Desoñar, una nueva palabra para llenar de contenido

26 mayo, 2015

Arturo Prado Lima. Madrid – España

Desoñar es una palabra salida de un congreso de pensadores llevado a cabo hace años en el Lago de La Cocha, en Nariño, sur de Colombia, a donde acudió Eduardo Galeano y otros quijotes (hombres y mujeres), de todo el continente, a la expectativa de una revolución que no termina hoy en día de salir a la superficie. La razón? Pendientes de que esto no suceda, los dueños de establecimiento, con los tanques alineados, los bombarderos a punto, los fusiles apuntando, las cárceles preparadas, los juzgados a pleno rendimiento, observan cualquier brote verde para aplastarlo antes de que se propague y asuma su propio destino. Le pregunté a Eduardo Galeano sobre la palabra aún envuelta en esa tela maternal de los recién nacidos que todos los participantes saboreaban en sus labios. Desoñar, me respondió el escritor uruguayo, es hacer realidad los sueños, es desandar lo imaginado.

Así que, para desoñar hay una condición indispensable: haber soñado. Le inquirí a Eduardo Galeano qué papel jugaban los sueños en la construcción de la realidad y me dijo que “los sueños son el agua que remoja la realidad evitando que se cuarte con el transcurrir del tiempo”. Hoy, la palabra es más necesaria que nunca. La realidad de la guerra en Colombia, tantas veces soñada por millones y millones de seres humanos, es el tapón a los sueños de las nuevas generaciones que nacen y aspiran a construir su propio futuro sin que las viejas instituciones les impongan sus dogmas, sus mitos, sus prejuicios, sus rencores, todo ese combustible que ha hecho posible mantener una guerra fratricida por más de medio siglo.

La palabra no ha sido incorporada a la Real Academia de la Lengua, colombiana o española. Tampoco ha sido muy utilizada en el lenguaje común o literario del sur, si me equivoco me corrigen, pero dotar de contenido a esta hermosa palabra tendría un efecto revelador en la mente de las nuevas generaciones. Desoñar, ni más ni menos, es un antónimo de soñar, es ir en contravía una vez llegado a la cúspide del sueño, y en esto se diferencia mucho de la utopía, aquella que nos lleva un paso adelante y que cuando llegamos a él se nos marcha otro hacia delante, hasta el infinito, eso que nos convierte en eternos perseguidores y perseguidos.

Desoñar también nos permite evitar que los sueños se conviertan en un alucinógeno que nos impida poner los pies en la tierra y aprehender los posibles caminos de nuestras vidas, los límites, las fronteras, los vacíos, las sombras del momento, y de paso, impedir que conozcamos los elementos con los que se puede y debe construir un nuevo contexto que posibilite la transformación de cotidianidad actual.

Julián Sabogal Tamayo, otro gran pensador presente en La Cocha, solía hablar con cariño sobre esta novedosa palabra, abalada también por el Premio Novel Alternativo de Economía Manfred Max Neef, también presente en aquel encuentro de soñadores dispuestos a desoñarse y propiciar, con el alumbramiento de la nueva palabra, otras posibilidades de movimientos culturales, sociales y económicos que pongan la semilla de un nuevo orden mundial, donde la realidad sea la esencia de las políticas de vida y cese definitivamente la manipulación de la realidad para mantener el actual sistema de opresión a escala mundial.

Las nuevas generaciones deben abrirse paso. Es cierto que desmontar las viejas estructuras conlleva tiempo y conocimiento de las mismas. Si procedemos a dinamitarlas, es posible que esas estructuras apuntaladas por viejos dogmas y creencias nos atrapen a nosotros mismos. Entonces hay que ser creativos. Inventar nuevas palabras sería una de ellas, tal esta iniciativa del sur de Colombia que corre el riesgo de ser sepultada si no retomamos la iniciativa y la proponemos a escala nacional y mundial.

Hoy en España asistimos a un cambio generacional. Aquí también, como en Colombia, las nuevas generaciones se enfrentan a viejos partidos y obsoletos lenguajes cuyas palabras como democracia, igualdad, legitimidad, libertad, sufren de contenido pero que utilizan como bandera para mantener el status quo al precio que sea necesario.

Desoñar es, una vez llegado al fondo de esta sociedad putrefacta, tener la capacidad de reconocer el contenido de la misma y emprender el camino de regreso hacia lo esencial para volver a emprender el camino que se nos ha negado siempre. Los colombianos que tanto hemos soñado con la paz, tenemos la oportunidad de ocuparnos del contenido de esta palabra una vez hayamos logrado la pacificación del país. Eso es desoñar. Eso es el espíritu de las nuevas generaciones, esas que los regímenes de siempre quieren impedir el paso, incluso asesinándolas como sucedió más recientemente en el Cono Sur y como está sucediendo ahora en Colombia.

@arturopradolima

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