Argentina: mujeres originarias marchan por sus derechos

22 abril, 2015

Por Nadia Luna (especial para Nodal).

“No al paradigma de muerte, sí al paradigma de vida. Muchos de nuestros hermanos y hermanas son perseguidos por cuidar ese paradigma de respeto por la tierra, por la mapu, por la pacha. Por eso las mujeres decidimos esta marcha, porque tenemos que salir a defender la vida”. El 21 de abril de 2015 fue el día en que las mujeres de las 36 naciones originarias que coexisten en el territorio argentino alzaron la voz (“mujeres / unidas / jamás serán vencidas”). Que recuperaron un poquito de toda esa invisibilización a la que vienen siendo sometidas desde hace más de cinco siglos. Que denunciaron la doble discriminación que padecen por ser indígenas y por ser mujeres. Que gritaron que ese “territorio argentino” también es de ellas (“la tierra / robada / será recuperada”). Porque el 21 de abril de 2015 se hicieron presentes en la Primera Marcha de Mujeres Originarias por el Buen Vivir. Algunas, físicamente. Otras, de manera espiritual, enviando energías desde cada rincón del país (“de norte a sur / de este a oeste / daremos esta lucha / cueste lo que cueste”). Todas, acompañadas por cientos de personas que se hicieron eco de su lucha y caminaron junto a ellas hasta el Congreso de la Nación, para presentar un proyecto de ley que pide la creación de un Consejo de Mujeres Originarias por el Buen Vivir.

“Esta marcha no solo es histórica porque entramos por primera vez al Congreso de la Nación. Es histórica porque, a partir de hoy, los desafiamos a entrar en el corazón y en la mente de un país que nos negó. De un país eurocéntrico, que no se sentía parte de Indoamérica. Y un país que despierta esta mañana sobre sus callecitas afaltadas con la presencia, los colores, los sonidos y la voz de nosotras, la pacha, la mapu, los diferentes modos en que llamamos a la tierra”, dijo la impulsora de la marcha Moira Millán, desde el atril del salón de conferencias de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación “Delia Parodi”. La referente mapuche viaja desde hace dos años por todo el país convocando e interpelando a sus hermanas originarias a sumarse a esta marcha, que no fue de protesta, sino de propuesta, como se encargó de aclarar. “Nosotras venimos a proponer un nuevo país, construido desde la reciprocidad entre los pueblos y con la naturaleza. Este proyecto de ley que estamos entregando ha sido el resultado de la participación directa de las hermanas de las 36 naciones. El pueblo argentino conforma una nación y todavía no se ha puesto de acuerdo para poder legislar en función de la vida. Nosotras estamos aquí para decirles que el consenso por el Buen Vivir es posible y los invitamos a sumarse”, agregó, en medio de los gritos de felicidad de sus compañeras y compañeros que coparon el recinto, acompañados de whipalas, carteles y símbolos de los distintos pueblos originarios.

La convocatoria fue a las 13, frente al monumento a Julio Argentino Roca, situado a una cuadra de Plaza de Mayo. Desde allí, mujeres y hombres, chicos y grandes, partieron hacia el Congreso de la Nación. A pesar del tono de denuncia de la violación de sus derechos que tenía la marcha, los rostros reflejaban risas, cantos y ganas de luchar, de hacerse escuchar. No faltaron instrumentos musicales propios de los pueblos indígenas, como la caja kolla y el kultrún mapuche, que con su forma circular recuerdan la cosmovisión de los pueblos indígenas, donde la muerte genera vida, donde todo lo que termina trae consigo un nuevo comienzo. En el camino, la marcha se detuvo un momento en la avenida 9 de julio, para dar un abrazo simbólico al acampe que mantiene el pueblo qom de Formosa desde hace más de dos meses, a la espera de ser recibidos por la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. “Qom / escucha / tu lucha es nuestra lucha”. Amanda Asijak, la compañera de vida de Félix Díaz, el conocido referente de la comunidad qom Potae Napocna Navogoh, explicó luego, dentro del Congreso: “estamos pidiendo que nos devuelvan nuestra tierra. Estamos pidiendo a la presidenta que nos atienda para que podamos irnos a nuestra casa y llevar una respuesta concreta a nuestros hermanos que están esperando. Me siento orgullosa de poder estar acá. Hace muchos años que están pisando nuestros derechos, como mujeres, como madres. Ojala podamos seguir juntas en esta lucha porque la lucha no se vende, la vida no se vende. ¡Estamos vivas todavía, hermanas! ¡Jallala!”.

Un infaltable cuando de pueblos originarios se trata es el escritor e historiador Osvaldo Bayer. Ayer no fue la excepción y, en diálogo con Nodal, contó por qué apoya esta iniciativa: “porque tienen razón. Lo que quieren ellas es ser respetadas. Después de la historia tan trágica que han tenido con Argentina, de la esclavitud a la que han sido sometidos los pueblos originarios. Todo eso lo sufrieron estas mujeres, además del robo de sus tierras. Y que ahora salgan a la calle con alegría y sin ninguna violencia a pedir la restitución de esas cosas y vivir en paz me parece muy positivo”.

Cerca de las 16, la marcha llegó al Congreso que, por primera vez, se vistió con los colores de la whipala. El clima allí adentro era el mismo de la marcha: de denuncia histórica, pero también de algarabía por encontrarse, por saberse originarias, por hacer escuchar su voz en ese recinto que siempre debió hacerse eco de las palabras del pueblo, pero que nunca antes las había recibido. Varias mujeres originarias tomaron la palabra en representación de esas 36 naciones no escuchadas. Amalia Vargas, de la nación kolla, habló sobre el valor del territorio: “es parte de nuestro cuerpo, de nuestra cosmovisión, es nuestra Madre Tierra, donde están nuestros ancestros, las plantas medicinales, donde criamos los animales. Nos están sacando nuestros lugares sagrados. Tenemos que venir a las grandes urbes y la mayoría de nuestros hermanos terminan en las villas, donde pierden su identidad y son discriminados”. Anahí Paredes, también del pueblo kolla, recordó la importancia del agua al expresar que “los glaciares son el pecho de nuestra Pachamama”.

En tanto, Rosa Farías, de Andalgalá, Catamarca, trajo al recinto la lucha de su pueblo en contra de la megaminería. “Sentimos que todo el espectro político y judicial acuerda con las multinacionales para hacernos desaparecer. Usaron todas las armas, el amedrentamiento, las persecuciones laborales, las causas armadas, el ninguneo mediático, con el fin de acallarnos. Hemos observado que el modelo extractivista ha puesto en jaque a este país, es una sentencia a muerte lenta de nuestra cordillera. Las mineras son la muestra cabal de lo que significa la explotación del hombre por el hombre”, exclamó. Luego, Fabiana Méndez, de la comunidad mapuche de Bahía Blanca, denunció los distintos tipos de violencia que padecen: la violencia institucional, de género, de la desatención sanitaria, física y judicial.

Otros dos grandes referentes en la lucha por los derechos humanos que estuvieron presentes fueron Norita Cortiñas, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea fundadora, y Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nóbel de la Paz y titular del Servicio de Paz y justicia (Serpaj). Cuando Norita se paró en el atril, no pudo evitar regalar una sonrisa a todos los presentes, que se pararon para aplaudirla y corearle: “Madres de la Plaza, los pueblos las abrazan” (nótese el plural en pueblos). “¿Qué es el Buen Vivir? Que seamos todos iguales. Que no nos repriman. Que no nos roben las tierras. Que no nos roben el ideal de vivir libres. Las Madres apoyamos esta idea porque es lo que soñaron nuestros hijos y nuestras hijas”, expresó Norita, para luego interpelar a la presidenta de la Nación con esa dulzura brava que la caracteriza: “Cristina, si recibís a un jugador de fútbol, a un artista, ¿por qué no recibís a este pueblo nuestro?”. Por su parte, Pérez Esquivel le preguntó a los presentes: “ustedes conocen el monocultivo, ¿no? ¿Pero saben que hay un monocultivo más grave que la soja? Es el monocultivo de las mentes. Cuidado, que no los sometan al monocultivo de las mentes. Hay que ser rebeldes. Porque si no tenemos la rebeldía de cambiar las injusticias por justicia, nos van a dominar”.

Entre los legisladores presentes en la conferencia, que expresaron su apoyo a la lucha de las mujeres originarias y se comprometieron a debatir el proyecto de ley presentado, estuvieron los diputados nacionales Alcira Argumedo, de Proyecto Sur; Andrea García, del Frente Para la Victoria; Patricia Giménez, de la Unión Cívica Radical; y Claudio Lozano, de Unidad Popular. También, el diputado por la Ciudad de Buenos Aires, Pablo Bergel, quien pidió: “diferenciemos la Patria, que hoy deberíamos empezar a llamar Matria, del Estado construido sobre el genocidio de los pueblos indígenas. Esas instituciones no funcionan más, se caen a pedazos. Nuestras hermanas nos traen la energía de su femineidad y de la tierra. No solamente debemos escucharlas, las necesitamos”.

Esta vez, las mujeres originarias lograron que sus voces se escuchen. Pisaron el Congreso Nacional y dejaron sus huellas. Cerca de las 18, se fueron con las energías renovadas para continuar la lucha, mientras los últimos ecos de la marcha se apagaban. “¡Marici weu! ¡Jallalla! ¡Diez veces venceremos! Diez veces volveremos. Ese es el mensaje de Marici wev. Ese es el mensaje de jallala. Aquí estamos presentes, aún estamos vivas.”

Fuente: nodal.am

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