Peligran negociaciones de paz: pasemos a una forma superior de lucha

20 abril, 2015

Por Arturo Prado Lima.

Los hombres inferiores nunca podrán enfrentar al enemigo con una forma superior de lucha porque son incapaces de encontrar la verdadera fuente de la violencia. Incapaces de comprenderla, no sienten la necesidad de reprimirla o expresarla interpretando la inteligencia colectiva sino sus propios intereses y el círculo económico militar que los sostiene en la cúpula del poder.

La respuesta inmediata al combate de las FARC en el Cauca, cuya realidad aun está por concretarse, de bombardear campamentos de esa guerrilla sin mediar unos momentos de reflexión, son síntomas claros de la degeneración del conflicto que por ese camino no llegará a ningún lado.

¿Cuáles son las causas para que las FARC ataquen a un ejército que avanza imparable hacia sus posiciones de guerreros en tregua? ¿Quién envía a estos soldados a hostigar las bases guerrilleras? ¿Cuál es el propósito? Porque, la versión oficial de los hechos no coincide con las declaraciones de los habitantes del pueblo de la Esperanza, donde se registraron “los combates”, según los vecinos, y el ataque a inermes soldados como lo ha orquestado el gobierno.

Lo sensato habría sido esperar a una mínima confrontación de fuentes y según esos resultados, adoptar una forma superior de lucha contra el enemigo. Esa forma superior de lucha no es, en modo alguno, el bombardeo a un campamento de guerrilleros con el fin de matar a la mayor cantidad de hombres y mujeres en armas contra el régimen. En otras culturas, una vez realizado el hecho ya no nos pertenece. Por tanto, la réplica a un ataque verbal o militar, habría sido poner a disposición de la respuesta a la muerte de los soldados, ciertas cualidades que hacen de quien la toma un ser superior en los momentos de mayor peligro, en este caso, el proceso de paz. Esas cualidades no son otras que la plasticidad intelectual, la pasión, la nitidez natural y el sosiego. Esto nos habría ahorrado las 30 o 40 muertes más que no llegaran a ver el fin de la guerra.

Una expresión superior de lucha es corregir el camino andado hasta hoy: dialogar entre el fuego cruzado de los fusiles. Una expresión superior de lucha habría sido y aun puede ser, la declaratoria inmediata de un cese bilateral del fuego. Eso lo harían mentes superiores, gobernantes convencidos de que la paz es posible. Comandantes y generales que ya no se dejan chantajear por los Señores de la Guerra, por aquellos que encuentran en el conflicto la razón de su existencia, un cobijo para sus crímenes de Estado o el simple goce con el espectáculo de la muerte ajena.

Una vez tomado la decisión del diálogo, cada acto debió, y debe, convertirse en un acto de vida. No nos sigamos apoyando en el bastón de la desconfianza. Mandemos al carajo ese bordón y asumamos los riesgos que la paz se merece. Los hostigamientos contra los enemigos en tregua son patrañas de los idiotas útiles de los dueños de la guerra, de aquellos que han convertido la muerte en la empresa de su vida y quieren seguir administrándola por encima de toda expresión humana.

Asumamos el riesgo de la confianza: avancemos sin ases en la manga, sin secretos, sin representar a nadie ni a nada sino a la paz en sí misma que quieren los colombianos. Es más útil en estos momentos tapar los huecos políticos y militares por donde se desangra el poder del gobierno, y de cuya sangre se alimentan los enemigos de la paz, que elaborar arriesgadas tácticas de aniquilamiento total del enemigo.

¿Da furia que maten a los soldados del gobierno? SI. Produce cólera, sufrimiento, dolor. Lo mismo sucede cuando matan a los miembros del otro bando. Duele el medio centenar de muertos de la semana pasada. ¿No sería bueno utilizar esa rabia, esa cólera, ese sufrimiento y ese dolor, o cualquier otra emoción, para repensar los procedimientos actuales que nos arrastran a estas encrucijadas y tratar de llegar a la esencia misma del conflicto armado como la pobreza, la miseria, el analfabetismo, la marginalidad, es decir, penetrar en los verdaderos orígenes de la violencia y en consecuencia actuar. Ordenar inmediatamente un bombardeo es de cobardes. Esa es una forma primitiva de reacción, una bravuconada de mentes que no son capaces de mirar en profundidad lo que sus actos reflejos representan para la cotidianidad y la historia del país.

A veces uno se pregunta si esta actuación del gobierno no es una estrategia a largo plazo para aniquilar a los guerrilleros y doblegarlos fácilmente cuando salgan de la clandestinidad. La inteligencia militar trabaja intensamente para ubicar los campamentos en tregua. Las tropas de tierra hostigan a los campamentos rebeldes obligándolees a actuar y los bombarderos alzan el vuelo para matar a la mayor cantidad de hombres y mujeres en armas.

Lo sucedido en el Cauca debió tener una respuesta contundente, pero no violenta. Una vigorosa respuesta de vida. Dirigir esa energía vital de los ejércitos, que en sus orígenes no es paz ni es guerra, hacia un sosiego afortunado que le permita al enemigo regresar a casa si éste lo desea, no a cruzarse en su camino. Esa energía militar del Ejército Nacional volcada a quitar las piedras del sendero por donde los adversarios vuelven a ser parte de la sociedad colombiana, es una forma superior de lucha. Brindarle a los que vuelven las armas para que puedan solucionar los conflictos sin recurrir al griterío de los fusiles es otra forma superior de lucha.

Y eso es lo que esperamos los colombianos de los actores armados. En todo caso, quienes silencian primero los fusiles son los que más se acercan a la inteligencia colectiva que ansía un acuerdo histórico que nos de, por fin, la oportunidad de construir una paz con justicia social, una legitimidad lúcida, una patria vigorosa y una democracia adulta, es decir, la oportunidad de una vida digna. Y eso sólo lo logran las mentes superiores, no las mediocres, esas que actúan por simple reflejo o aspiran a mantener el ritmo de la guerra hasta que el enemigo deje de ser lo suficientemente fuerte para exterminarlo, como están acostumbrados.

Madrid, abril 19 de 2015
@arturopradolima

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