras.

C.I.: ¿Por qué regresaron a México?

M.P.: Llegó un momento, creo que fue en mi segundo semestre, en que no podíamos seguir pagando. Tuve que firmar los papeles para no seguir en la universidad y esto me dolió mucho, me hizo cuestionar todo.

¿Qué estoy haciendo en un país donde yo he tratado de dar lo mejor sin recibir nada a cambio? No quiero estar sufriendo cuando puedo regresar a México e ir a la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) gratis y salir adelante.

Influencié la decisión de mis padres para regresar a México, pues les aplicaron “E-Verify”, un servicio que compran las empresas para identificar a los indocumentados; no teníamos donde porque perdimos el apartamento. Nuevamente vendimos todo, dejamos nuestras cosas y nos regresamos a México. Esa no fue una buena idea.

C.I.: ¿Qué pasó cuando regresaron a México?

M.P.: Uno romantiza mucho su país cuando se aleja de él, pero cuando regresas no eres la misma persona, te das cuenta que el país tampoco es el mismo. Nuestros familiares no nos apoyaron, el gobierno menos. Hice lo posible por continuar mis estudios universitarios pero primero tenía que pagar 500 pesos mexicanos (1 millón de pesos colombianos) por la validación de cada año que estudié en Estados Unidos (secundaria, preparatoria y lo poquito que llevaba en la universidad) para poder entrar a la Unam, una universidad llena de trámites complicados y competitivos.

Mis papás ya van por los 60 años y les fue muy difícil encontrar trabajo. Viajaron a Estados Unidos para estar lavando loza y casas, regresaron a México para hacer lo mismo. Ganaban sumando ambos salarios 100 dólares (258 mil pesos) al mes y el arriendo era de 400 dólares (1 millón de pesos). Por mi parte, tuve que ponerme a trabajar.

C.I.: ¿Piensas regresar a Estados Unidos?

M.P.: En una fiesta familiar, el esposo de mi prima trató de abusar de mí sexualmente, no me dejé, le avisé en su momento a mi hermano y a mi prima. En vez de apoyarme se enojaron conmigo. Su esposo me dijo que me iba a arrepentir. Una semana después empecé a tener hombres extraños siguiéndome y nos enteramos que el marido de mi prima trabaja para un cartel en México, mi vida estaba en peligro.

Fuente: colombiainforma.info

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