La gran erección del macho alfa

23 junio, 2015

Por Roberto Aguilar.

Todo es culpa del alcohol. Desde hace dos semanas el espíritu de Baco se ha apoderado de los quiteños (y hay que suponer que de un buen número de ecuatorianos) de forma escandalosa y por demás inexplicable. Hordas tabernarias recorren la ciudad en horas de la noche sembrando el caos y el desconcierto. Dos mil, tres mil borrachos desenfrenados reparten golpes y palos a diestra y siniestra con el afán inocultable de desestabilizar la democracia. ¿Por qué? Ni ellos lo saben. Puro odio. Puro resentimiento. Puras ganas de joder. Así describe la Secom las protestas de los últimos días en Quito. Tal cual. Lo hace en un video de tres minutos de duración que se transmitió en cadena nacional la semana pasada. Hay que verlo. “Sin que importe mucho el motivo –empieza diciendo la ominosa voz de Douglas Argüello, quien se acaba de embolsar 48 mil dólares por incordiarnos– un grupo de ciudadanos se reúne para libar y entonces la manifestación se convierte en una reunión social de amigos. Un pretexto más para emborracharse”. Así, según la Secom, empieza todo. Un gran chupe: a eso se reduce el descontento social en el Ecuador.

Por supuesto el país entero sabe que es mentira. Una mentira tan burda que no hace falta ni desmontarla. La protesta, cuestión de borrachos: hay que sentir mucho desprecio por los ciudadanos para caer tan bajo. Por eso hace falta ver este video: para entender de dónde proviene, en los hechos, la conspiración contra la democracia de la que tanto se habla. Porque una propaganda así ya ni siquiera trata de engañarnos (para eso hay que ser más sutil). Una propaganda así ya ni siquiera disimula (para eso hay que ser más verosímil). Una propaganda así es una simple demostración de fuerza. Con ella el gobierno está diciendo: nosotros hacemos y decimos lo que nos da la gana, tendremos siempre la última palabra y la impondremos de cualquier manera. Una propaganda así debiera acabar de una vez por todas con el viejo mito que atribuye a los comunicólogos del correísmo una genialidad casi divina. ¿Acaso es esto genial?

Parece más bien una cuestión de bobos que llevan un zapato en la cabeza. Recordemos al rey desnudo de la fábula: una vez descubierto y señalado por la población, no tuvo más remedio que reconocer su error y cubrirse pudorosamente, rojo de vergüenza. Es lo más sensato que podía hacer. ¿Qué hace Rafael Correa en su lugar? Para empezar, es incapaz de reconocer una sombra de razón en las multitudes que perciben su desnudez y la señalan. En consecuencia, no se cubre. Más aún: no sólo que Correa permanece desnudo y desafiante sino que, para reafirmar su punto, se siente obligado a llevar su desnudez a otro nivel. Y para eso, nada mejor que una erección en toda regla. ¿Qué puede ser más conveniente para el macho alfa de la manada? ¡Una erección! En eso consiste ahora la propaganda correísta. ¿Dónde está la genialidad de todo esto?

Los discursos políticos dicen: bienvenidos todos al “gran debate nacional”. La propaganda, en cambio, dice: sí, el rey está desnudo y qué carajos. No sólo está desnudo sino que viene armado y nos va a violar a todos. En eso consiste el “gran debate nacional”: en una violación masiva. El secretario de Planificación del correísmo, Pabel Muñoz, asegura a quien quiera creerle que el llamado a debatir es una “invitación generosa, abierta, democrática, amplia”. ¿Ya se fijó en la propaganda? ¿Ha visto los videos que la Secom difunde cada noche (porque el que aquí se comenta no es el único)? ¿Le parecen generosos, abiertos, democráticos, amplios? Y los periodistas correístas que andan tratando de rescatar el sentido de la gran batalla ideológica de su proyecto político, ¿vieron la propaganda? ¿Les parece lo suficientemente ideológica esa tergiversación de los hechos, esa manipulación, esa mentira desfachatada que supera en vileza a los peores momentos del noticiero de TC Televisión durante la crisis bancaria? Y los semiólogos de intendencia que pontifican sobre la información y el periodismo en las redes sociales, que lamentan la banalización que sufre la política en los periódicos y en los noticieros, ¿la vieron? ¿No van a decir nada? ¿Es ese el tipo de contenidos que quieren imponer en todos los medios? Porque la Secom no sólo comete la canallada de acusar a los manifestantes de borrachos sino que protesta porque los noticieros de Ecuavisa y Teleamazonas no lo hacen, “cayendo –dice la bien remunerada voz de Douglas Argüello– en una clara actuación conspirativa”. ¿Dejará de ser banal el tratamiento de la política el día en que todos los medios mientan por orden del Estado, como ya ha empezado a suceder? ¿Tendremos ese día el buen periodismo por el que los semiólogos de intendencia se desviven?

Los periódicos y canales de televisión del grupo Correa, el mayor oligopolio mediático de nuestros tiempos, ya han empezado a trabajar en esa dirección. ¿De dónde salió ese video en que se ve a un grupo de ciudadanos venezolanos arengando a los usuarios de un bus en Quito para salir a la calle a protestar contra el gobierno? Todos los medios correístas lo reprodujeron pero ninguno se preocupó por establecer su origen. Ninguno hizo los deberes. Ninguno se planteó preguntas. Y las preguntas que saltan a la vista son fundamentales. Vamos a ver: ¿nos quieren decir que este gobierno, con todo y su bien aceitado aparato de inteligencia, capaz de identificar y apresar en cuestión de minutos al ciudadano que, en medio de una multitud, lanzó un yucazo o lo que fuera, no ha sido capaz de detener a esos conspiradores extranjeros que, según ellos, atentan contra la democracia, calientan las calles y preparan el golpe blando? ¡Pero si la cámara que los filmó está a medio metro de sus rostros! ¿No saben quiénes son? ¿En serio? ¿No los han detenido? ¿Por qué? Todo es tan poco verosímil que resulta deleznable. El aparato de propaganda que nos miente descaradamente sobre la naturaleza de las manifestaciones ¿no es capaz de producir, con la misma jeta, un montaje para justificar su teoría del golpe blando? Claro que sí: el aparato de propaganda del correísmo es capaz de cualquier cosa. ¿Se hicieron estas preguntas en El Telégrafo y en Ecuador TV? ¿O sabían de antemano las respuestas?

Mientras los tecnócratas de la Secretaría de Planificación llaman al diálogo, los hacedores de propaganda ponen al descubierto las verdaderas intenciones del gobierno. Con ellas, ni el diálogo puede ser amplio ni el debate puede ser democrático ni los argumentos pueden ser ideológicos ni nada. La propaganda marca los límites de la política y la vuelve impracticable. A tal extremo que la propaganda en sí se convierte en la única política. El resto es simulacro. Esto, claro, no lo sabemos de ahora: llevamos ocho años aprendiéndolo. La diferencia es que ahora el rey está, por fin, desnudo. O sea que mientras más cochambrosa es la propaganda (y la cochambre del señor con el zapato en la cabeza no conoce más límites que los de su sensibilidad e inteligencia, es decir, ninguno) más razones para protestar tienen los que protestan. Y mientras más protesten los que protestan, más razones tendrá el gobierno para justificar su teoría de la conspiración y el golpe blando. Vaya novedad histórica: es la primera vez que un gobierno ecuatoriano se halla empeñado de manera tan sistemática y científica en provocarnos. ¿Estará seguro de lo que hace?

Fuente:   estadodepropaganda.com

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